sábado, 1 de octubre de 2005

Sí a la Vida III

Culminando esta serie de artículos acerca del aborto, podríamos preguntarnos: ¿por qué una mujer tiene que llevar dentro, en contra su voluntad, un niño que será una carga para ella por el resto de su vida? Si bien uno tiene que atender casos particulares y complejos, podemos repreguntar: ¿y qué culpa tiene el hijo?. Esta repregunta puede parecer descorazonada cuando se mira sólo desde el punto de vista de la madre. Sin embargo, cuando se mira desde el punto de vista del niño no nacido, es correcta y justa. Él no es responsable de su existencia la cual es siempre un beneficio para el niño. De última, que lo den en adopción.
Los defensores del aborto eugenésico dicen pensar en la felicidad del niño no nacido. Incluso se llega a hablar del derecho a no nacer. Primero conviene desmantelar ciertas ideología de fondo. Se propone un cierto criterio de lo que es persona o no, de acuerdo a lo que los que tienen el poder dicen. Es decir, habría ciertos seres vivientes que no darían con el target humano. Deberían tener en cuenta que muchos de los llamados discapacitados llevan una vida alegre y creativa, dan alegría a otros y conducen a otros miembros de su familia a crear lazos de amor y unidad. Eliminarlos sería una especie de nazismo pre-natal: purificación de la raza. ¿Quién es uno para decidir sobre la vida o muerte de otra persona?.
En el tema de la violación lo principal pasa por ver que el no nacido no tiene la culpa de que su padre biológico sea un violador (es más, ni siquiera lo puede saber). Primero hay que tener en cuenta que desde lo psicológico el aborto no quita el trauma de la violación (incluso puede agregar otro). Pero además hay una vida totalmente indefensa que no tiene porqué morir. Obviamente que todos estos son casos muy difíciles y que deberían ser acompañados pastoral y profesionalmente. Jamás le diría asesina a una madre que aborta a su hijo fruto de una violación. Pero entender, comprender y ayudar no quiere decir justificar ni tampoco nos exime de hacer lo posible por evitarlo.
Frente al mal llamado aborto terapéutico también habría que decir algunas cosas. Primero que un aborto nunca es terapéutico, porque lo terapéutico es lo que cura y el aborto no cura nada, es más, mata. Además con los avances de la medicina quedan pocos casos reales donde pueda utilizarse este argumento. Sólo podría justificarse cuando se aplica la ley del doble efecto, tema que sería extenso de explicar bien en estas breves líneas.
Se hace necesario y urgente un debate maduro, serio, profundo y respetuoso. Es imperioso tener en cuenta todas las dimensiones de la persona: lo biológico, lo psicológico y lo filosófico. Tampoco hay que olvidar lo político-legal, y desde mi punto de vista agregaría lo religioso (con distintas posturas). Debemos dialogar con argumentos, fundamentos y sin falacias No hay que imponer sino poder buscar consensos que nos acerquen al bien común. Creo que desde una apertura sincera esto es posible. Lo que veo difícil es la apertura sincera.

jueves, 1 de septiembre de 2005

Sí a la Vida II

En el artículo anterior demostramos escuetamente el comienzo de la vida humana desde la concepción. Ahora intentaremos desnudar las fallas argumentativas de los que están a favor del aborto para poder abrir un debate serio y maduro en busca de la verdad y el bien común.
Hoy pareciera que para aparentar ser progre hubiese que criticar a la Iglesia Católica. Y si bien en varias críticas tienen razón (y en varias otras no), el cuestionar a la Institución es evitar la discusión central. Si el argumento es válido no me importa quién lo dice. ¿En qué cambia que la ley de gravedad la haya descubierto Newton, Hitler, Hebe de Bonafini o la Madre Teresa?. Evitemos agredir a la Iglesia como símbolo del antiabortismo para instalar el pro-aborto. Seamos maduros en el debate. Más allá de que la Iglesia haya apoyado la dictadura o no, o que “meta los rosarios en los ovarios” o no, el tema del aborto pasa por otro lado. Esto es lo que se conoce como falacia de argumentum ad hominem. Se ataca al sujeto de la afirmación y no se discute la afirmación en sí. Igualmente sabemos que matar seres humanos no es precisamente defender sus derechos.
Una frase que se escucha a diario: “Legalizar el aborto para salvar vidas”. Si hay vida humana desde la concepción, legalizar el aborto sería matar vidas. Además, ¿por qué en vez de legalizar no buscamos evitar que se realicen? Si algo es malo moralmente no podemos legalizarlo, avalarlo, porque se da de hecho en la realidad. Tendríamos que instrumentar los medios para controlar que no existan abortos y, a la vez, evitar las causas que llevan al aborto.
Otro de los argumentos que leo: “abortar para que haya niños felices, para que no sean indeseados”. Primero que no podemos decidir en el momento de abortar qué vamos a sentir después. Además, sería decir: “lo asesino para que sea feliz”.
“Riesgo psíquico para la mujer”. Si el embarazo trae complicaciones, el aborto aún más. Está científicamente comprobado que el síndrome post-aborto deja traumas psicológicos e incluso psiquiátricos en la madre que lo realiza.
Algunos dicen: “no siente nada, no le duele, no sufre”. Si ese es el argumento, cualquier bebé, niño, adolescente, joven, adulto o anciano con anestesia total podría ser asesinado sin ningún inconveniente.
Para los que afirman que “la mujer puede decidir sobre su propio cuerpo”, lo principal sería entender que los supuestos derechos sobre el propio cuerpo de una persona no se extienden al cuerpo de otra persona. En el caso del embarazo, los derechos de la madre sobre su propio cuerpo no se extienden a los del niño no nacido. El hijo, fruto de la concepción, es un ser distinto a la madre. Tiene una carga genética única y distinta a la de ella desde el mismo momento de la concepción.
En cuanto al argumento económico no hace falta decir mucho. Suele decirse que se busca legalizar el aborto a favor de los más pobres. No me la creo. Primero que muchas veces los que menos tienen son los que más valoran la vida. Ellos viven un hijo como una bendición de Dios y no como una molestia. Además, si faltasen las condiciones indispensables para subsistir esto no da derecho a un aborto, y la responsabilidad de mejorar esas condiciones recaería sobre el Estado. Algunos dicen, irónicamente, “si no tenés plata para mantenerlo matá al más grande que gasta más”. Lo económico no puede ser nunca un argumento para matar una persona (y menos un hijo). Exijamos, antes que la legalización del aborto, la distribución equitativa de la riqueza, la igualdad de oportunidades, una vida digna para todos, y luchemos por ello.
En el próximo artículo seguiremos analizando casos más complejos como los embarazos producto de una violación y los llamados aborto eugenésico y terapéutico.

lunes, 1 de agosto de 2005

Sí a la Vida I

Un tema candente en la actualidad es la defensa de la vida humana desde su concepción. Se está instalando en este mundo globalizado una cultura de la muerte que, entre otras cosas, promueve la legalización del aborto provocado. Y no queda en un problema meramente político-legal sino que incumbe a las áreas médico-biológica, psicológica, filosófico-moral y pastoral-religiosa. Tampoco podemos olvidar lo económico, ya que tendríamos que ser muy ingenuos para ignorar el gran negocio que se esconde tras el aborto, así como los intereses políticos de las grandes potencias mundiales.
Ahora bien, sea cual fuere el área desde donde analicemos el tema, el quid de la cuestión es desde cuándo hay vida humana y, en segunda instancia, si es lícito o no eliminarla tanto desde el punto de vista legal como moral.
Vamos a remitirnos aquí a argumentos científicos, sin necesidad de entrar en disquisiciones sociológicas, filosóficas o religiosas que pueden generar más divisiones. La biogenética actual demuestra claramente que desde el momento mismo de la concepción (cuando el espermatozoide fecunda al óvulo) existe un nuevo ser humano distinto de sus padres. Ese huevo o cigoto contiene toda la información genética que nos acompañará durante toda nuestra vida; sólo se agregará oxígeno, alimentación y nuestras decisiones más o menos libres. Hoy somos quienes somos porque en algún momento fuimos esa primera célula humana. Si la hubiesen eliminado en ese instante, o en cualquier otro momento subsiguiente, hoy no estaríamos aquí. Los partidarios del aborto son siempre aquellos que tuvieron la oportunidad de nacer.
Que toda célula es un ser vivo está fuera de discusión. Pero ¿cómo saber que esa célula es ya un ser humano?. Si la observamos en un laboratorio vamos a detectar 23 pares de cromosomas. En ese caso las posibilidades se restringen a dos: o es humano o es una papa. Como la complejidad celular va a demostrar que no pertenece al reino vegetal, no queda duda alguna que es un ser vivo y humano. Además contamos con una pista fundamental: sus progenitores son seres humanos, e indefectiblemente sólo puede ser humano lo derivado de gametos y cromosomas humanos.
Vale aclarar que no hablamos de un ser humano en potencia sino de un ser humano con potencialidades. Cigoto, embrión, feto, bebé, niño, adolescente, joven, adulto y anciano son etapas evolutivas del mismo y único ser humano. ¿Quién estaría a favor de asesinar a un bebé indefenso?. ¿Y a un anciano?. Tampoco lo justificaríamos con un niño, y ni siquiera con adolescentes, jóvenes o adultos. ¿Por qué permitir entonces que se los mate en otra etapa de su vida?.
Hay que tener en cuenta que es un tema tan claro (defender siempre la vida desde su comienzo en la concepción) como complejo (la multicausalidad, las personas involucradas, la conciencia moral, la libertad, etc.) La propuesta es educar en la cultura de la vida con argumentos claros, convincentes, serios y verdaderos. Si esto se hace, y bien, estaremos ganando la batalla a favor de la cultura de la vida. Sucede que decimos No al aborto, porque antes dijimos un SÍ enorme a la vida.

martes, 1 de marzo de 2005

La Ostra Marina y Cromagnon



Esta es la historia de una ostra llamada Marina. Era un bicho de profundidad y como todas las de su raza había buscado la roca del fondo para agarrarse firmemente a ella. Una vez que lo consiguió, creyó haber dado con el destino claro que le permitiría vivir sin contratiempos su ser de ostra.
Ella simplemente había deseado ser feliz. Pero un día a Marina se le metió un granito de arena. Fue durante una tormenta de profundidad. De esas que casi no provocan oleaje de superficie, pero que remueven el fondo de los océanos. Cuando el granito de arena entró en su existencia, Marina se cerró violentamente.
Así lo hacia siempre que algo entraba en su vida. Porque es la manera de alimentarse que tienen las ostras. Todo lo que entra en su vida es atrapado, es integrado y asimilado. Si esto no es posible, se expulsa hacia el exterior el objeto extraño. Pero con el granito de arena, la Ostra Marina no pudo hacer lo de siempre. Bien pronto constató que aquello era sumamente doloroso. La hería por dentro. Lejos de desintegrarse, mas bien la lastimaba a ella.
Quiso entonces expulsar ese cuerpo extraño. Pero no pudo. Ahí comenzó el drama de Marina. Ese granito de arena pertenecía a aquellas realidades que no se dejan integrar, y que tampoco se pueden suprimir. El granito de arena era indigerible e inexpulsable. Y cuando trató de olvidarlo, tampoco pudo. Porque hay realidades tan dolorosas que son imposibles olvidar o de ignorar. Frente a esta situación se hubiera pensado que a Marina no le quedaba más que un camino: luchar contra su dolor, rodeándolo con el pus de su amargura, generando un tumor que terminaría por explotarle envenenando su vida y la de todos la que la rodeaban.
Pero en su vida había una hermosa cualidad. Era capaz de producir sustancias sólidas. Normalmente las ostras dedican esta cualidad a su tarea de fabricarse un caparazón defensivo. Pero también pueden dedicarlo a la construcción de una perla.
Y eso fue lo que realizó Marina. Poco a poco, y con lo mejor de sí misma, fue rodeando el granito de arena del dolor, y a su alrededor comenzó a nuclear una hermosa perla.
Me han comentado que normalmente las ostras no tienen perlas. Que éstas son producidas sólo por aquellas que se deciden a rodear, con lo mejor de sí mismas, el dolor de un cuerpo extraño que las ha lastimado.
Muchos años después de la muerte de Marina, unos buzos bajaron hasta el fondo del mar. Cuando la sacaron a la superficie se encontró en ella una hermosa perla que al verla brillar con todos los colores del cielo y del mar, nadie preguntó si Marina había sido feliz.
Simplemente supieron que había sido valiosa.

por Mamerto Menapace

            Hasta acá el cuento, ahora una muy breve reflexión.
            Hay cosas que duelen mucho, muchísimo, y es imposible olvidarlas. Uno no puede sacarse ese dolor de encima. Y no le encuentra explicación. Y frente a esas situaciones que nos lastiman tanto, no hay palabras. ¿Qué decirle a gente que fue a una fiesta y se encontró con una tragedia?. ¿Qué palabras pueden consolar a aquel que perdió un amigo o un familiar?.
            Marina no pudo ni digerir, ni expulsar, ni olvidar el granito de arena. Nosotros no podemos digerir, evitar, ni olvidar Cromagnón. Y al decir Cromagnón nombramos a tantas personas que, como Lucas, ya no están. Y también a los que quedamos pero ya no somos los mismos.
            Es verdad, la vida sigue. Pero la vida sigue a pesar de Cromagnón. Hay un antes y un después. Y sentimos dolor, tenemos bronca; queremos insultar y a la vez nos largamos a llorar. Sabemos que el dolor no se va a ir nunca. Hay situaciones y personas que no se olvidan. Siempre van a estar presentes como ese granito de arena. De ahora en más queda en nosotros qué hacer con eso...

sábado, 1 de enero de 2005

Cromañón y el Misterio del Dolor

La noticia nos golpeó a todos. Apenas si salíamos a flote del maremoto asiático que ya nos estábamos asfixiando en Once. Este fin de año nos dejó malheridos, con suerte, si no es que muertos. La tragedia del maremoto nos impactó, pero 150.000 asiáticos no igualan a un amigo, un hermano, un hijo. Como escribió recientemente S. Kovadloff: “Los muertos no se suman ni se restan. Los muertos son siempre incalculables. Sólo el dolor y la desesperación y el amoroso recuerdo pueden ponderarlos”.
T. Adorno decía que ya no se podía escribir después de Auschwitz... ¿cómo hacerlo después de República de Cromagnon?. ¿Qué escribir?. ¿A quién?. ¿Para qué?. Ante tanto dolor muchas veces debemos callar. Pero otras no. Mucho se dijo y se escribió sobre esta tragedia. Escuchamos y leímos a muchos periodistas, por lo que ya es hora de sentarse a pensar en serio.
Horrorizado escuché algunos comentarios que decían “y bueno, algunos drogadictos menos”. Increíble. Otro decían “¿por qué a X si él no se drogaba, no andaba en la joda, era buenito?” dando a entender, al mejor estilo Blumberg, que los demás se lo merecían o al menos no importaban tanto. Dejando de lado estas posturas indignantes comencemos nuestra reflexión.
Mi pregunta inicial es ¿qué decirle a las víctimas y sus seres queridos (que también son víctimas)?. Nada puede hacerles evitar el dolor. Hay que escucharlos pero no por ser noticia sino para poder ayudarlos. No entienden cómo pasó lo que pasó. No comprenden porqué a ellos, a sus amigos, a sus familiares. Ni siquiera la condena a los culpables (empresarios y gobierno) apagará su sufrimiento.
Muchos se preguntan el porqué pero sin esperar respuesta. Aquí el silencio es el mejor consejero. Pero hay otros que esperan algo más, esperan justicia. Pero tampoco termina ahí. Necesitan una palabra de esperanza. Necesitan una Palabra.
Me causa rechazo hablar de Dios en estas ocasiones. Pienso que en medio del dolor la gente no quiere escuchar las repetidas frases de “ahora está en el cielo” o “Dios se lo llevó para que no sufra”. ¿Qué sabemos nosotros?. ¿Lo decimos solamente para dejarlos tranquilos o porque creemos eso?. Hay que tener mucho cuidado en qué decimos, cuándo lo decimos, cómo lo decimos y a quién se lo decimos.
Estas situaciones límite, dice K. Jaspers, son disparadores filosóficos y cifras de la Trascendencia. Nos llevan a pensar y a pensar en Dios. Conozco a varias personas que estuvieron en ese recital, una de las cuales ya no está más. Recuerdo a Lucas, pienso en Vero, en Matías... y duele. Duele mucho. Pienso en ellos y no logro comprender. ¿Dónde estaba Dios en ese momento?. ¿Cuál era/es su Voluntad?.
Cierto día, en clase con 2º año, estábamos charlando sobre las imágenes de Dios. Dejar a Dios ser Dios, la Providencia, la libertad humana, el Amor, el mal en el mundo... y una alumna comentó: “No vale. Si es bueno es porque Dios lo creó así y lo quiere así. Si es malo es por culpa del hombre. Así cualquiera...”.
¿Por qué sucedió esta tragedia?. Por culpa del hombre. No hay duda. Empresarios inescrupulosos que, por ganar dinero, no cumplen con las medidas de seguridad. Funcionarios que, por coima o inoperancia, no realizan los controles debidos. Jóvenes que, por imprudencia y sin quererlo, terminan incendiando un boliche. Mientras tanto, ¿Dios quiso que esto sucediera?. Revisemos respuestas.
“Su alma era agradable al Señor, por eso, Él se apresuró a sacarlo de en medio de la maldad” (Sab 4, 14). Es una respuesta posible pero me deja varios interrogantes. ¿Por qué a este sí y a aquel otro no?. ¿Por qué ahora y no antes o después?. ¿Por qué de esta manera y no de otra?. Dejemos planteadas las preguntas y sigamos ensayando respuestas.
“Dios no quiere el mal pero lo permite porque respeta la libertad del hombre”. Respuesta de catecismo y demasiado lógica para ser verdad. Aquí se busca salvar la Bondad de Dios y su Omnipotencia. Doy por supuesto que Dios ama profundamente a los hombres y quiere lo mejor para ellos. Entonces, ¿por qué permite estas tragedias?. Para mí, permitir es ser cómplice. Permitir algo que puedo evitar es, en cierta forma, favorecer que suceda. ¿Dios es cómplice de esta tragedia?. No lo creo. Entonces, ¿no es todopoderoso?. Prefiero un Dios que no pueda todo a un Dios cómplice del mal. Me quedo en la incertidumbre.
¿Qué decir de aquellos que dicen haber sido salvados por un milagro?. Responder que fue un bombero o alguna otra persona no impide creer que hayan sido instrumentos de Dios. Nada impide que la Providencia de Dios se encuentre detrás de estos hechos. Aunque se nos presenta una dificultad al ver que algunos sí murieron o están graves. ¿Por qué a unos sí y a otros no?. ¿Por qué es cómplice del mal por un lado y luego interviene milagrosamente para salvar a otros?.
Aquí (y desde el comienzo del escrito) se hace necesario aclarar que estamos frente al Misterio. G. Marcel distingue problema de misterio. en el misterio se está, mientras que con el problema uno se encuentra; el misterio no se suprime, mientras que un problema es resoluble por definición. Basta con conocer los datos que lo plantean, el problema tiene solución; y una vez resuelto, ya no existe. En el misterio cabe ahondar, pero no eliminarlo. Un problema se puede resolver con la sola luz natural de la razón, un misterio no. Como decía un profesor mío, estamos frente al misterio espiando por la cerradura. No hay respuestas preestablecidas. Cada caso es cada caso, y cada persona es cada persona. Hay un Sueño de Dios para cada uno que sólo Él conoce y nosotros intentamos ir viviendo. Dios es Amor y dispone todas las cosas para nuestro bien. ¿Cómo?. No sabemos. Si fuese evidente no necesitaríamos la fe. Por eso...
Creo en un Jesús Señor de la Historia que metió la historia de los hombres en la Trinidad, haciéndola Historia de Salvación. No entiendo, pero creo. Cuestiono, me quejo y llego a insultar, pero creo. Me indigno y exijo, pero creo. No me gusta decir que Dios saca bien del mal, pero creo en Él. Mientras, libremente y con Su Gracia, intentaré que nuestra historia se asemeje a la Historia.

Jesús, Señor de la Historia,
vos que sos la Palabra,
hablale al oído de las víctimas para que se sientan amados
vos que sos la Luz,
iluminá el corazón de las víctimas para que no desesperen
vos que sos la Vida,
dales valor y fortaleza a las víctimas para que no desfallezcan
Amén.

Y para terminar, un cuentito:

Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y le preguntaba qué estaba haciendo. Ella me respondía que estaba bordando. Yo observaba el trabajo de mi mamá desde una posición más baja que donde estaba sentada ella, así que siempre me quejaba diciéndole que desde mi punto de vista lo que estaba haciendo me parecía muy confuso.
Ella me sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: "Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde mi posición". Me preguntaba por qué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y por qué me parecían tan desordenados desde donde yo estaba.
Unos minutos más tarde escuchaba la voz de mi mamá diciéndome: "Hijo, ven y siéntate en mi regazo". Yo lo hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo se veía tan confuso. Entonces mi mamá me decía: "Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba. Había un diseño, sólo lo estaba siguiendo. Ahora míralo desde mi posición y sabrás lo que estaba haciendo".
Muchas veces a lo largo de los años he mirado al Cielo y he dicho: "Padre, ¿qué estás haciendo?". El responde: "Estoy bordando tu vida". Entonces yo le replico: "Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen tan oscuros, ¿porqué no son más brillantes?". El Padre parece decirme: "Mi niño, ocúpate de tu trabajo, yo estoy haciendo el mío y un día te traeré al cielo y te pondré sobre mi regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces entenderás...".