viernes, 30 de diciembre de 2011

Un Brindis por Samoa, etc.

En mi primera mañana de vacaciones pude disfrutar del desayuno con lectura de diarios incluida, algo que me gusta hacer pero el frenético ritmo de nuestra Ciudad, con sus rutinas escolares y laborales, no me permite realizar muy seguido. Mi lectura de diarios se da a lo largo del día, en versión digital, y pispeando cuatro o cinco diferentes a la vez.
Suelo desayunar mate, pero hoy estaba tomando un café con leche, ingiriendo una medialuna, en familia, y mientras pasaba las hojas en papel de “El Gran Daño Argentino”, una noticia me llamó la atención: “Samoa saltea un día y estrenará el 2012”. Ese simple recuadro en la parte inferior de la página disparó una serie de reflexiones de las que viene a dar cuenta, en parte, este simple escrito.
Lo primero que me pasó fue recordar el magistral cuento de Leo Masliah, llamado “Santa Bernardina del Monte”. Siempre me gustó ese relato de aquellos habitantes que, obedientes a la autoridad, vivieron retrasando la hora tres días consecutivos, en unos aparentes eternos sesenta minutos. Pero dejaré esta reflexión para el final, luego de puntear las otras irrupciones impertinentes.
Samoa, aplicando aquella frase evangélica que reza “los últimos serán los primeros”, pasó de ser el último país en ingresar al 2012, a ser el primero. Pero, se preguntaría un niño (o una niña), ¿el año no cambia al mismo tiempo para todos?. ¿Por qué algunos llegan antes y otros después?. ¿Quién lo decide?. ¿Por qué?. ¿En base a qué criterio?. Y otras inquisiciones molestas que nadie se pone a pensar muy seriamente, especialmente cuando los canales de noticias nos van pasando los fuegos artificiales en cada país, en vivo, al ser las cero horas, en horarios distintos (para nosotros).
El artículo dice que “Samoa había establecido su huso horario por intereses comerciales con EE.UU. y Europa. Pero aquel criterio ya no le sirve”. Lo raro, o no, es que el nuevo cambio también se debe a intereses comerciales, pero ahora con socios de la región. Siempre manda el Mercado. “Es la economía, estúpido” diría algún ex mandatario mamado (no borracho). Pero si antes falló, ¿qué garantiza que ahora se esté en lo correcto?.
Es interesante, como casi siempre, cotejar titulares en distintos medios, nacionales e internacionales. En general, al referirse a este hecho, suelen utilizar los siguientes verbos: ‎adelantar, saltear, cambiar, retirar, borrar, eliminar, sacrificar, robar, haciendo referencia al día del calendario. Algunos se pusieron más metafísicos y afirmaron: “En Samoa el día de hoy no existe: Suprimieron el 30 de diciembre” o “El 30 de diciembre no existió en Samoa”. También hubo adeptos a la ciencia ficción que hicieron referencia a “viajar en el tiempo”, aunque es lo que suelen hacer aquellos viajantes que atraviesan el planeta en avión. Por último, no podemos dejar de nombrar el titular, a mi entender, más poético: “Samoa da un brinco al futuro: cambia la fecha”.
Hacia el final de la nota del Diario Corneta, como brillante cierre, se lee: “La comunidad adventista de la isla protestó: “Dios no reconocerá nuestro derecho arbitrario de eliminar un día del calendario””. Y esa palabrita, “arbitrario”, da justo en el clavo de lo que a mí me llevó a compartir estos pensamientos. Dios y su interés por el calendario exceden los objetivos de este breve escrito.
¿Hubo o no, en Samoa, un día viernes 30/12/2011?. El que nació un 30/12, ¿cumplió un año más o no?. En el caso de un contrato, o similares, ¿qué pasó con aquello que finalizaba el 30/12/2011?. ¿Y se cuenta ese día en caso de finalizar después?. Los novios, ¿deberán contar ese día al decir cuánto tiempo llevan enamorados?. Y así…
De la misma manera podemos preguntarnos si, en Santa Bernardina del Monte, pasaron tres días o solamente una hora. Podríamos citar a Bergson, y diferenciar la duración, que es el tiempo real de la conciencia, tal como lo experimentamos profundamente por medio de la intuición, del tiempo espacializado de las ciencias físicas. Sin embargo, mi reflexión pretende ir más allá de la pregunta por la temporalidad. ¿Qué estamos diciendo cuando decimos lo que decimos?.
Sucede que, al decir de Cassirer, no vivimos meramente en un universo físico sino que habitamos, poéticamente apuntaría Heiddeger a través de Hölderlin, un universo simbólico. El calendario es una convención aceptada por una sociedad, es decir, una posibilidad, entre tantísimas otras, decidida e impuesta arbitrariamente. Y lo que se impuso de manera arbitraria, se puede cambiar de la misma manera. ¿Y quién otro puede imponer arbitrariamente sino aquel que ejerce el poder?. Y, una vez más, es el poder económico disfrazado de político que opera en lo simbólico…
Todo este escrito es justificado, solamente, por la presencia del párrafo precedente. O más aún, generé todo este texto solamente para poder escribir el párrafo señalado, que dice mucho, aunque en pocas palabras. Y me despido deseándole un feliz año a todos los samoanos, haciéndolo extensivo a los demás mortales que iremos brindando acto seguido…

jueves, 3 de noviembre de 2011

EL ABORTO: PREGUNTAS PARA COMPARTIR EN VOZ ALTA

EL ABORTO: PREGUNTAS PARA COMPARTIR EN VOZ ALTA

I

En los últimos años he visto, vivenciado, padecido y experimentado cambios en diferentes posicionamientos que tenía sobre determinados temas. Ya me explayé al respecto al hablar, en otro foro, sobre “la condición plural de la subjetividad”. Sin embargo, con el aborto sigo manteniendo la misma postura de fondo desde que recuerdo haberme planteado el asunto. Y digo “de fondo” porque lo que sí cambié fue la forma, la manera de pensar y decir las cosas, los matices, los énfasis.
En este proceso de deconstrucción personal, y habiendo pasado por la Teoría Comunicativa de Habermas y todo el Giro Lingüístico, intenté salir de mi posición, abrir la mente y el corazón, y dejar al otro que diga su palabra; si era en primera persona, mejor. Por eso, hoy más que afirmar quiero preguntar, más que impartir quiero compartir. Y desde este lugar, con toda mi subjetividad a cuestas pero lo más conciente posible, es que escribo estas líneas para seguir pensando juntos…

II

Para empezar es fundamental dejar de lado definiciones simplistas. En primer lugar, no hay dos bandos. Hay muchas posiciones con diferentes puntos de vista. A lo sumo, y en última instancia, habrá quienes se inclinen más por una determinada modificación al marco normativo y otros que no. Pero no podemos perder de vista la complejidad de posturas.
También tenemos que decir que el aborto no es una solución alegre, que se decide así nomás y que no afecta a nadie. Las mujeres que deciden abortar, incluso convencidas, no lo hacen por placer ni como una elección más. Nadie quiere abortar como proyecto de vida. Y esto lo saben, y lo dicen, tanto los que proponen legalizarlo como los que quieren penalizarlo.
Algunas personas vinculan temas tales como aborto, anticoncepción, matrimonio igualitario y reivindicaciones de género. Más allá de que algunos vean una línea que los une, o que ciertos grupos defienden o atacan el paquete completo, son temas cualitativamente diferentes. Y deben ser tratados, según mi humilde parecer, de esa manera.
No podemos dejar de decir, por otro lado, que el aborto es un gran negocio. Hay muchos intereses detrás, y de los más espurios. Esto no implica que todos los que permitirían un aborto en determinadas situaciones tengan otros intereses o formen parte de ese comercio. Lo que sí es innegable es que hay mucho dinero en juego, y se está lucrando con la vida de las personas.
Tenemos que contextualizar el aborto, pensando tanto en el ser humano concebido (embrión, feto), como en la mujer que lo lleva en el vientre. Después veremos qué derechos entran en juego, cómo colisionan y cómo se dirime la cuestión. Lo que no podemos hacer es negar la existencia de ambas partes.
Y cierro esta segunda sección diciendo que es fundamental trabajar fuertemente en la prevención de embarazos no deseados, sin ignorar la contención y acompañamiento de la mujer llegado el caso en que éste se haya producido. Necesitamos realmente una educación sexual integral desde temprana edad, articulando la responsabilidad de las familias y el rol de las escuelas.


III

Me cuesta mucho identificarme con las diferentes posturas que escucho o leo sobre el tema. Siento que nadie piensa exactamente como yo. Y, en algunos casos, me indigna, me revuelve las tripas, escuchar argumentaciones falaces, manipulación de la información, que se hace con mala leche, tanto a favor como en contra.

IV

Es insoslayable, al debatir este tema, poder explicitar definiciones o, al menos, prestar atención a las palabras utilizadas.
Claramente no es lo mismo decir aborto, que interrupción voluntaria del embarazo, que homicidio prenatal agravado por el vínculo. También hay mucho cuidado en no identificar mujer con madre, o embrión, con feto, con hijo, hija, niño o niña por nacer, niño o niña a secas. Tampoco se utiliza de manera indistinta ser humano, que persona, que producto de la concepción.
Otra palabra en juego, y quizás sea clave, es vida. Unos se hacen llamar pro vida, porque dicen defender la vida desde la concepción. Otras y otros se enojan frente a esta distinción, ya que con razón entienden vida en un sentido más amplio que incluye, entre otras posibilidades, a la mujer (algunas de las cuales mueren a causa de abortos inseguros).
Tampoco es lo mismo despenalizar que legalizar.

V

El tema de las estadísticas es un punto aparte. Por la ilegalidad del asunto, es imposible tener cifras oficiales. Se habla de 400.000 a 700.000 abortos anuales en Argentina, sin desagregar mucho la información, y sin dimensionar demasiado que una cifra casi duplica a la otra. Otros calculan que no llegan a 50.000.
Algunos dicen que en los lugares donde se despenalizó o legalizó, bajó la mortalidad materna por aborto y también el número de abortos. Otros dicen que en los lugares donde se despenalizó o legalizó los números aumentan en vez de disminuir. Todos citan países y cifras. Todos parecen tener razón, o al menos eso creen. Hay países que van hacia leyes más permisivas, y otros que vuelven a una legislación más restrictiva.
Lo que se sabe, por información oficial, es que en nuestro país mueren entre 80 y 90 mujeres al año por causas de aborto. 1 cada 4 días, aproximadamente. De las 144.060 mujeres que murieron en el 2009, 87 fueron por aborto. Otras causas: enfermedades del sistema circulatorio (45.023), tumores (28.233), enfermedades del sistema respiratorio (22.286). Y la mortalidad materna data de 410 casos, de los cuales sólo el 20 % fue por aborto. Les dejo un análisis más completo para analizar.
Irlanda, Polonia, Chile y Malta, por nombrar algunos casos, son países que tienen las más bajas tasas de mortalidad materna, a la vez que mantienen una normativa restrictiva en el tema del aborto. Noruega y Dinamarca son buenos contraejemplos, al buscar países donde el aborto está legalizado y la mortalidad materna aumenta. Esto llevaría a pensar que el aborto no es la vía para resolver la cuestión de la mortalidad materna, sino que se deben mejorar la atención prenatal y los cuidados obstétricos, con una fuerte opción de políticas públicas para garantizar una vida digna en igualdad de oportunidades a toda la población.
A esta altura, desde una posición pragmática y utilitarista, si me asegurasen que con la despenalización baja el número de abortos y de mortalidad materna, firmo donde me digan. Haría claramente una opción por una ética de las consecuencias por sobre una ética de los principios, si en este caso eso lleva a disminuir la cantidad de muertes (de mujeres, de embriones, de fetos…). El problema es que las estadísticas no parecen ser tan claras.

VI

¿Qué dicen los psicólogos y psiquiatras sobre las mujeres que abortaron?.

VII

Debo reconocer que me molesta que se utilice como argumento que la mortalidad materna por aborto tiene cara de mujer, joven y pobre. Desagregando las estadísticas, muy posiblemente sea así. Pero me parece, aunque espero equivocarme, que se apela a lo sensiblero para sumar voluntades.
Lo que no podemos dejar de decir es que, aborto sí o aborto no, esas mujeres deberían poder llevar una vida digna en igualdad de oportunidades.

VIII

Tampoco me gusta que se rechace la penalización del aborto argumentando que es la imposición arbitraria de un grupo sobre el resto. ¿Acaso toda ley no es eso y no otra cosa?.
A nadie se le ocurriría despenalizar el robo y el homicidio, y que cada uno decida si quiere hacerlo. ¿Por qué no intentarlo?. Sucede que hay consensos, o acuerdos mayoritarios, que son de la sociedad en su conjunto y, a través de sus representantes, se imponen por ley a todos, estén de acuerdo o no.
¿O alguno estaría de acuerdo con legalizar la pedofilia?. Que los hay, los hay.

IX

Alguien me dijo alguna vez que cuándo comienza la vida humana es una decisión política. En última instancia, algo de razón tenía. Más allá de lo que diga la ciencia, la filosofía o la legislación actual, el comienzo de la vida es una definición política. (Esencialistas, Realistas, Dogmáticos, abstenerse… por el momento).
Científicamente nadie discute que desde la concepción hay un nuevo ser humano vivo, diferente a la madre y al padre, con un código genético que lo hace único e irrepetible. No persona, no individuo, pero sin lugar a dudas un ser humano.
Filosóficamente podemos decir que toda definición es arbitraria. ¿Qué hace que determinado ente sea humano y no otra cosa?. ¿Qué características debe poseer una persona para ser tal?. ¿Qué entendemos por vida?.
Legislativamente sabemos que todo se cambia por simple mayoría. Argumentar desde determinada Convención o Ley, es válido pero fugaz y efímero. Y ni que hablar si entra a jugar la interpretación.
Si la mitad más uno de los diputados y senadores presentes en sus respectivas sesiones acuerda que la vida humana tiene valor y debe ser protegida desde las 12 semanas, ¿qué hacemos con todos los datos científicos y los debates filosóficos?. Y estoy tentado de cerrar con una conclusión claramente nominalista…

X

En cuanto al criterio para ver desde cuándo se puede abortar, algunos marcan como límite la formación del sistema nervioso. El criterio sería el mismo que para la muerte clínica: vida cerebral (o no). La diferencia que parecen no observar es que mientras la muerte cerebral, hoy por hoy, se considera irreversible, el embrión está en formación y, en caso de no ser eliminado, llegará a tener vida cerebral (más allá de que algunos dicen que en la segunda semana hay un incipiente desarrollo). Esto no quita que pueda rediscutirse el criterio en sí, y revisar si realmente esta es la barrera entre lo humano y lo no humano, la vida y la muerte.

XI

¿Qué vida tiene más valor? ¿Por qué? En distintos momentos de la historia, y en distintos lugares, se postuló que la raza aria era superior y se exterminaron judíos; algunos militares desaparecían “subversivos” por el bien de la Patria; cierto régimen mataba homosexuales; y algunos varones apedrean mujeres adúlteras…

XII

Creo que hay que buscar una solución creativa. No con el Código Penal. Sí desde la salud pública, desde la educación, desde la contención y el acompañamiento, desde la mejora de la calidad de vida…
Es cierto que, desde lo simbólico, la ley tiene una función pedagógica, y nos dice qué está bien y qué está mal para una sociedad en determinado momento. Por eso no es lo mismo establecer una pena que no hacerlo, o despenalizar que legalizar.
Si ese conjunto de células humanas, por decirlo de alguna manera, no es un algo/alguien que hay que proteger, el aborto debiera ser legalizado, garantizando ciertas condiciones para que toda mujer pudiera acceder a ejercer ese derecho. No hay mucha vuelta que darle. Nos limitaríamos a evaluar razones médicas y psicológicas, plazos prudentes, métodos, procedimientos, presupuesto, etc. Todo argumento estadístico (cantidad de abortos, de muertes, etc) o sociológico (afecta a mujeres, jóvenes y pobres) carecería de sentido. Ni siquiera habría un delito que despenalizar…
Ojalá fuese así. Sería más fácil. Más cómodo. Menos conflicto. La posibilidad existe. Pero también puede ser que no sea así. La vida no siempre es fácil, cómoda y sin conflicto.
Ahora, si asumimos que estamos hablando también de un ser humano concebido no nacido la cosa se complica, se complejiza.

XIII

Ideológicamente, en la gran mayoría de los temas, estoy mucho más cerca de los que están a favor de la legalización del aborto que de los que se oponen. Por eso, quizás, es que me planteo y replanteo el tema del aborto. Si pienso tan parecido en tantos temas, ¿por qué en este punto disiento?.
Lo seguiré pensando. Algunas convicciones siguen siendo las mismas, aunque cambien las concretizaciones. Y, realmente, no busco tener razón, sino aproximarme a lo que sea mejor para todas y todos, principalmente los más vulnerables…

XIV

Preguntas…

¿Qué define el límite entre lo humano y lo no humano?.
¿Toda vida humana es valiosa y deber ser protegida?. ¿Por qué?
¿Quién decide qué vida tiene más valor que otra?.
¿Qué diferencia a un embrión o feto de un niño nacido? ¿Acaso no hay diferencia también entre un bebé nacido y un anciano?.
¿Por qué el ADN es válido para determinar la filiación o paternidad, o para condenar a un sospechoso y no para reconocer que hay un nuevo ser humano diferente a la madre aunque esté en su vientre?.
¿Por qué fallan las Leyes de Educación Sexual Integral y de Salud Reproductiva?.
¿Por qué se habla del aborto como principal causa de mortalidad materna si ninguna estadística avala tal afirmación?
Si el aborto inseguro mata a mujeres, principalmente, jóvenes y pobres, ¿realmente se cree que con legalizarlo se soluciona el problema? ¿Acaso no son esas mismas personas las que están fuera del sistema? ¿Por qué creer que irán al hospital público a practicarse un aborto, si hoy no van para controlar un embarazo ni para hacerse chequeos médicos? ¿Qué pasará con las mujeres que no aceden al Sistema de Salud? ¿Por qué creer que sí lo harán por un aborto?.
¿Y con el aborto legal solucionaremos sus problemas de vivienda, trabajo, educación, etc.?
Si uno de los argumentos es que al legalizar se de igualdad de acceso a las mujeres pobres, ya que las ricas se lo hacen sin problemas en una clínica privada, ¿estarían de acuerdo en legalizarlo solamente para mujeres pobres?. ¿Por qué razón no se persigue a las clínicas privadas que practican abortos y a los médicos que ejercen ilegalmente su profesión?.
Si no es un delito, ¿por qué despenalizar en algunos casos?
Si es un delito, ¿existen razones suficientes para despenalizarlo en algunos casos?
¿Por qué una mujer tiene que llevar dentro, en contra su voluntad, un niño que será una carga para ella por el resto de su vida? Si bien uno tiene que atender casos particulares y complejos, podemos repreguntar: ¿y qué culpa tiene el niño o la niña por nacer?.

¿Es la solución penalizar?
¿Es la solución despenalizar?
¿Es la solución legalizar?

Enlaces
1) http://javiergiangreco.blogspot.com/2008/10/aborto-compilado.html
2) http://www.notivida.org/boletines/745_.html
3) http://www.centrodebioetica.org/biblioteca/aborto/despenalizacion-del-aborto-experiencia-internacional.html

lunes, 18 de julio de 2011

La Condición Plural de la Subjetividad

Reflexionando sobre lo cambiante de mis opciones políticas en los pocos años de militancia consciente, me encontré con este texto. Es una respuesta a una consigna de un trabajo práctico, pero bien puede ayudar(me)a entenderme. Mientras sigo en la búsqueda, se los dejo...

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1) Marcelo Percia dictará una conferencia sobre “la condición plural de la subjetividad y los grupos” ¿qué diría en el desarrollo de la misma? ¿Qué aporte de Ester Cohen puede utilizar para sustentar la exposición?

A continuación transcribimos los extractos más jugosos de la conferencia dictada por el Sr. Marcelo Percia, titulada la condición plural de la subjetividad y los grupos.

“Buenas noches. Agradezco esta posibilidad de participar de este foro y poder compartir algunas ideas con ustedes. Estoy convencido que pensar es pensar con otros, compartir perplejidades. O al menos creo que estoy convencido de eso.
Acaban de leer una breve presentación sobre Marcelo Percia. Y no hablo en tercera persona porque me crea el Diego u Osvaldo Laport en “Campeones de la Vida”. Me refiero a Marcelo Percia como otro, porque quiero llamar la atención, provocar diría, poner en cuestionamiento, el tema de la subjetividad. ¿Soy ese currículum leído a las apuradas?. ¿Fui… seré… ese relato continuado de estudios, trabajos, y datos en general?.
“Lo que llamo mi identidad es la permanencia de una semejanza en la que proyecto una morada para mi existencia”. “La identidad es un acuerdo. Una conciliación. Pero tener identidad es estar en disidencia y desacuerdo”.
“No ando en una sola dirección. No voy en un único sentido. Deseo vivir diferentes vidas. Y apenas hago una costura definitiva en mis pensamientos, se hincha el argumento. Y todo vuelve a estallar”.
“Entiendo subjetividad como urdimbre de voces, palabras, pensamientos, actos, emociones, recuerdos; que se tejen y destejen con otras voces, palabras, pensamientos, actos, emociones, recuerdos” . La “pregunta por la subjetividad no interroga qué es lo que es, sino qué nos pasa” …

Edgar Morin, filósofo francés, nos dice: “Se creía tener un conocimiento cierto, objetivo, porque se había eliminado al observador, porque el observador era así un elemento contingente. Sin embargo, sabemos que la realidad –lo que llamamos la realidad que percibimos- la percibimos solamente gracias a nuestras estructuras mentales...” . Luego de escuchar la última oración que acabo de pronunciar vino a mi mente, como por iluminación agustiniana, la teoría generada por el principio de incertidumbre de Werner Heisenberg. Intentaré explicarlo por medio del arte. En la Exposición de Olores , Lucio Cantini “colocó, en distintos rincones del salón, sustancias que producían olores de toda índole… Los espectadores no sabían cuándo la influencia de una obra era reemplazada por otra, para no hablar de la fragancia aportada por ellos mismos”. ¿Se puede saber cuál es el olor original de la sustancia cuando yo me acerco para percibirla?. Esa imposibilidad de discriminar, distinguir o discernir el “olor de las sustancias” de la “fragancia aportada por los espectadores” sería el principio de incertidumbre (o algo por el estilo). “Son las relaciones de incertidumbre de Heisenberg que demuestran, y por una razón puramente material, por así decir, que si a nivel microfísico queremos aclarar nuestra observación, hacemos intervenir fotones que van a perturbar a las partículas observadas. Es decir, hay un límite en el cual el observador se convierte en una intervención perturbadora... No podemos separar el mundo que conocemos de las estructuras de nuestro conocimiento” .
Para ir cerrando la idea digamos que no importa el mundo sino la imagen del mundo, lo que es para mí. Vamos a explicarlo mejor con la creación de Enrique Argenti: el Teatro a oscuras . Allí “cada espectador imaginaba caras y acciones según su propia fantasía”. De esa manera ganó un premio a la mejor escenografía y fue multado por un audaz desnudo. Al ser a oscuras, cada contemplador imaginaba la obra que él quería, aportaba lo suyo a la obra, es más, él realizaba la obra. “El lago de los cisnes fue calificada por los críticos como la más fantástica interpretación jamás vista, lo cual era rigurosamente cierto”. No importaba tanto qué es lo que sucedía, sino la imagen que se formaban los espectadores. Como bien dijo Sartre, “lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”…

“En la subjetividad acontece lo plural. Estar plural no es estar divididos. En partes distintas, opuestas o complementarias. La fragmentación requiere la idea de un todo previo. Estar plural es ser testigo de mi propio pasaje por estares que hacen diferencias que la conciencia procura –luego, muchos después– integrar”. “A veces, la idea de un estar plural hace complicidad con el deseo de librarme de mí mismo”.
“¿Por qué someter al ideal de unidad los movimientos turbulentos de la subjetividad? ¿La conciencia no soporta su condición plural? La idea de unidad es soberbia cuando se tiene por superior a la de fragmento, dispersión o multiplicidad. Y en ese caso es pedante, altanera e inútil. Pero se podría decir lo mismo si la presunción fuera al revés”.
“El campo de los grupos de aprendizaje necesita redituarse en las discusiones de las políticas de la subjetividad” ...

“Suelo ser testigo de actos y pasiones que no dirijo ni gobierno”. Ya lo decía Pablo en su Carta a los Romanos: “Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco” …

Ester Cohen afirma que “este momento histórico se definirá como la época de la subjetividad”. Sostiene que “la idea de subjetividad responde a la condición trágica del producirnos como devenir, como tensión constante de opuestos”. Entiende la “subjetividad como producción de deseo, como experiencia vital de la creación de sentidos”. El “devenir subjetividad, supone un ser que no es suficiente, que perpetuamente es arrancado a sí, ya que no es un sí mismo, porque nada viene de afuera, ni tampoco de adentro”. La “subjetividad resulta ser un juego donde se vehiculiza lo simbólico”, “un discurso de multiplicidades singulares que es constitutivo del entramado que sostiene el concepto de subjetividad”…

Alejandro Dolina, en una charla que dio en la Feria del Libro del año 2000, decía: “El hombre es una perpetua víspera. Es lo que es, pero también lo que todavía no es. Vive inclinado hacia el futuro. Vive deseando y es él mismo su deseo. El hombre se va a morir, pero tiene apetito de eternidad. El hombre es mortal y es esa tragedia la que lo hace libre, la que lo convierte en constante posibilidad. Posibilidad de caída o de salvación. El hombre se va a morir y por eso ama, y por eso escribe poemas. Y tal vez el poetizar no sea más que un juicio sobre el carácter mortal del hombre. La poesía revela nuestra condición fundamental y esa condición es trágica”.
Uno de los grandes aciertos de Sören Kierkegaard fue el descubrir que el hombre está en constante tensión. Es más, podríamos decir que el hombre es tensión. La tensión no es movimiento pero tampoco es quietud; es inquietud. El arco tensa la cuerda porque cada extremo tira para su lado. Esa cuerda no está en movimiento pero tampoco está quieta; está inquieta. Eso es el hombre: un ser de corazón inquieto.
Estamos hechos de barro con un soplo divino . En nuestro ser se conjugan lo terrenal y lo celestial; lo temporal y lo eterno. Tolkien desnuda nuestro Smeagol y nuestro Gollum. Stevenson saca a la luz a nuestro Dr. Jekill y a nuestro Mr Hyde. Dolina nos enfrenta a nuestro Hombre Sensible y a nuestro Refutador de Leyendas. Pascal habla tanto de nuestra grandeza y miseria, como de nuestro espíritu de fineza y nuestro espíritu geométrico. El hombre es cuerpo y alma (sí, ya sé, unión, es decir, ni dualista ni monista. Pero es y no tiene.); es un ser individual y social; participa de la naturaleza y de la cultura; y vive tironeado por lo consciente y lo inconsciente, lo apolíneo y lo dionisíaco.
Cuando Prometeo creó a los hombres los hizo con barro. Pero para darles vida decidió robar una chispa de fuego a la antorcha que tienen los dioses en el Olimpo. Esto mereció un terrible castigo para Prometeo, pero también dejó profundas consecuencias en el ser humano. Esa chispa lo hace superior a todos los seres vivos pero inferior a los dioses. No sólo no llega a tener la inmortalidad de los dioses sino que adquiere la conciencia de la muerte que el resto de los vivientes no tiene . Sabe, pero no todo. Puede, pero no todo. Está como a mitad de camino. Aspira a más pero no termina de llegar. Quiere ser como los dioses pero no lo logrará jamás. Es que no tiene el fuego de los dioses sino apenas una chispa. Este afamado y antiquísimo mito describe la condición trágica de la vida humana…

Antes de finalizar, quisiera leerles, regalarles, un poema :

Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.
Somos el agua, no el diamante duro,
la que se pierde, no la que reposa.
Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo
cambia en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.
Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.

Y para concluir, que a la vez es un abrir, iniciar, reiniciar, generar, lanzar, hacer camino, les digo:“La potencia de enunciar no coincide con el acto enunciado. La pluralidad de subjetivaciones posibles y por decir no llegan al enunciado sino como silencios, exclusiones, acallamientos, inexistencias. Siempre es poco lo que se dice comparado con la que se podría decir. Hay un por decir que no es discurso reprimido. Es discurso sin imprimir”.

(Se puede leer el texto con todas sus citas aquí)

miércoles, 5 de enero de 2011

Los Hombres Sensibles, los Refutadores de Leyendas y los Reyes Magos - por Alejandro Dolina

Todos conocen la aguda polémica que suele encenderse en Flores cuando se acerca el seis de enero.
Los Refutadores de Leyendas cumplen en esos días horarios especiales y desatan una intensa campaña. Naturalmente, tratan de esclarecer a los chicos acerca de la verdadera identidad de los Reyes Magos. Los más desaforados no vacilan en afirmar que estos personajes no existen y que la eventual aparición de juguetes sobre el calzado infantil es el resultado de sigilosas maniobras de los padres, amparados en las sombras de la noche.
Sus argumentos hay que decirlo son bastante sólidos. El profesor Pedro Del Moro los ha reunido y codificado en su libro Los Reyes son los padres.
Esa obra, cuyo sólo título presagia revelaciones apocalípticas, comprende tres grandes capítulos, cada uno de ellos con razonamientos de distinto color.
El primero se titula Testimonios. Cerca de doscientas personas cuentan experiencias personales que abonan la tesis central del libro.
Transcribimos algunos fragmentos.
“… Me costó dormirme. Siempre me pasaba lo mismo en noches como aquélla. Ese año mis pedidos habían sido bastante módicos. Un encendedor, una afeitadora eléctrica y una caja de lápices. A medianoche me desperté sobresaltado: ¿Había puesto mis zapatos en el pasillo? Me levanté para comprobarlo. Y entonces, en la penumbra del pasillo, subrepticio como un ladrón hincado sobre mis viejos mocasines, vi a mi padre con los regalos. Se levantó lentamente. Durante un largo rato nos miramos con encono.”
- De modo que así son las cosas -le dije.
- Déjame que te explique...
- No, papá -no me importó ser cínico-. Creo que ya es demasiado tarde para
explicaciones...”

Es probable que los berretines novelísticos del profesor Del Moro conspiren contra el estilo expositivo que es deseable en toda obra de especulación científica. Las otras historias del primer capítulo son -si bien se las mira- todas iguales: sujetos que sorprenden a sus padres en situaciones comprometidas, confesiones espontáneas de padres arrepentidos, trampas preparadas de antemano y hasta fotografías reveladoras. El mas impresionante es el caso de un joven estudiante de farmacia que habiendo entrado en sospechas a causa del demasiado trato con las ciencias, amenazó a su madre con un arma hasta que la pobre mujer reconoció sus usurpaciones.
En el segundo capítulo, Del Moro apela al sentido común.
Básicamente sostiene:
a) Que es por lo menos improbable que tres personas visiten todas las casas del mundo en una sola noche.
b) Que también resulta difícil admitir que puedan acarrear en sus bolsas centenares de millones de juguetes.
c) Que los regalos que amanecen sobre los zapatos el 6 de enero parecen más paternales que reales, sobre todo en el precio.
Sobre la alfalfa que algunos niños dejan en el patio, Del Moro opina que es ingerida por los padres, quienes de este modo no solamente serían los Reyes Magos, sino también los camellos.
El tercero y último capítulo es una larga serie de consejos sobre la conveniencia de no fomentar ilusiones en los niños y de explicarles todo, en términos amables pero rigurosamente exactos.
Los Hombres Sensibles de Flores, por el contrario, prefieren que los chicos crean en los reyes, en las hadas y en el mundo de los sueños.
Por eso cada vez que se encuentran con un pibe le cuentan que hay ratones que dejan dinero bajo las almohadas, si uno les pone un diente. O que el hombre de la bolsa se lleva a quienes sienten repugnancia por la sopa. O que soplando panaderos se consigue lo que uno quiere. O que pisando baldosas rojas se ahuyentará al demonio. O que haciendo gancho con los dedos se impide a los perros exonerar sus intestinos.
En la anual discusión de los Reyes Magos, los Hombres Sensibles acusan a los Refutadores de Leyendas de obrar con el único propósito de ahorrarse el regalo. A su turno, los Refutadores declaran que muchos pibes de Flores fingen creer, aun siendo escépticos, al solo efecto de recibir un trencito o una pelota. “Esta infame actitud -dice el profesor Del Moro en su libro- es propia de niños perversos y mezquinos. ¿Que se puede esperar de quienes venden su inocencia por una bicicleta?”
Los Hombres Sensibles tienen en esos asuntos algunos aliados indeseables.
Muchas personas que se jactan de su dulzura suelen cometer el desatino de intentar la demostración racional del mundo mágico, para convencer del todo a los chicos.
Así, cada Navidad, docenas de pajarones se disfrazan de Papá Noel (una ilusión gringa, les garanto). Otros hacen el Rey Mago y hasta llegan a saludar y besar a sus sobrinos para que crean o revienten.
Desde luego, esto no debe extrañarnos en un mundo en que la gente cree solamente en lo que se ve y se toca. No comprenden estas personas que es cien veces más verosímil un personaje que no se ve jamás y tiene la apariencia de nuestros sueños, que el chitrulo pintado de negro, que se ha puesto el batón de nuestra abuela, se parece al tío Raúl y huele a cerveza.
Yo no creo que los chicos se traguen esos disfraces. En los tiempos de mi infancia, la tienda Gath &Chaves solía exhibir en sus salones a los Reyes Magos. Yo tenía 5 años, y aunque era bastante pavote, razonaba que se trataba de tres impostores pagados por la tienda. No era posible que quienes provenían del Barrio Celeste anduvieran tomando partido por la prosperidad de una casa de comercio.
Manuel Mandeb en su estudio Ilusiones eran las de antes se queja de esa tendencia a la garantía visual. Veamos:
“...En estos asuntos el exceso de pruebas es más sospechoso que la ausencia de ellas. Muchos niños han creído en los Reyes hasta que los vieron. Lo único que hay que hacer es sembrar la ilusión. Después ésta crecerá sola. Nada de disfraces ni payasadas. Si insistimos en mostrar al niño todo aquello cuya existencia postulamos, llegará un día en que el pequeño sabandija nos exigirá que le mostremos el desengaño o un átomo o una esperanza Y como no podremos hacerlo, el tipo reputará inexistentes a esperanzas, desengaños y átomos... ”
No andaba desacertado Mandeb. Cuando uno ve películas de terror cree firmemente en el monstruo hasta que lo ve. Entonces descubre que no se trata del verdadero horror (que existe positivamente dentro de nosotros) sino de un truco lamentable. Pero algunos párrafos más adelante, el pensador árabe vuelve a caer -como tantas veces- en el desafortunado rumbo de los tomates. Siguiendo con el criterio de no aportar pruebas concretas, Mandeb llega a insinuar la conveniencia de suprimir el regalo de Reyes por considerarlo una concesión improcedente.
“... Así todo sería ilusión: los Reyes, su visita y aun el regalo, del que podría hablarse, pero que sería imposible de ver y tocar. Los niños correrían en monopatines imaginarios shotearían pelotas soñadas, que son las mejores porque nunca se pinchan ni se pierden ni son cortadas en pedazos por los vecinos intolerantes.”
Mandeb pensaba, además, que la abolición de la recompensa ennoblecía la creencia y -por otra parte- eliminaba injusticias.
“Los chicos pobres son capaces de sueños tan rumbosos como los de los príncipes.”
Manuel Mandeb, como tantos Hombres Sensibles, creía realmente en los Reyes Magos.
Todos los cinco de enero ponía sus zapatones en la ventana de la pieza de la calle Artigas donde vivió muchos años. Jamás le dejaron nada, es cierto.
Pero el hombre suponía que esto obedecía a su conducta, no siempre intachable. En los días previos, las viejas del barrio creían notarlo amable y compuesto. Quizás no eran suficientes esos méritos de compromiso. No es fácil engañar a los Reyes.
Muchos de sus amigos sintieron alguna vez la tentación de dejarle algún regalito.
Pero no quisieron engañarlo. Ellos también esperaban con él. Y hacían fuerza para que alguna vez apareciera aunque más no fuera un calzoncillo.
Nunca ocurrió nada, pero la fe de los Hombres Sensibles de Flores no se quiebra fácilmente.
¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? Cualquier papanatas es capaz de suscribir que existen las licuadoras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para atreverse a creer en lo que no es demostrable y -más aun- en aquello que parece oponerse a nuestro juicio. Para lograrlo hay que aprender -como quería Descartes- a desconfiar del propio razonamiento. Por supuesto, en nuestro tiempo cualquier imbécil tiene una confianza en sus opiniones que ya quisiera para sí el filósofo más pintado.
La incredulidad es -según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares.
Nosotros resolvimos apostar una vez más por las ilusiones.
Por eso hicimos nuestras cartitas, pusimos nuestros enormes y pringosos zapatos en las ventanas, en los patios y aun en los jardines.
Y el seis de enero recogimos nuestros sencillos regalos y se los mostramos a los vecinos.
- Mire lo que nos trajeron los Reyes.
Algunos Refutadores de Leyendas nos miraban con envidia, silenciosamente.