jueves, 8 de diciembre de 2016

La Ley de Emergencia Social, una oportunidad de inclusión (por los Curas Villeros)



En el año 1974 la Argentina tenía 4% de pobreza hoy tiene un 32%. Esta emergencia social que vivimos no es la consecuencia de un desastre natural. Hay que trabajar entonces sobre las condiciones que la produjeron. Mientras tanto vemos necesario apoyar la ley de emergencia social. Esta puede ser una buena medida, entre otras,  para que mucha gente llegue a fin de mes. Y para tomar dimensión de que no se pueden perder más puestos de trabajo.
El proceso que ha llevado a proponer la ley creemos que es muy valioso porque ha logrado visibilizar al pueblo pobre trabajador. Los trabajadores y trabajadoras que luchan diariamente por sobrevivir y lo hacen en el marco de la economía popular.
En este contexto merece mucho respeto ese padre o esa madre de familia, que cuando ‘no alcanza para todos’, deja de cenar para que sus hijos puedan comer. Es  desde este tipo de periferias existenciales que tenemos que mirar la realidad de nuestra Patria. Y así poner en el centro de la acción social y política a las personas más desfavorecidas.
Es necesario que los dirigentes –de todo tipo- escuchen el corazón del pueblo. Lo que hace que un pueblo sea un pueblo son sus aspiraciones comunes, el proyecto común que lo pone en marcha. El corazón del pueblo late en los pobres y pequeños, porque en sus anhelos más profundos siempre apuntan a lo esencial
Un lugar de escucha por ejemplo es la devoción a San Cayetano. ¿Qué valores se juegan en ese pedido de Paz, Pan y Trabajo?  Detrás del pedido por el pan hay un pedido de justicia.  No es posible que alguien pase hambre en la Argentina, una tierra bendita de pan. Sin embargo son muchos los que no pueden amasar su pan con el trabajo. Sólo consiguen migajas que caen por descuido de mesas opulentas (ver Lc. 16, 21). Muchas veces esto se confunde con caridad, cuando el pan  que se pide para todos es en realidad un clamor de justicia. Detrás del pedido de trabajo hay un pedido, un reclamo, por el respeto de la dignidad de cada persona. La persona que no trabaja siente que está de sobra, que no vale. La persona que no trabaja está profundamente herida en su dignidad. Dignidad que intuye no le puede ser robada porque le viene de Dios su Padre misericordioso, su único Patrón. Dios no quiere que nadie falte a la mesa,  una mesa que Él mismo se pone a servir (ver Lc 12, 37). La paz social es fruto de vivir bien y esto no se da sin justicia y sin respeto por la dignidad de cada persona.
Por eso consideramos que es fundamental la solidaridad del movimiento obrero con esta multitud de trabajadores de la economía popular. Solidaridad es pensar y actuar en términos de búsqueda de una vida digna para todos los habitantes de nuestro país. Y para aquellos que más posibilidades hemos tenido en la vida, la vara es más alta y la exigencia de ponernos la patria al hombro siempre es mayor.
Nuestra sociedad nunca podrá ser feliz si tenemos un 32% de pobreza y un 6% de indigencia. Ahora bien, detrás de las estadísticas hay rostros concretos e historias muy dolorosas. Duelen hoy y dolieron siempre, no simplemente cuando los números los registran y los hacen visibles.  Por otro lado tampoco es un criterio absoluto la capacidad que tengan los más pobres de llenar una plaza para hacerse ver. A modo de ejemplo basta pensar en los miles de chicos y chicas que consumen paco, que difícilmente puedan organizarse para reclamar por sus derechos.
Frente a esta situación se requiere, entre otras cosas, austeridad. Pero no se le puede pedir austeridad a los que luchan por sobrevivir. Se requiere austeridad de los dirigentes –políticos, empresariales, sindicales, judiciales, eclesiásticos, de los medios de comunicación social, etc.-, la austeridad es un buen antídoto contra la corrupción.
Esta mirada nos ayuda a no perder el eje de una economía al servicio de las personas y los pueblos, en vez de concebirla como un mero mecanismo de acumulación –la copa en vez de derramarse, se agranda-. Hay que considerar la economía como un instrumento imprescindible para que la política pueda generar oportunidades concretas. Es así que en los barrios más vulnerables es necesaria una presencia inteligente del Estado que lleve trabajo, en esos lugares donde la narco-criminalidad sí está dispuesta a dar ‘trabajo’.
La cultura del encuentro que anhelamos no propone recetas acabadas, ya que para los problemas complejos que nos llevaron a esta situación de emergencia social no alcanzan las respuestas lineales. Sí estamos convencidos de que en esta cultura del encuentro los pobres no solo dan que pensar, sino que piensan; no solo despiertan sentimientos, sino que sienten; no solo padecen injusticias y están heridos en su dignidad, sino que creativamente luchan para vivir bien. Y en lo concreto y cotidiano nos enseñan tantísimas veces lo que significa el amor fraterno que se revela frente a la injusticia social.
Que la Virgen de Luján nos enseñe a cuidar de nuestra Patria, como ella lo hace, empezando por los más pobres y pequeños.

P. José María Di Paola, villa La Carcova, 13 de Julio y Villa Curita. Diócesis de San Martín
P. Gustavo Carrara, P. Nicolás Angellotti, P. Eduardo Casabal, villa 1-11-14. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Lorenzo de Vedia, P. Carlos Olivero, P. Gastón Colombres, villa 21-24 y Zavaleta. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Guillermo Torre, de la Villa 31. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Domingo Rehin, villa Lanzone, Villa Costa Esperanza. Diócesis de San Martín
P. Juan Manuel Ortiz de Rosas, San Fernando.  Diócesis de San Isidro.
P. Basilicio Britez, Villa Palito, Puerta de Hierro, San Petesburgo y 17 de Marzo. Diócesis de San Justo
P. Sebastián Sury, P. Damián Reynoso, Villa 15. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Pedro Baya Casal, P. Adrián Bennardis, Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Juan Isasmendi, Villa Trujuy. Diócesis Merlo-Moreno.
P. Nibaldo Leal, V. Ballester. Diócesis de San Martin.
Carlos Morena, Ángel Tissot, Mario Romanín, Alejandro León, Juan Carlos Romanín. Salesianos. Villa Itatí. Don Bosco.
P. Hernán Cruz Martín. Barrio Don Orione - Claypole. Obra Don Orione.
P. Dante Delia. Villa Borges. Diócesis de San isidro.
P. Antonio Mario Ghisaura. Villa Tranquila. Diócesis Avellaneda- Lanús.
P. Eduardo Gonzalez. Vicario general. Diócesis de San Martin.
P. Luciano Iramain, B° Los Polvorines. Diócesis de San Miguel.


lunes, 28 de noviembre de 2016

In Time: vivir nos cuesta la vida

No tengo tiempo. No tengo tiempo para preocuparme cómo pasó. Así son las cosas. Estamos diseñados genéticamente para dejar de envejecer a los 25. El problema es que vivimos solo un año más, a menos que consigamos más tiempo. Ahora el tiempo es la moneda, lo ganamos y lo gastamos. Los ricos viven para siempre y los demás…Solo quisiera despertar con más tiempo en mis manos que horas en el día”, dice el protagonista de In Time al inicio de la película.
“El precio del mañana”, según su versión para Latinoamérica, es una película de ciencia ficción, futurista, distópica, escrita y dirigida por el gran Andrew Niccol, quien afortunadamente ya nos tiene acostumbrados a películas de este estilo.
A primera vista parece ser una gran obra que se presenta como crítica al sistema capitalista, aunque en cuanto nos ponemos un poco más exigentes podríamos afirmar que es un diagnóstico un tanto reduccionista de la sociedad actual y una solución demasiado simplista, dejándonos gusto a poco desde una mirada posicionada en la crítica socio-cultural.
Hechas las aclaraciones pertinentes, y autolimitándonos en las temáticas a encarar, nos centraremos en tres grandes asuntos: la desigualdad de oportunidades de origen, el consumismo en una sociedad capitalista, y el sistema como mecanismo de control social y garante del statu quo. Comencemos…
¿Se puede elegir dónde nacer?. No. ¿Es lo mismo nacer en el Gueto o en New Greenwich?. No. ¿Los que nacen tienen alguna responsabilidad para determinar dónde nacen?. No. ¿Hay diferencia entre nacer en un lado o el otro?. Sí, claramente. Y por eso el sistema es, en sí mismo, injusto. Unos viven al día, casi suplicando no morir minuto a minuto. Otros, viven una vida llena de lujos. Y como dice el rico suicida: “Para que algunos sean inmortales muchos deben morir… Si todos vivieran para siempre, ¿dónde los pondríamos?. ¿Por qué crees que hay zonas horarias? ¿Por qué crees que los precios suben todos los días en el gueto? Los costos de vida aumentan para que las personas sigan muriendo. ¿Hombres con un millón de años mientras que la mayoría vive al día? La verdad es que hay más que suficiente, nadie tiene que morir antes de tiempo”.
La famosa máxima “time is money” se hace realidad, y el tiempo es la moneda, el dinero, el nuevo valor de cambio. Karl Marx decía que el rasgo particular de la sociedad capitalista es que en ella la fuerza de trabajo es también una mercancía. En In Time, el tiempo de vida, la vida misma, es mercancía. En vez de dedicar tiempo a trabajar para ganar dinero y poder consumir, se dedica tiempo a trabajar para ganar tiempo y poder consumir(¿se?). El consumo (del tiempo) es inevitable, inexorable. Vivir nos cuesta la vida. Este capitalismo líquido radicaliza, aunque no necesita esforzarse mucho, lo que tan bien explican Zygmunt Bauman (modernidad líquida y consumismo) e Ignacio Lewkowicz (tiempos de fluidez y consumidores), entre tantos otros. Y agrego: el pensador argentino nos invita a “pensar sin estado”, algo que se lleva al extremo en la película. Lo estatal se manifiesta en los guardianes del tiempo, mientras que el Mercado maneja la vida de las personas, y por eso la fluidez, la liquidez, los consumidores…
El salario que se le paga a un trabajador en nuestras sociedades cumple la función de permitirle recuperar energías para seguir trabajando: alimentarse y descansar (y aparece en escena la plusvalía). En In Time se paga con tiempo, pero cumple la misma función. Tiempo para comprar comida, tiempo para poder descansar y dormir. Y seguir trabajando. Y así. ¿O acaso en qué se consume mayormente el tiempo del pueblo trabajador si no es en trabajar, comer y dormir?.
El nacer en un lugar u otro implica una desigualdad de oportunidades de origen, previa a todo esfuerzo posible, a todo mérito que se quiera exigir. Y, para asegurarse que todo siga igual, el sistema se encarga de mantener el orden vigente a través de reglas de juego claras que no hay que andar modificando. Existe una desigualdad de origen que se transforma en desigualdad de acceso. Existen barreras económicas, físicas, llamadas peajes. Son infranqueables. El ascenso social, si bien no está prohibido explícitamente, es imposible ipso facto. Excepto que haya un error en la Matrix. Que un rico, asqueado, saturado, baje a los suburbios, regale todo su tiempo-dinero, y se suicide. Y que ese tiempo-dinero caiga en las manos de alguien dispuesto a hacer algo con eso, con toda una historia familiar detrás. “Sí, se puede”, dirán algunos, colaborando a construir un sentido común meritocrático donde la excepción jamás será regla, colaborando al control social manteniendo el statu quo que beneficia a unos pocos en detrimento de muchos.
Will Salas dice: “nadie tiene culpa de nacer donde nace”. Ni unos ni otros. De ambos lados de la grieta, que la hay y profundamente marcada, nadie elige desde dónde empezar. Pero sí hay posibilidades, mínimas, situadas, de hacer algo. Sylvia Weis es la representante de la clase privilegiada tomando conciencia de la situación y pasando a la praxis. Su padre, en cambio, celebra el capitalismo darwiniano donde sobreviven los más poderosos y mueren los más vulnerables. Cultura del descarte, diría el Papa Francisco.
¿Cómo hace el sistema para mantener las desigualdades?. Se controlan los flujos de tiempo, se aumentan los precios e impuestos, se dan préstamos y suben las tasas de interés, se eleva el valor de los peajes para segregar y, de ser necesario, aparece en escena la fuerza represiva. Porque un pobre con dinero es culpable hasta que se demuestre lo contrario, pero nunca se cuestiona el origen de la riqueza en las clases privilegiadas.
Que la solución sean dos Robin Hood del futuro, parece simplista. “¿Es robar lo que ya fue robado?”, repiten en la película. Sin llegar a los cien años de perdón, se deja entrever cierta idea de destino universal de los bienes. La seguridad jurídica reclamada desde arriba implica mantener el actual estado de cosas, este orden arbitrario, modificable, que se nos presenta como natural. “No tengo tiempo para preocuparme cómo pasó. Así son las cosas”. Y quizás lo más terrible del sistema es, en palabras del protagonista, que el pobre muere y el rico no vive”.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Cómo pudo ganar un Donald Trump?



EEUU eligió presidente: Donald Trump. Un empresario multimillonario, un outsider de la política (o antipolítico), grotesco, misógino, xenófobo, es presidente de la potencia mundial. ¿Lo hubieses votado?.
Es una expresión más de este clima epocal donde las sociedades se cansaron de la política. Y se cansaron de la política porque se cansaron de los políticos. Y se cansaron de los políticos, en gran parte, por culpa de los mismos políticos. Se convirtieron en una casta, una elite, una clase dirigente alejada del pueblo, que ya no representa a nadie, que defiende sus privilegios y vive cada vez mejor mientras una mayoría vive cada vez peor.
Donald Trump expresó la necesidad de un cambio. Hay cierto discurso antisistema (anticorrupción también), porque no se puede seguir así. En Grecia y España, con Syriza y Podemos, también se expresó esa voluntad de cambio pero desde otra mirada. Sin embargo son la excepción ya que mayormente, a nivel mundial, este descontento se vehiculiza en propuestas que se suelen llamar, simplificando tal vez demasiado, “conservadurismo de derecha”...
Pero no podemos desconocer la voluntad popular. El Pueblo, o al menos los que fueron a votar, millones de personas, y de acuerdo al sistema electoral de su país, llevaron a que Trump sea presidente (o, de mínima, que no lo sea Hillary Clinton). Y los que no fueron, de mínima, no estaban preocupados por el resultado, sea cual fuese.
Algunos, decididamente, votaron contra Hillary Clinton. La misma de siempre. La primera dama, la secretaria de estado, la candidata, y la que quería ser presidenta. La que pertenece a la casta, a la elite, al statu quo. (También es la que orquestó una guerra civil en Siria en beneficio de Israel, entre tantas otras cosas, según se lee en sus correos electrónicos filtrados por wikileaks). ¿Qué hubiese pasado si el candidato demócrata era Bernie Sanders?.
Otros, sin embargo, votaron a favor de Trump. Una cantidad interesante porque se veían reflejados en sus propuestas contra los inmigrantes, contra los musulmanes, a favor de la tortura… Pero hay más. Ignacio Ramonet nos ayuda entender…


El éxito de Donald Trump ( como el ‘Brexit’ en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia ) significa primero una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es lo ‘desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.
¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña ? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.
Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « políticamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre » de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.
A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la « rebelión de las bases ». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.
Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerrealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema ; renovar nombres, rostros y actitudes.
Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en « Juego de Tronos », de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas : también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes…Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.
También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su critica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.
Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era : ¿ cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados ? Algo no cuadraba.
Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.

1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: «No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación » . En un tweet reciente, por ejemplo, escribió : «Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%.
Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros : The Washington Post, Político, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.

3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. «Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país. », suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo : « El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos. »
En regiones como el rust belt, el «cinturón del óxido» del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.

4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Tump ha prometido no tocar a estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los «sin techo», reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.

7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una política extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN : « No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN. »

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.
En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Discurso del Papa Francisco en la Clausura del III Encuentro Mundial de los Movimientos Populares en el Vaticano (05/11/2016)


Hermanas y hermanos, buenas tardes.

En este nuestro tercer encuentro expresamos la misma sed, la sed de justicia, el mismo clamor: tierra, techo y trabajo para todos.
Agradezco a los delegados, que han llegado desde las periferias urbanas, rurales y laborales de los cinco continentes, de más de 60 países, han llegado a debatir una vez más cómo defender estos derechos que nos convocan. Gracias a los Obispos que vinieron a acompañarlos. Gracias también a los miles de italianos y europeos que se han unido hoy al cierre de este Encuentro. Gracias a los observadores y jóvenes comprometidos con la vida pública que vinieron con humildad a escuchar y aprender. ¡Cuánta esperanza tengo en los jóvenes! Le agradezco también a Usted, Señor Cardenal Turkson, el trabajo que han hecho en el Dicasterio; y también quisiera mencionar el aporte del ex Presidente uruguayo José Mujica que está presente.
En nuestro último encuentro, en Bolivia, con mayoría de Latinoamericanos, hablamos de la necesidad de un cambio para que la vida sea digna, un cambio de estructuras; también de cómo ustedes, los movimientos populares, son sembradores de cambio, promotores de un proceso en el que confluyen millones de acciones grandes y pequeñas encadenadas creativamente, como en una poesía; por eso quise llamarlos “poetas sociales”; y también enumeramos algunas tareas imprescindibles para marchar hacia una alternativa humana frente a la globalización de la indiferencia: 1. poner la economía al servicio de los pueblos; 2. construir la paz y la justicia; 3. defender la Madre Tierra.
Ese día, en la voz de una cartonera y de un campesino, se dio lectura a las conclusiones, los diez puntos de Santa Cruz de la Sierra, donde la palabra cambio estaba preñada de gran contenido, estaba enlazada a cosas fundamentales que ustedes reivindican: trabajo digno para los excluidos del mercado laboral; tierra para los campesinos y pueblos originarios; vivienda para las familias sin techo; integración urbana para los barrios populares; erradicación de la discriminación, de la violencia contra la mujer y de las nuevas formas de esclavitud; el fin de todas las guerras, del crimen organizado y de la represión; libertad de expresión y comunicación democrática; ciencia y tecnología al servicio de los pueblos. Escuchamos también cómo se comprometían a abrazar un proyecto de vida que rechace el consumismo y recupere la solidaridad, el amor entre nosotros y el respeto a la naturaleza como valores esenciales. Es la felicidad de «vivir bien» lo que ustedes reclaman, la «vida buena», y no ese ideal egoísta que engañosamente invierte las palabras y nos propone la «buena vida».
Quienes hoy estamos aquí, de orígenes, creencias e ideas diversas, tal vez no estemos de acuerdo en todo, seguramente pensamos distinto en muchas cosas, pero ciertamente coincidimos en estos puntos.
Supe también de encuentros y talleres realizados en distintos países donde multiplicaron los debates a la luz de la realidad de cada comunidad. Eso es muy importante porque las soluciones reales a las problemáticas actuales no van a salir de una, tres o mil conferencias: tienen que ser fruto de un discernimiento colectivo que madure en los territorios junto a los hermanos, un discernimiento que se convierte en acción transformadora «según los lugares, tiempos y personas» como diría san Ignacio. Si no, corremos el riesgo de las abstracciones, de «los nominalismos declaracionistas que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades». (Carta al Presidente de la Pontificia Comisión Para América Latina, 19 de marzo de 2016). Son slogans. El colonialismo ideológico globalizante procura imponer recetas supraculturales que no respetan la identidad de los Pueblos. Ustedes van por otro camino que es, al mismo tiempo, local y universal. Un camino que me recuerda cómo Jesús pidió organizar a la multitud en grupos de cincuenta para repartir el pan (Cf. Homilía en la Solemnidad de Corpus Christi, Buenos Aires, 12 de junio de 2004).
Recién pudimos ver el video que han presentado a modo de conclusión de este tercer Encuentro. Vimos los rostros de ustedes en los debates sobre qué hacer frente a «la inequidad que engendra violencia». Tantas propuestas, tanta creatividad, tanta esperanza en la voz de ustedes que tal vez sean los que más motivos tienen para quejarse, quedar encerrados en los conflictos, caer en la tentación de lo negativo. Pero, sin embargo, miran hacia adelante, piensan, discuten, proponen y actúan. Los felicito, los acompaño, y les pido que sigan abriendo caminos y luchando. Eso me da fuerza, eso nos da fuerza. Creo que este dialogo nuestro, que se suma al esfuerzo de tantos millones que trabajan cotidianamente por la justicia en todo el mundo, va echando raíces.
Quisiera tocar algunos temas más específicos, que son los que he recibido de ustedes, que me han hecho reflexionar y los devuelvo en este momento.

Primero: el terror y los muros. 

Sin embargo, esa germinación que es lenta, que tiene sus tiempos como toda gestación, está amenazada por la velocidad de un mecanismo destructivo que opera en sentido contrario. Hay fuerzas poderosas que pueden neutralizar este proceso de maduración de un cambio que sea capaz de desplazar la primacía del dinero y coloque nuevamente en el centro al ser humano, al hombre y la mujer. Ese «hilo invisible» del que hablamos en Bolivia, esa estructura injusta que enlaza a todas las exclusiones que ustedes sufren, puede endurecerse y convertirse en un látigo, un látigo existencial que, como en el Egipto del Antiguo Testamento, esclaviza, roba la libertad, azota sin misericordia a unos y amenaza constantemente a otros, para arriar a todos como ganado hacia donde quiere el dinero divinizado.
¿Quién gobierna entonces? El dinero ¿Cómo gobierna? Con el látigo del miedo, de la inequidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en una espiral descendente que parece no acabar jamás. ¡Cuánto dolor y cuánto miedo! Hay -lo dije hace poco-, hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera. De ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de estado y lo que erróneamente algunos llaman terrorismo étnico o religioso, pero ningún pueblo, ninguna religión es terrorista. Es cierto, hay pequeños grupos fundamentalistas en todos lados. Pero el terrorismo empieza cuando «has desechado la maravilla de la creación, el hombre y la mujer, y has puesto allí el dinero» (Conferencia de prensa en el Vuelo de Regreso del Viaje Apostólico a Polonia, 31 de julio de 2016). Ese sistema es terrorista.
Hace casi cien años, Pío XI preveía el crecimiento de una dictadura económica mundial que él llamó «imperialismo internacional del dinero». (Carta Enc. Quadragesimo Anno, 15 de mayo de 1931, 109). ¡Estoy hablando del año 1931! El aula en la que estamos ahora se llama “Paolo VI”, y fue Pablo VI quien denunció hace casi cincuenta años la «nueva forma abusiva de dictadura económica en el campo social, cultural e incluso político» (Carta Ap. Octogesima adveniens, 14 de mayo de 1971, 44). Son palabras duras pero justas de mis antecesores que avizoraron el futuro. La Iglesia y los profetas dijeron, hace milenios, lo que tanto escandaliza que repita el Papa en este tiempo cuando todo aquello alcanza expresiones inéditas. Toda la doctrina social de la Iglesia y el magisterio de mis antecesores se rebelan contra el ídolo-dinero que reina en lugar de servir, tiraniza y aterroriza a la humanidad.
Ninguna tiranía, ninguna tiranía se sostiene sin explotar nuestros miedos. Esto es clave. De ahí que toda tiranía sea terrorista. Y cuando ese terror, que se sembró en las periferias, son con masacres, saqueos, opresión e injusticia, explota en los centros con distintas formas de violencia, incluso con atentados odiosos y cobardes, los ciudadanos que aún conservan algunos derechos son tentados con la falsa seguridad de los muros físicos o sociales. Muros que encierran a unos y destierran a otros. Ciudadanos amurallados, aterrorizados, de un lado; excluidos, desterrados, más aterrorizados todavía, del otro. ¿Es esa la vida que nuestro Padre Dios quiere para sus hijos?
Al miedo se lo alimenta, se lo manipula… Porque el miedo, además de ser un buen negocio para los mercaderes de las armas y de la muerte, nos debilita, nos desequilibra, destruye nuestras defensas psicológicas y espirituales, nos anestesia frente al sufrimiento ajeno y al final nos hace crueles. Cuando escuchamos que se festeja la muerte de un joven que tal vez erró el camino, cuando vemos que se prefiere la guerra a la paz, cuando vemos que se generaliza la xenofobia, cuando constatamos que ganan terreno las propuestas intolerantes; detrás de esa crueldad que parece masificarse está el frío aliento del miedo. Les pido que recemos por todos los que tienen miedo, recemos para que Dios les dé el valor y que en este año de la misericordia podamos ablandar nuestros corazones. La misericordia no es fácil, no es fácil… requiere coraje. Por eso Jesús nos dice: «No tengan miedo» (Mt 14,27), pues la misericordia es el mejor antídoto contra el miedo. Es mucho mejor que los antidepresivos y los ansiolíticos. Mucho más eficaz que los muros, las rejas, las alarmas y las armas. Y es gratis: es un don de Dios.
Queridos hermanos y hermanas: todos los muros caen. Todos. No nos dejemos engañar. Como han dicho ustedes: «Sigamos trabajando para construir puentes entre los pueblos, puentes que nos permitan derribar los muros de la exclusión y la explotación» (Documento Conclusivo del II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, 11 de julio de 2015, Cruz de la Sierra, Bolivia). Enfrentemos el Terror con Amor.

El segundo punto que quisiera tocar es: El amor y los puentes.

Un día como hoy, un sábado, Jesús hizo dos cosas que, nos dice el Evangelio, precipitaron la conspiración para matarlo. Pasaba con sus discípulos por un campo, un sembradío. Los discípulos tenían hambre y comieron las espigas. Nada se nos dice del «dueño» de aquel campo… subyacía el destino universal de los bienes. Lo cierto es que frente al hambre, Jesús priorizó la dignidad de los hijos de Dios sobre una interpretación formalista, acomodaticia e interesada de la norma. Cuando los doctores de la ley se quejaron con indignación hipócrita, Jesús les recordó que Dios quiere amor y no sacrificios, y les explicó que el sábado está hecho para el ser humano y no el ser humano para el sábado (cf. Mc 2,27). Enfrentó al pensamiento hipócrita y suficiente con la inteligencia humilde del corazón (cf. Homilía, I Congreso de Evangelización de la Cultura, Buenos Aires, 3 de noviembre de 2006), que prioriza siempre al ser humano y rechaza que determinadas lógicas obstruyan su libertad para vivir, amar y servir al prójimo.
Y después, ese mismo día, Jesús hizo algo «peor», algo que irritó aún más a los hipócritas y soberbios que lo estaban vigilando porque buscaban alguna excusa para atraparlo. Curó la mano atrofiada de un hombre. La mano, ese signo tan fuerte del obrar, del trabajo. Jesús le devolvió a ese hombre la capacidad de trabajar y con eso le devolvió la dignidad. Cuántas manos atrofiadas, cuantas personas privadas de la dignidad del trabajo, porque los hipócritas para defender sistemas injustos, se oponen a que sean sanadas. A veces pienso que cuando ustedes, los pobres organizados, se inventan su propio trabajo, creando una cooperativa, recuperando una fábrica quebrada, reciclando el descarte de la sociedad de consumo, enfrentando las inclemencias del tiempo para vender en una plaza, reclamando una parcela de tierra para cultivar y alimentar a los hambrientos, cuando hacen esto están imitando a Jesús porque buscan sanar, aunque sea un poquito, aunque sea precariamente, esa atrofia del sistema socioeconómico imperante que es el desempleo. No me extraña que a ustedes también a veces los vigilen o los persigan y tampoco me extraña que a los soberbios no les interese lo que ustedes digan.
Jesús, ese sábado, se jugó la vida porque después de sanar esa mano, fariseos y herodianos (cf. Mc 3,6), dos partidos enfrentados entre sí, que temían al pueblo y también al imperio, hicieron sus cálculos y se confabularon para matarlo. Sé que muchos de ustedes se juegan la vida. Sé -lo quiero recordar, la quiero recordar- que algunos no están hoy acá porque se jugaron la vida… pero no hay mayor amor que dar la vida. Eso nos enseña Jesús.
Las «3-T», ese grito de ustedes que hago mío, tiene algo de esa inteligencia humilde pero a la vez fuerte y sanadora. Un proyecto-puente de los pueblos frente al proyecto-muro del dinero. Un proyecto que apunta al desarrollo humano integral. Algunos saben que nuestro amigo el Cardenal Turkson está presidiendo ahora el Dicasterio que lleva ese nombre: Desarrollo Humano Integral. Lo contrario al desarrollo, podría decirse, es la atrofia, la parálisis. Tenemos que ayudar para que el mundo se sane de su atrofia moral. Este sistema atrofiado puede ofrecer ciertos implantes cosméticos que no son verdadero desarrollo: crecimiento económico, avances técnicos, mayor «eficiencia» para producir cosas que se compran, se usan y se tiran englobándonos a todos en una vertiginosa dinámica del descarte… pero este mundo no permite el desarrollo del ser humano en su integralidad, el desarrollo que no se reduce al consumo, que no se reduce al bienestar de pocos, que incluye a todos los pueblos y personas en la plenitud de su dignidad, disfrutando fraternalmente de la maravilla de la Creación. Ese es el desarrollo que necesitamos: humano, integral, respetuoso de la Creación, de esta casa común.

Otro punto es: La bancarrota y el salvataje.

Queridos hermanos, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre otros dos temas que, junto a las «3-T» y la ecología integral, fueron centrales en vuestros debates de los últimos días y son centrales en este tiempo histórico.
Sé que dedicaron una jornada al drama de los migrantes, refugiados y desplazados. ¿Qué hacer frente a esta tragedia? En el Dicasterio que tiene a su cargo el Cardenal Turkson hay un departamento para la atención de esas situaciones. Decidí que, al menos por un tiempo, ese departamento dependa directamente del Pontífice, porque aquí hay una situación oprobiosa, que sólo puedo describir con una palabra que me salió espontáneamente en Lampedusa: vergüenza.
Allí, como también en Lesbos, pude sentir de cerca el sufrimiento de tantas familias expulsadas de su tierra por razones económicas o violencias de todo tipo, multitudes desterradas –lo he dicho frente a las autoridades de todo el mundo– como consecuencia de un sistema socioeconómico injusto y de los conflictos bélicos que no buscaron, que no crearon quienes hoy padecen el doloroso desarraigo de su suelo patrio sino más bien muchos de aquellos que se niegan a recibirlos.
Hago mías las palabras de mi hermano el Arzobispo Jeronimos de Grecia: «Quien ve los ojos de los niños que encontramos en los campos de refugiados es capaz de reconocer de inmediato, en su totalidad, la “bancarrota” de la humanidad» (Discurso en el Campo de refugiados de Moria, Lesbos, 16 de abril de 2016) ¿Qué le pasa al mundo de hoy que, cuando se produce la bancarrota de un banco de inmediato aparecen sumas escandalosas para salvarlo, pero cuando se produce esta bancarrota de la humanidad no hay casi ni una milésima parte para salvar a esos hermanos que sufren tanto? Y así el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio, y no sólo el Mediterráneo… tantos cementerios junto a los muros, muros manchados de sangre inocente. Durante los días de este encuentro, lo decían en el vídeo: ¿Cuántos murieron en el Mediterráneo?
El miedo endurece el corazón y se transforma en crueldad ciega que se niega a ver la sangre, el dolor, el rostro del otro. Lo dijo mi hermano el Patriarca Bartolomé: «Quien tiene miedo de vosotros no os ha mirado a los ojos. Quien tiene miedo de vosotros no ha visto vuestros rostros. Quien tiene miedo no ve a vuestros hijos. Olvida que la dignidad y la libertad trascienden el miedo y trascienden la división. Olvida que la migración no es un problema de Oriente Medio y del norte de África, de Europa y de Grecia. Es un problema del mundo» (Discurso en el Campo de refugiados de Moria, Lesbos, 16 de abril de 2016).
Es, en verdad, un problema del mundo. Nadie debería verse obligado a huir de su Patria. Pero el mal es doble cuando, frente a esas circunstancias terribles, el migrante se ve arrojado a las garras de los traficantes de personas para cruzar las fronteras y es triple si al llegar a la tierra donde creyó que iba a encontrar un futuro mejor, se lo desprecia, se lo explota, incluso se lo esclaviza. Esto se puede ver en cualquier rincón de cientos de ciudades. O simplemente no se lo deja entrar.
Les pido a ustedes que hagan todo lo que puedan. Nunca se olviden que Jesús, María y José experimentaron también la condición dramática de los refugiados. Les pido que ejerciten esa solidaridad tan especial que existe entre los que han sufrido.  Ustedes saben recuperar fábricas de la bancarrota, reciclar lo que otros tiran, crear puestos de trabajo, labrar la tierra, construir viviendas, integrar barrios segregados y reclamar sin descanso como esa viuda del Evangelio que pide justicia insistentemente (cf. Lc 18,1-8). Tal vez con vuestro ejemplo y su insistencia, algunos Estados y Organismos internacionales abran los ojos y adopten las medidas adecuadas para acoger e integrar plenamente a todos los que, por una u otra circunstancia, buscan refugio lejos de su hogar.  Y también para enfrentar las causas profundas por las que miles de hombres, mujeres y niños son expulsados cada día de su tierra natal.
Dar el ejemplo y reclamar es una forma de meterse en política y esto me lleva al segundo eje que debatieron en su Encuentro: la relación entre pueblo y democracia. Una relación que debería ser natural y fluida pero que corre el peligro de desdibujarse hasta ser irreconocible. La brecha entre los pueblos y nuestras formas actuales de democracia se agranda cada vez más como consecuencia del enorme poder de los grupos económicos y mediáticos que parecieran dominarlas. Los movimientos populares, lo sé, no son partidos políticos y déjenme decirles que, en gran medida, en eso radica su riqueza, porque expresan una forma distinta, dinámica y vital de participación social en la vida pública. Pero no tengan miedo de meterse en las grandes discusiones, en Política con mayúscula y cito de nuevo a Pablo VI: «La política ofrece un camino serio y difícil―aunque no el único―para cumplir el deber grave que cristianos y cristianas tienen de servir a los demás» (Lett. Ap. Octogesima adveniens, 14 de mayo 1971, 46). O esa frase que repito tantas veces, que siempre me confundo, no sé si es de Pablo VI o de Pío XII: “La política es una de las formas más altas de la caridad, del amor”.
Quisiera señalar dos riesgos que giran en torno a la relación entre los movimientos populares y la política: el riesgo de dejarse encorsetar y el riesgo de dejarse corromper.
Primero, no dejarse encorsetar, porque algunos dicen:  la cooperativa, el comedor, la huerta agroecológica, el microemprendimiento, el diseño de los planes asistenciales… hasta ahí está bien. Mientras se mantengan en el corsé de las «políticas sociales», mientras no cuestionen la política económica o la política con mayúscula, se los tolera. Esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos a veces me parece una especie de volquete maquillado para contener el descarte del sistema. Cuando ustedes, desde su arraigo a lo cercano, desde su realidad cotidiana, desde el barrio, desde el paraje, desde la organización del trabajo comunitario, desde las relaciones persona a persona, se atreven a cuestionar las «macrorelaciones», cuando chillan, uando gritan, cuando pretenden señalarle al poder un planteo más integral, ahí ya no se lo tolera. No se lo tolera tanto porque se están saliendo del corsé, se están metiendo en el terreno de las grandes decisiones que algunos pretenden monopolizar en pequeñas castas. Así la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad, en la construcción de su destino.
Ustedes, las organizaciones de los excluidos y tantas organizaciones de otros sectores de la sociedad, están llamados a revitalizar, a refundar las democracias que pasan por una verdadera crisis. No caigan en la tentación del corsé que los reduce a actores secundarios, o peor, a meros administradores de la miseria existente. En estos tiempos de parálisis, desorientación y propuestas destructivas, la participación protagónica de los pueblos que buscan el bien común puede vencer, con la ayuda de Dios, a los falsos profetas que explotan el miedo y la desesperanza, que venden fórmulas mágicas de odio y crueldad o de un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria.
Sabemos que «mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales» (Exhort. ap. postsin. Evangelii gaudium, 202). Por eso, lo dije y lo repito: «El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las elites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio» (Discurso en el Segundo Encuentro mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 9 de julio de 2015). La Iglesia, la Iglesia también puede y debe, sin pretender el monopolio de la verdad, pronunciarse y actuar especialmente frente a «situaciones donde se tocan las llagas y el sufrimiento dramático, y en las cuales están implicados los valores, la ética, las ciencias sociales y la fe» (Discurso a la Cumbre de Jueces y Magistrados contra el Tráfico de Personas y el Crimen Organizado, Vaticano, 3 de junio de 2016). Este era el primer riesgo: el riesgo del corsé, y la invitación de meterse en la gran política.
El segundo riesgo, les decía, es dejarse corromper. Así como la política no es un asunto de los «políticos», la corrupción no es un vicio exclusivo de la política. Hay corrupción en la política, hay corrupción en las empresas, hay corrupción en los medios de comunicación, hay corrupción en las iglesias y también hay corrupción en las organizaciones sociales y los movimientos populares. Es justo decir que hay una corrupción naturalizada en algunos ámbitos de la vida económica, en particular la actividad financiera, y que tiene menos prensa que la corrupción directamente ligada al ámbito político y social. Es justo decir que muchas veces se manipulan los casos de corrupción con malas intenciones. Pero también es justo aclarar que quienes han optado por una vida de servicio tienen una obligación adicional que se suma a la honestidad con la que cualquier persona debe actuar en la vida. La vara es más alta: hay que vivir la vocación de servir con un fuerte sentido de la austeridad y la humildad. Esto vale para los políticos pero también vale para los dirigentes sociales y para nosotros, los pastores. Dije “austeridad”. Quisiera aclarar a qué me refiero con la palabra austeridad. Puede ser una palabra equívoca. Austeridad moral, austeridad en el modo de vivir, austeridad en cómo llevo adelante mi vida, mi familia. Austeridad moral y humana. Porque en el campo más científico, cientifi-económico si se quiere, o de las ciencias del mercado, austeridad es sinónimo de ajuste. A esto no me refiero. No estoy hablando de eso. 
A cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, le aconsejaría que se fije qué está pasando en su corazón y rece para que Dios lo libere de esas ataduras. Pero, parafraseando al ex Presidente latinoamericano que está por acá, el que tenga afición por todas esas cosas, por favor, no se meta en política, que no se meta en una organización social o en un movimiento popular, porque va a hacer mucho daño a sí mismo, al prójimo y va a manchar la noble causa que enarbola. Tampoco que se meta en el seminario.
Frente a la tentación de la corrupción, no hay mejor antídoto que la austeridad; esa austeridad moral y personal. Y practicar la austeridad es, además, predicar con el ejemplo. Les pido que no subestimen el valor del ejemplo porque tiene más fuerza que mil palabras, que mil volantes, que mil likes, que mil retweets, que mil videos de youtube. El ejemplo de una vida austera al servicio del prójimo es la mejor forma de promover el bien común y el proyecto-puente de las 3-T. Les pido a los dirigentes que no se cansen de practicar esa austeridad moral, personal, y les pido a todos que exijan a los dirigentes esa austeridad, la cual –por otra parte– los va a hacer muy felices.
Queridos hermanas y hermanos
La corrupción, la soberbia, el exhibicionismo de los dirigentes aumenta el descreimiento colectivo, la sensación de desamparo y retroalimenta el mecanismo del miedo que sostiene este sistema inicuo.
Quisiera, para finalizar, pedirles que sigan enfrentando el miedo con una vida de servicio, solidaridad y humildad en favor de los pueblos y en especial de los que más sufren. Se van a equivocar muchas veces, todos nos equivocamos, pero si perseveramos en este camino, más temprano que tarde, vamos a ver los frutos. E insisto, contra el terror, el mejor antídoto es el amor. El amor todo lo cura. Algunos saben que después del Sínodo de la familia escribí un documento que lleva por título Amoris Laetitia. La alegría del amor. Un documento sobre el amor en la familia de cada uno, pero también en esa otra familia que es el barrio, la comunidad, el pueblo, la humanidad.  Uno de ustedes me pidió distribuir un cuadernillo que contiene un fragmento del capítulo cuarto de ese documento. Creo que se los van a entregar a la salida. Va entonces con mi bendición. Allí hay algunos «consejos útiles» para practicar el más importante de los mandamientos de Jesús.
En Amoris Laetitia cito a un fallecido dirigente afroamericano, Martin Luther King, el cual volvía a optar por el amor fraterno aun en medio de las peores persecuciones y humillaciones. Quiero recordarlo hoy con ustedes, es decir: «Cuando te elevas al nivel del amor, de su gran belleza y poder, lo único que buscas derrotar es los sistemas malignos. A las personas atrapadas en ese sistema, las amas, pero tratas de derrotar ese sistema […] Odio por odio sólo intensifica la existencia del odio y del mal en el universo. Si yo te golpeo y tú me golpeas, y te devuelvo el golpe y tú me lo devuelves, y así sucesivamente, es evidente que se llega hasta el infinito. Simplemente nunca termina. En algún lugar, alguien debe tener un poco de sentido, y esa es la persona fuerte. La persona fuerte es la persona que puede romper la cadena del odio, la cadena del mal». Esto lo dijo en 1957 (n. 118; Sermón en la iglesia Bautista de la Avenida Dexter, Montgomery, Alabama, 17 de noviembre de 1957).
Les agradezco nuevamente su trabajo y su presencia. Quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los acompañe y los bendiga, que los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles abundantemente esa fuerza que nos mantiene en pie y nos da coraje para romper la cadena del odio: esa fuerza es la esperanza. Les pido por favor que recen por mí y los que no pueden rezar, ya saben, piénsenme bien y mándenme buena onda. Gracias.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/november/documents/papa-francesco_20161105_movimenti-popolari.html

Para seguir leyendo…

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Decálogo de Ideas Políticas del Papa Francisco

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martes, 1 de noviembre de 2016

Polémica: nuevo aumento de sueldo para diputados y senadores


En la carrera de los salarios contra la inflación de este año, los legisladores nacionales se colocan claramente en el podio de los triunfadores”, dice La Nación al inicio de una nota. “Polémica por un fuerte aumento en la dieta de diputados y senadores”, titula Clarín su artículo sobre el mismo tema. Mientras que La Izquierda Diario sentencia: “El aumento del 47 % en las dietas de diputados y senadores generó gran indignación popular”. Ojalá, agrego yo.
Según calculan algunos, “$141.000 es el monto al que podría llegar un legislador que cobra su salario más los adicionales por desarraigo y viáticos (pasajes terrestres y de avión), pudiendo canjear estos últimos por dinero en caso de no ser utilizados”. Y, por si algo le faltaba esta historia, la diputada nacional mendocina de Cambiemos, Susana Balbo, afirmó lo siguiente “deberíamos ganar el doble”.
La decisión fue tomada por los presidentes de la Cámara de Senadores, Gabriela Michetti, y de Diputados, Emilio Monzó, ambos de Cambiemos, la Alianza gobernante.

Y vos, ¿qué pensas sobre este nuevo aumento salarial de nuestros legisladores nacionales?.

Dijo la legisladora Balbo: “Si yo lo comparara con los sueldos que tienen personas que están en mi empresa, que tienen mucha menos responsabilidad que la de un diputado que está legislando para el país, deberíamos ganar el doble”. Lo que omitió hacer fue compararlo con los sueldos de la mayoría de los trabajadores que habitan nuestro país. ¿Y si los gerentes ganasen menos? ¿Y si los docentes, los médicos, y tantos otros, ganasen más?. Estamos criticando el sistema, de base.
En febrero de 2012 ya se había vivido una polémica similar. En aquella oportunidad escribí un artículo titulado “Aumento a Diputados y Senadores Nacionales”. Allí decía: “Desde un lado se habla de polémico aumento, irritante, al decir que los legisladores se aumentaron la dieta en un 100%. Se critica el hecho de que sea en un contexto de ajuste, de quita de subsidios, y negando la inflación. Se cuestiona la desproporción con los aumentos a negociar en las paritarias de los trabajadores. Y los opinadores amateurs, influenciados por los opinadores pagos, no hacen más que quejarse e indignarse, repartiendo insulto a mansalva. Reaparece, o resurge, el discurso antipolítico”.
Estamos hablando de legisladores nacionales. Un diputado es un representante del Pueblo, elegido por el Pueblo. Los legisladores nacionales pueden sancionar leyes, dejar de sancionarlas, o derogarlas, y con ese simple voto pueden hacer felices a millones de personas o arruinar sus vidas.
Y bueno, me dice uno, esos tipos no laburan nunca, se la afanan toda, y no hacen nada por la gente. Eso ya es otra cosa. Y quizás ahí debemos poner el eje del debate. No importa si poco más de 300 tipos se suben el sueldo unos quince mil pesos cada uno por mes. Dentro del presupuesto es un porcentaje ínfimo. El problema es que los actuales diputados y senadores nacionales, en su gran mayoría, no se la merecen, no se la ganan, y su trabajo realizado no lo vale. Pero esto es de todos los días. Y nos tenemos que indignar, reaccionar y accionar, más allá de una tapa oportuna de Clarín o un título interesado de TN.
Los legisladores nacionales, en su mayoría, no representan a nadie. ¿Y por qué llegan ellos?. ¿Y por qué los terminamos votando?. Hoy, lamentablemente, difícilmente pueda hacer política partidaria con chanches reales de acceder a un cargo electivo el que no tiene plata. Ahora, imaginémonos que algún día llegase un laburante, de esos que hoy hacen malabares para llegar a fin de mes con su familia, y que trae propuestas posibles, realizables, por el bien del Pueblo...
Y no quiero caer en esos pensamientos que también se escucharon estos días: “un sueldo alto evita la corrupción”. El corrupto lo es con sueldo bajo o con sueldo alto, aunque lo que pueden variar son las tentaciones. Es cierto que lo que tiene que caer mal no es el aumento sino las coimas, como dijo algún diputado. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

Indigna que los diputados y senadores nacionales se aumenten el sueldo a sí mismos, en un porcentaje tan elevado, desproporcionado con respecto a las paritarias de los trabajadores, ganando 10 a 12 veces lo que cobra un docente, en un contexto de ajuste, de aumento de la desocupación, de incremento de la pobreza, de tarifazos… Indigna.

Entonces, ¿qué alternativas existen?.
Miriam Bregman, diputada nacional, declara: “Desde el primer día que llegamos al Congreso con mi compañero Nicolás del Caño presentamos un proyecto para que los diputados cobren el equivalente a un sueldo docente. Eso hacemos los diputados del PTS-FIT, y además destinamos el excedente al apoyo a las luchas de los trabajadores y causas populares”. Ese excedente, en realidad, se utiliza muchas veces para su campaña partidaria. Dinero de la política financiando la política (como hacen también, por ejemplo, los legisladores de La Cámpora que destinan un porcentaje a su organización).
Por su parte, el legislador porteño de Bien Común, Gustavo Vera, lleva devuelto a diferentes organizaciones de la sociedad civil, ante escribano público, la suma de $860.000 pesos de su salario, a lo largo de los 34 meses de su mandato. “De esa manera, Vera cumplió con una de sus promesas de campaña que era la de quedarse con el salario de un director de escuela y devolver el resto del dinero como legislador a diferentes organizaciones educativas, deportivas, culturales, sindicales y sociales”. Como le dijo el Papa Francisco en una carta: "es un ejemplo de coherencia: hacer lo que se dice; la palabra hecha obra concreta... es un indicador de austeridad de vida y actitud, que nos acerca a los más necesitados y nos defiende de la anestesia de la abundancia".
PODEMOS, en España, propone el Programa Impulsa que "nace con el fin de constituirse como una herramienta que permita el desarrollo de proyectos innovadores con proyección social. IMPULSA se financia gracias al excedente de los cargos públicos electos de Podemos quienes entienden que hacer política debe ser un servicio para la sociedad y no una forma de hacer dinero, y asumen el compromiso de tener un límite salarial de tres salarios mínimos interprofesionales. La tercera edición de IMPULSA, además de estar abierta a la presentación de iniciativas con proyección social promovidas por entidades sin ánimo de lucro, incorpora una categoría nueva: el programa Hacemos. Dentro de esta categoría se podrán presentar los proyectos que los Círculos y los Consejos Ciudadanos Municipales de Podemos desarrollen en sus barrios y municipios, con el objetivo de acercarnos a las necesidades de la sociedad, dar una respuesta colectiva y tejer redes con diferentes colectivos y con la ciudadanía organizada".

También es cierto que podría revisarse el tema de los pasajes que se reparten (uso que se le da, cantidad, prohibición de canjearlo por dinero), ya que termina siendo un aumento indirecto, en negro. ¿Cuánto debería cobrar por desarraigo?. ¿Cómo regular su estadía fuera de donde vive por mandato popular durante el tiempo que represente a su pueblo?. Y, por decirlo algo más entre tantas cosas, aplicar descuentos por ausentismo como en cualquier otro trabajo.Siempre hablando del Poder Legislativo, pero sin olvidarnos del Ejecutivo y el Judicial...

Para ir finalizando, me pregunto: si un diputado o senador nacional honrase su trabajo y lograse que se sancionen leyes que eviten el endeudamiento público sideral que fomentan desde organismos internacionales, o que no permitan la transferencia de ingresos de los sectores vulnerables a los más poderosos, o, mejor aún, logre que avancen iniciativas legislativas que mejoran la calidad de vida de millones de personas, que generen trabajo digno, mayor poder adquisitivo en la gente, acceso a una vivienda, a la educación, a la salud… ¿acaso no estaríamos de acuerdo en que tiene más que merecido el actual salario?. Así y todo, quizás por ejemplaridad, ese mismo legislador proponga bajarse el sueldo... 

Pero sucede que solo excepcionalmente llegan a esos cargos aquellos que viven el día a día como nosotros. Suelen llegar los de siempre, la clase dirigente, la elite, la jerarquía, la casta, los de arriba, los que siempre ganan y nunca pierden... Por eso vuelvo a preguntarme: Si queremos obtener resultados diferentes, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?.

viernes, 28 de octubre de 2016

Una nueva oportunidad...


Si queremos obtener resultados diferentes, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?. Nuestro querido país ha sido gobernado por los militares, y nos fue muy mal. También fuimos gobernados por los llamados dirigentes políticos y, con sus matices, seguimos disconformes. Ahora son los empresarios, los CEOs, los que están en el gobierno, y vemos que las cosas empeoran o, de mínima, no mejoran como esperábamos.
Si queremos obtener resultados diferentes, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?. Hasta ahora nos han gobernado personas que no viven el día a día como nosotros. No les pasó llegar con lo justo a fin de mes, o ni siquiera llegar. No pasaron hambre, frío, y ni siquiera saben lo que es vivir alquilando (quizás conocen lo que es vivir gracias a los alquileres, o la renta financiera). Nunca tuvieron que hacer fila en un hospital público, o pelear una vacante en una escuela. No saben lo que es hacer las cuentas para poder pagar las cuentas, y por eso no entienden si uno reclama por un tarifazo.
No estoy proponiendo la antipolítica, y ni siquiera postulo la no política. Lejos de mí. Estoy convencido que los problemas que nos golpean como sociedad (corrupción, inflación, inseguridad, desocupación, pobreza, etc.) se resuelven con más (y mejor) política. Pero una política encarnada por políticos honestos que sean verdaderos representantes del sentir popular. Ciudadanos haciendo política. Política como vocación de servicio al pueblo, como búsqueda, construcción del bien común. La gente haciendo política con la gente. No los de siempre, la clase dirigente, la elite, la jerarquía, la casta, los de arriba, los que siempre ganan y nunca pierden, sino los que día a día nos esforzamos por hacer de nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país un lugar mejor para nosotros, nuestros padres, nuestros hijos, nuestras parejas, nuestros abuelos, nuestros nietos, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros conciudadanos… en fin, para todos.
Si queremos obtener resultados diferentes, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?. Mientras el pesimista es un mero espectador de la tragedia humana, el optimista es el verdadero actor que a través de un compromiso de trabajo con la realidad, transformará las lágrimas y las angustias momentáneas, propias y ajenas. Llegó el momento de pasar de la protesta a la propuesta. Sabemos que en nuestras manos no están las soluciones a todos los problemas, pero frente a todos los problemas tenemos que poner y ofrecer nuestras manos. No podemos construir una Nación diferente con un Pueblo indiferente.
Si queremos obtener resultados diferentes, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?. Hay una nueva oportunidad. Generar una política donde se viva la cultura del encuentro, desde el diálogo respetuoso, alejándonos de fanatismos que se benefician del conflicto y atentan contra la unidad que construye.
Es innegable el descreimiento hacia la clase política, la crisis de representatividad. Hace quince años pedimos "que se vayan todos" pero muy pocos se animaron a jugarse y meterse, implicarse y complicarse. Llegó el momento de dejar la queja destructiva y pasar al aporte constructivo. Se puede ser joven, honesto, trabajador, buscar el bien común, meterse en política y llegar sin traicionar los propios principios. Sí, se puede. Podemos.
Si queremos obtener resultados diferentes, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?. Llegó el momento de cambiar. Llegó el momento de cambiar para mejor. Cambiemos. Podemos. ¡Animate!. Hay una nueva oportunidad…