viernes, 1 de septiembre de 2006

Sí a la Vida 0

Comienzo diciendo que, cronológicamente, este es el cuarto artículo de la serie aunque hoy, tiempo después de haber escrito el tercero, considero que debe ir al inicio. En el desarrollo de los artículos se comprenderá el porqué.
Quiero comenzar por reconocer que difícilmente encontremos a alguien que diga no estar a favor de la vida. El problema es discernir de qué vida, desde cuándo y cómo. Por eso me gustaría, en un principio, enumerar aquellos puntos que no generan conflicto y sobre los cuales todos, o la gran mayoría, podemos estar de acuerdo.
En primer lugar tenemos que decir que el aborto no es una solución alegre, que se decide así nomás y que no afecta a nadie. Las mujeres que deciden abortar, incluso convencidas, no lo hacen por placer ni como una elección más. Nadie quiere abortar como proyecto de vida. Si se llega a esa situación es porque hay algo más que no podemos dejar de lado al evaluar la situación, y que muchos grupos pro-vida (no todos) parecen no tener en cuenta.
Por otro lado tenemos que contextualizar el aborto, pensando no sólo en el ser humano concebido, sino también en la mujer que lo lleva en el vientre. Después veremos quién es más indefenso, pero desde el comienzo no debemos olvidar que hay, por lo menos, dos vidas en juego: la mujer y la niña o niño por nacer; la madre y su hija o hijo. Y hay que pensar en los dos, no sólo en el ser humano no nato, algo que muchas organizaciones antiabortistas olvidan. Obviamente que pensar en los dos implica que tampoco hay que pensar solamente en la mujer embarazada.
Si por abortos clandestinos muere determinada cantidad de mujeres por año en Argentina, tengamos en cuenta que en realidad están muriendo muchos más seres humanos por el aborto en general, ya que no debemos olvidarnos de sus hijas e hijos y de las hijas e hijos de aquellas madres que no mueren. Pero, ¿cuál es la solución?. ¿El aborto legal?. ¿No será mejor evitar por todos los medios posibles que haya aborto?.
Por un lado es fundamental trabajar fuertemente en la prevención de embarazos no deseados, sin ignorar la contención y acompañamiento de la mujer una vez que este se ha producido. Necesitamos realmente una educación sexual integral, articulando la responsabilidad de las familias y el rol de las escuelas.
También deberíamos hacer cumplir el Código Penal. ¿O acaso es tan difícil saber dónde funcionan las clínicas clandestinas?. Igualmente sabemos que este problema no se soluciona con el Código Penal, lo que a su vez no implica que todo lo que no puede resolverse por este medio deba ser legalizado.
Con respecto a las estadísticas, pido que seamos serios. Primero no olvidemos nunca que detrás de los números hay personas, y eso se aplica a todos. Pero, aclarado esto, solicito que no se manipule la información. Por ser el aborto ilegal no existen datos oficiales sobre el tema. Igualmente sería interesante saber cuántos abortos se producen por año en Argentina; cuántos de manera clandestina y cuántos en clínicas privadas (que deberíamos clausurar y poner presos a dueños y empleados); cuántas mujeres mueren (en ambos “sistemas”); cuántas mujeres quedan con un síndrome post-aborto y el consiguiente daño psicológico; y tantos otros datos que nos permitirían poder opinar con más fundamento.
En cuanto al criterio para ver desde cuándo se puede abortar, algunos marcan como límite la formación del sistema nervioso. El criterio sería el mismo que para la muerte clínica: vida cerebral (o no). La diferencia que parecen no observar es que mientras la muerte cerebral, hoy por hoy, es irreversible, el embrión está en formación y, en caso de no ser eliminado, llegará a tener vida cerebral (más allá de que la segunda semana se inicia su desarrollo). Esto no quita que pueda rediscutirse el criterio en sí, y revisar si realmente esta es la barrera entre lo humano y lo no humano.
Se dice que el aborto clandestino tiene cara de mujer, joven y pobre. ¿Y qué tal si el Estado se hace cargo de que no haya pobres?. Es mucho más fácil evitar que sigan naciendo pobres, eliminándolos dentro del útero. Pareciera, en cierto punto, un problema de visibilidad. Algunos dicen que los provida se preocupan por el chico antes de nacer pero no después. Más grave me parece los que ni siquiera se ocupan después, mientras proponen deshacerse de ellos antes de que nazcan. No seamos simplistas ni tendenciosos. Hay que ocuparse de las niñas y de los niños siempre. Antes de nacer y también, obviamente, después.
Algunas personas vinculan temas tales como aborto, anticoncepción, matrimonio homosexual y reivindicaciones de género. Más allá de que algunos vean una línea que los une, o que ciertos grupos defienden o atacan el paquete completo, son temas cualitativamente diferentes. En el caso del aborto estamos hablando de defender la vida humana desde el inicio, condición sine qua non para poder hablar del resto de los temas nombrados, y todos los que se nos ocurran. Si no lo dejamos vivir, mal podemos exigir que se respeten sus derechos o supuestos derechos.
No quiero dejar de decir que el aborto es un gran negocio. Hay muchos intereses detrás, y de los más espurios. Esto no implica que todos los que permitirían un aborto en determinadas situaciones tengan otros intereses o formen parte de ese comercio. Igualmente siempre es bueno revisar para quiénes somos funcionales. Es un elemento más, no concluyente, para reflexionar sobre la temática.
También deberíamos reflexionar sobre la definición de persona. Es un concepto discutible dentro de lo jurídico o filosófico. Pero sin entrar en esa discusión, podemos afirmar que ningún científico serio pone en duda que hay un nuevo ser humano desde el momento de la concepción. Nadie. Desde lo biológico, ya hay un nuevo código genético distinto al de sus padres y que evidentemente pertenece a la especie humana. Y todo ser humano, por el sólo hecho de ser humano, tiene derechos humanos. Son inalienables, universales y debieran ser inviolables.
Pero a esto debemos agregarle que, según nuestro marco jurídico, el nasciturus (el por nacer, según la exacta expresión del Derecho Romano) debe ser protegido. Sobre este tema me explayaré en el quinto artículo de esta serie, debido a la importancia que tiene en la discusión sobre la legalización o no, despenalización o no, del aborto
Por último quisiera dejar en claro que este tema, pese a ser polémico, o por eso mismo, debiera debatirse en profundidad y con seriedad. No sirve de nada “marcar la cancha”, simplificar, polarizar, demonizar, si lo que realmente se busca es lo mejor para las mujeres, sus hijas e hijos y la sociedad toda; es decir, el bien común.