La foto que encabeza este posteo guarda ese fuego. Es de la Marcha Federal Universitaria del 2024: encontrarnos en medio de la calle, abrazarnos en esa multitud, y saber que estábamos militando juntos por la educación, por un país mejor para todas y todos. Hace poco la reprimieron en una protesta en la puerta del Joaquín, su profesorado. Pero ahí sigue, poniendo el cuerpo con una dignidad que me conmueve.
Verla abrazar la docencia es un regalo diario. Compartir mates hablando de planificar clases, que me cuente cómo resolvió tal o cual situación en el aula, y revivir aquellos días en que nos tocó cruzarnos como docentes en los mismos pasillos de una misma escuela. Compartimos vocación y pasión, pero Lu le pone una dedicación y un vuelo que a mí me desarman.
Hay un rumbo que nos sostiene desde siempre: ser felices y valiosos, haciendo que la vida sea mejor para otros. Para el Día del Padre me regaló una carta donde escribió: «PD: Estoy usando mucho los puntos suspensivos, ya soy vos». Quise decirle: «Lu, no sos yo. Sos más que yo. Porque logras mucho mejor lo que siempre te deseo: ser feliz y valiosa, a pesar de…».
Cuando se descubre parecida a mí, o hace algo que haría yo, se ríe y suele decir «soy hija de mi padre» (marcando el camino andado, con sus aciertos… y también mis errores). Cuando brilla con luz propia, me guiña el ojo y tira un «soy crack, pá». Y es que el sentido más hondo de acompañar, criar y educar es ese: que el discípulo supere al maestro y camine infinitamente más lejos.
Lu: no solo sos crack. Sos un orgullo, un ejemplo y una lección cotidiana. Y tu vieja te sonríe desde el Cielo. Gracias por tanto.


