domingo, 10 de junio de 2018

¿Es cierto que se vota una Ley de “Aborto” irrestricto y a simple petición?

Hay muchísima desinformación con respecto a la propuesta de Ley que se estaría votando este próximo miércoles 13/6. Y la más preocupante es que muchas personas (legisladores, periodistas, ciudadanos) manifiestan explícitamente no estar de acuerdo con los alcances de la Ley, pero piensan que el texto normativo que está en discusión dice otra cosa diferente.
Con la redacción del proyecto original de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, pero también con el pre-dictamen que se leyó en la última reunión plenaria de las comisiones en Diputados, sucede lo siguiente: se habilita la interrupción voluntaria del embarazo, de manera irrestricta, a simple petición.
Algunas personas están de acuerdo con eso, y militan por eso. No comparto, pero respeto su postura. Eso sí: digan toda la verdad. El problema es cuando se manipula desde lo comunicacional para sumar apoyos, votos. Lo que pedimos es información para decidir...
El último texto difundido dice, en su artículo 3°, lo siguiente: “Se garantiza el derecho a acceder a la interrupción voluntaria del embarazo con el solo requerimiento de la mujer o persona gestante hasta la semana catorce (14), inclusive, del proceso gestacional. Fuera del plazo dispuesto, se garantiza el derecho de la mujer o persona gestante a acceder a la interrupción voluntaria del embarazo en los siguientes casos...”. Y, como inciso b), agrega: “si estuviera en riesgo la vida o la salud de la mujer o persona gestante, considerada como derecho humano”.
El Protocolo para la Interrupción Legal del Embarazo, en su punto 3.1, desarrolla el llamado “causal salud”. Allí retoma la definición de la Organización Mundial de la Salud: completo estado de bienestar físico, psíquico y social, y no solamente la ausencia de enfermedades o afecciones”. Y, a continuación, detalla pautas para interpretarla. Y cito: “El peligro para la salud debe ser entendido como la posibilidad de afectación de la salud. No requiere la constatación de una enfermedad y, en este sentido, no debe exigirse tampoco que el peligro sea de una intensidad determinada. Bastará con la potencialidad de afectación de la salud de la mujer para determinar el encuadre como causal de no punibilidad para el aborto. La salud es un concepto integral que tiene tres dimensiones: física, mental-emocional y social, de acuerdo a lo establecido por la OMS. La afectación de la salud mental puede resultar en un trastorno mental grave o una discapacidad absoluta, pero incluye también el dolor psicológico y el sufrimiento mental asociado con la pérdida de la integridad personal y la autoestima. El concepto de peligro no exige la configuración de un daño, sino su posible ocurrencia. La decisión de la mujer sobre qué tipo de peligro está dispuesta a correr debe ser el factor determinante en la decisión de requerir la realización de una ILE”.
Toda persona gestante, en base a su decisión de lo que puede llegar a considerar una posible afectación de su salud mental, emocional, psíquica y/o social va a poder interrumpir voluntariamente su embarazo. ¿Y si considera que puede afectar su salud psíquica, emocional, que su hijo nazca con alguna discapacidad o determinada condición genética? ¿Y si considera que puede afectar su salud social tener que alimentar una hija más? ¿Acaso no podemos argumentar que todo embarazo puede afectar nuestra salud en estos términos? Estas son algunas de las muchas preguntas que ponen de manifiesto cómo se abre la puerta al desprecio por la vida humana, a la cultura del descarte, con esta ley que pretenden aprobar.
En conclusión, en la sesión del miércoles 13/6 se vota, también, si como Pueblo queremos habilitar la interrupción voluntaria del embarazo, de manera irrestricta, a simple petición.. o no. Información para decidir y hacerse cargo.

ABORTO: aportes para el DEBATE...

sábado, 9 de junio de 2018

¿Qué hacer frente al drama del #Aborto?

No quiero que muera ninguna mujer pobre por aborto clandestino.
No quiero que muera ninguna mujer pobre por aborto.
No quiero que muera ninguna mujer pobre.
No quiero que muera ninguna mujer.
No quiero que muera ningún ser humano.

Si estuviese convencido de que no hay un ser humano con derecho a la vida antes de nacer, militaría a favor del aborto legal, seguro y gratuito.

Pero entonces, ¿qué hacer frente a una mujer que expresa su deseo de abortar?
    1) Contenerla. Escucharla. Acompañarla.
    2) Nunca juzgarla. Independientemente de la decisión que tome.
    3) Nunca pedir una sanción penal.
    4) Mostrarle la humanidad de la hija o el hijo que aloja en su vientre, antes de que tome la decisión.
    5) Y seguir trabajando en promoción humana, por vivienda digna, trabajo decente, salud integral, educación, etc. Independientemente de la decisión que tome.
Por eso nos invito, más allá del resultado de la votación sobre “Interrupción Voluntaria del Embarazo”, a seguir militando, trabajando, por los siguientes puntos:
a) Querer cambiar las cosas que nos parecen injustas
b) Derechos Humanos
c) Luchar contra la desigualdad (social y de género)
d) #NiUnaMenos (no a la violencia y la muerte, sí a la vida)
e) Descriminalizar a la mujer que abortó
f) Educación Sexual Integral


Desde mi punto de vista, el gran proceso cultural (con fuerte impulso foráneo) que nos lleva a desacuerdos es la deshumanización del feto. Si no lo reconozco como humano puedo quitarle derechos y, llegado el caso, eliminarlo.

Hablo de feto y no de embrión por varias razones. Algunos quieren ensuciar la discusión hablando de “Fertilización In Vitro”. El proyecto en cuestión, sin embargo, habla de “Interrupción Voluntaria del Embarazo”. Y el embarazo inicia con la implantación o anidación, no con la fecundación. Es decir, se intenta argumentar con un tema que no hace al proyecto en discusión actualmente.
Por otra parte, a partir de la 8va semana de gestación ya hablamos de feto y no de embrión. La enorme mayoría de las mujeres no tienen certeza de su embarazo (a veces ni sospecha) antes de la 8va semana. Es decir, si te hablan de embrión y no de feto, quizás quieren llevar la discusión a otro terreno donde les resulta menos difícil dar cuenta de su postura. Lo cierto es que en la gran mayoría de los casos, el aborto inducido se realiza con un feto gestándose. Y te invito, con total libertad, a buscar imágenes de un feto de 14 semanas. O de más semanas también, ya que se habilitan interrupciones del embarazo más allá de ese plazo.

ADVERTENCIA: Todo legislador que vote la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo está aprobando que se pueda de manera irrestricta y a simple petición. Más allá de lo que algunos digan, la interpretación del artículo 3°, inciso b) del pre-dictamen, la llamada "causal salud", es lo suficientemente amplia para que nada quede afuera. Para más información, lean lo que dice hoy el Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo.

Para algunos, entre los que me incluyo, cualquier criterio que elijamos va a terminar siendo un constructo filosófico y cultural. Y, por eso, en una sociedad democrática, laica y plural, lo que se puede y lo que no se puede hacer lo define la misma sociedad a través de las leyes. (Entre nos, habría que repensar el concepto de “representación” para cualquier tema que se trate, pero ahora nos excede). Y en una sociedad pluralista atravesada por distintas metafísicas y diferentes éticas, esas leyes se definen por consensos prácticos mediante mayorías circunstanciales, en procedimientos previamente definidos por otras leyes. Es así hoy y para cualquier tema que se legisle.
Entonces, si lo determina la sociedad, correr ese límite sobre la protección de la vida humana es peligroso. Un bebé recién nacido también es dependiente de la madre o, de mínima, de cualquier otro ser humano. ¿Qué impide que mañana se pueda decidir eliminarlo después de nacido? Nada. El criterio es arbitrario. Lo determina la sociedad. Y si el fundamento es la autonomía o voluntad de la persona con más edad (¿poder?), y hasta el deseo de reconocerlo/aceptarlo o no, más peligroso todavía. Hasta un día antes de nacer, el ser humano tiene derecho a la vida o no dependiendo del deseo de la persona gestante. Ni bien nace, ¿ya no tiene importancia el deseo de la madre? ¿O todavía se lo puede eliminar? Preguntas que se abren a partir de este debate. Me preocupa...
Aunque todo sea potencialmente intersubjetivo, hay que tomar posición. Arriesgar y hacerse cargo. Intentar ser coherente. Yo hago una opción. Y encuentro muchas razones para hacerlo. En la vida hay que elegir...

#ElijamosLasDosVidas #CuidemosLasDosVidas #ValeTodaVida

ABORTO: aportes para el DEBATE...

sábado, 14 de abril de 2018

Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina y El Aborto

Desde su publicación en 1971, Las Venas Abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, se transformó en un clásico de la izquierda latinoamericana.
En la obra, el autor analiza la historia del continente: la explotación económica y la dominación política a la que ha sido sometido, desde la colonización europea hasta los años setenta, época de su publicación. Esto, en el contexto de la Guerra Fría (1945-1991), y cuando se ponía en marcha la era de las dictaduras militares en América Latina.
El libro de Galeano era tan identificado con las ideologías revolucionarias y de izquierda que fue proscrito de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay mientras estos países permanecieron bajo el yugo dictatorial. Galeano estuvo preso en su país tras el golpe de 1973 y después, obligado a exiliarse: primero en Argentina y después en España”. (El País)

A continuación compartiremos unos extractos de la introducción del libro que nos pueden ayudar a seguir pensando la realidad compleja y dolorosa del aborto desde la izquierda latinoamericana, revolucionaria, nacional y popular.

La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder...
La fuerza del conjunto del sistema imperialista descansa en la necesaria desigualdad de las partes que lo forman, y esa desigualdad asume magnitudes cada vez más dramáticas. Los países opresores se hacen cada vez más ricos en términos absolutos, pero mucho más en términos relativos, por el dinamismo de la disparidad creciente...
Ciento veinte millones de niños se agitan en el centro de esta tormenta. La población de América latina crece como ninguna otra; en medio siglo se triplicó con creces. Cada minuto muere un niño de enfermedad o hambre, pero en el año 2000 habrá seiscientos cincuenta millones de latinoamericanos, y la mitad tendrá menos de quince años de edad: una bomba de tiempo.
Entre los doscientos ochenta millones de latinoamericanos que hay, a fines de 1970, cincuenta millones de desocupados o sub ocupados y cerca de cien millones de analfabetos; la mitad de los latinoamericanos vive apiñados en viviendas insalubres. Los tres mayores mercados de América Latina ⎯Argentina, Brasil y México⎯ no alcanzan a igualar, sumados, la capacidad de consumo de Francia o de Alemania occidental, aunque la población reunida de nuestros tres grandes excede largamente a la de cualquier país europeo. América Latina produce hoy día, en relación con la población, menos alimentos que antes de la última guerra mundial, y sus exportaciones per capita han disminuido tres veces, a precios constantes, desde la víspera de la crisis de 1929. El sistema es muy racional desde el punto de vista de sus dueños extranjeros y de nuestra burguesía de comisionistas, que ha vendido el alma al Diablo a un precio que hubiera avergonzado a Fausto. Pero el sistema es tan irracional para todos los demás que cuanto más se desarrolla más agudiza sus desequilibrios y sus tensiones, sus contradicciones ardientes. Hasta la industrialización, dependiente y tardía, que cómodamente coexiste con el latifundio y las estructuras de la desigualdad, contribuye a sembrar la desocupación en vez de ayudar a resolverla.
Se extiende la pobreza y se concentra la riqueza en esta región que cuenta con inmensas legiones de
brazos caídos que se multiplican sin descanso. Nuevas fábricas se instalan en los polos privilegiados
de desarrollo -Sao Paulo, Buenos Aires, la ciudad de México- pero menos mano de obra se necesita cada vez. El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo, donde el latifundio reina con sus gigantescos eriales, y sin trabajo en la ciudad, donde reinan las máquinas: el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños; porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol en estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan.
A principios de noviembre de 1968, Richard Nixon comprobó en voz alta que la Alianza para el Progreso había cumplido siete años de vida y, sin embargo, se habían agravado la desnutrición y la escasez de alimentos en América Latina. Pocos meses antes, en abril, George W. Ball escribía en Life: «Por lo menos durante las próximas décadas, el descontento de las naciones más pobres no significará una amenaza de destrucción del mundo. Por vergonzoso que sea, el mundo ha vivido, durante generaciones, dos tercios pobre y un tercio rico. Por injusto que sea, es limitado el poder de los países pobres». Ball había encabezado la delegación de los Estados Unidos a la Primera Conferencia de Comercio y Desarrollo en Ginebra, y había votado contra nueve de los doce principios generales aprobados por la conferencia con el fin de aliviar las desventajas de los países subdesarrollados en el comercio internacional.
Son secretas las matanzas de la miseria en América Latina; cada año estallan, silenciosamente, sin estrépito alguno, tres bombas de Hiroshima sobre estos pueblos que tienen la costumbre de sufrir con los dientes apretados.
Esta violencia sistemática, no aparente pero real, va en aumento: sus crímenes no se difunden en la crónica roja, sino en las estadísticas de la FAO. Ball dice que la impunidad es todavía posible, porque los pobres no pueden desencadenar la guerra mundial, pero el Imperio se preocupa: incapaz de multiplicar los panes, hace lo posible por suprimir a los comensales.
«Combata la pobreza, ¡mate a un mendigo!», garabateó un maestro del humor negro sobre un muro de la ciudad de La Paz. ¿Qué se proponen los herederos de Malthus sino matar a todos los próximos mendigos antes de que nazcan? Robert McNamara, el presidente del Banco Mundial que había sido presidente de la Ford y Secretario de Defensa, afirma que la explosión demográfica constituye el mayor obstáculo para el progreso de América Latina y anuncia que el Banco Mundial otorgará prioridad, en sus préstamos, a los países que apliquen planes para el control de la natalidad. McNamara comprueba con lástima que los cerebros de los pobres piensan un veinticinco por ciento menos, y los tecnócratas del Banco Mundial (que ya nacieron) hacen zumbar las computadoras y generan complicadísimos trabalenguas sobre las ventajas de no nacer: «Si un país en desarrollo que tiene una renta media per capita de 150 a 200 dólares anuales logra reducir su fertilidad en un 50 por ciento en un período de 25 años, al cabo de 30 años su renta per capita será superior por lo menos en un 40 por ciento al nivel que hubiera alcanzado de lo contrario, y dos veces más elevada al cabo de 60 años», asegura uno de los documentos del organismo. Se ha hecho célebre la frase de Lyndon Johnson: «Cinco dólares invertidos contra el crecimiento de la población son más eficaces que cien dólares invertidos en el crecimiento económico». Dwight Eisenhower pronosticó que si los habitantes de la tierra seguían multiplicándose al mismo ritmo no sólo se agudizaría el peligro de la revolución, sino que además se produciría «una degradación del nivel de vida de todos los pueblos, el nuestro inclusive ».
Los Estados Unidos no sufren, fronteras adentro, el problema de la explosión de la natalidad, pero se preocupan como nadie por difundir e imponer, en los cuatro puntos cardinales, la planificación familiar. No sólo el gobierno; también Rockefeller y la Fundación Ford padecen pesadillas con millones de niños que avanzan, como langostas, desde los horizontes del Tercer Mundo. Platón y Aristóteles se habían ocupado del tema antes que Malthus y McNamara; sin embargo, en nuestros tiempos, toda esta ofensiva universal cumple una función bien definida: se propone justificar la muy desigual distribución de la renta entre los países y entre las clases sociales, convencer a los pobres de que la pobreza es el resultado de los hijos que no se evitan y poner un dique al avance de la furia de las masas en movimiento y rebelión.
Los dispositivos intrauterinos compiten con las bombas y la metralla, en el sudeste asiático, en el esfuerzo por detener el crecimiento de la población de Vietnam. En América Latina resulta más higiénico y eficaz matar a los guerrilleros en los úteros que en las sierras o en las calles. Diversas misiones norteamericanas han esterilizado a millares de mujeres en la Amazonía, pese a que ésta es la zona habitable más desierta del planeta. En la mayor parte de los países latinoamericanos, la gente no sobra: falta. Brasil tiene 38 veces menos habitantes por kilómetro cuadrado que Bélgica; Paraguay, 49 veces menos que Inglaterra; Perú, 32 veces menos que Japón. Haití y El Salvador, hormigueros humanos de América Latina, tienen una densidad de población menor que la de Italia. Los pretextos invocados ofenden la inteligencia; las intenciones reales encienden la indignación. Al fin y al cabo, no menos de la mitad de los territorios de Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay y Venezuela está habitada por nadie. Ninguna población latinoamericana crece menos que la del Uruguay, país de viejos, y sin embargo ninguna otra nación ha sido tan castigada, en los años recientes, por una crisis que parece arrastrarla al último círculo de los infiernos. Uruguay está vacío y sus praderas fértiles podrían dar de comer a una población infinitamente mayor que la que hoy padece, sobre su suelo, tantas penurias. Hace más de un siglo, un canciller de Guatemala había sentenciado proféticamente: «Sería curioso que del seno mismo de los Estados Unidos, de donde nos viene el mal, naciese también el remedio». Muerta y enterrada la Alianza para el Progreso, el Imperio propone ahora, con más pánico que generosidad, resolver los problemas de América Latina eliminando de antemano a los latinoamericanos.
En Washington tienen ya motivos para sospechar que los pueblos pobres no prefieren ser pobres. Pero no se puede querer el fin sin querer los medios: quienes niegan la liberación de América Latina, niegan también nuestro único renacimiento posible, y de paso absuelven a las estructuras en vigencia.
Los jóvenes se multiplican, se levantan, escuchan: ¿qué les ofrece la voz del sistema? El sistema habla un lenguaje surrealista: propone evitar los nacimientos en estas tierras vacías; opina que faltan capitales en países donde los capitales sobran pero se desperdician; denomina ayuda a la ortopedia deformante de los empréstitos y al drenaje de riquezas que las inversiones extranjeras provocan; convoca a los latifundistas a realizar la reforma agraria y a la oligarquía a poner en práctica la justicia social. La lucha de clases no existe -se decreta- más que por culpa de los agentes foráneos que la encienden, pero en cambio existen las clases sociales, y a la opresión de unas por otras se la denomina el estilo occidental de vida. Las expediciones criminales de los marines tienen por objeto restablecer el orden y la paz social, y las dictaduras adictas a Washington fundan en las cárceles el estado de derecho y prohíben las huelgas y aniquilan los sindicatos para proteger la libertad de trabajo...
Por eso en este libro, que quiere ofrecer una historia del saqueo y a la vez contar cómo funcionan los mecanismos actuales del despojo, aparecen los conquistadores en las carabelas y, cerca, los tecnócratas en los jets, Hernán Cortés y los infantes de marina, los corregidores del reino y las misiones del Fondo Monetario Internacional, los dividendos de los traficantes de esclavos y las ganancias de la General Motors. También los héroes derrotados y las revoluciones de nuestros días, las infamias y las esperanzas muertas y resurrectas: los sacrificios fecundos. Cuando Alexander von Humboldt investigó las costumbres de los antiguos habitantes indígenas de la meseta de Bogotá, supo que los indios llamaban quihica a las víctimas de las ceremonias rituales. Quihica significaba puerta: la muerte de cada elegido abría un nuevo ciclo de ciento ochenta y cinco lunas”.

Hasta aquí, Galeano. Para la misma época, en Argentina, Juan Domingo Perón lanza el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional (1974-1977). En él se advertía sobre el peligro de la caída demográfica de la población argentina. Un informe oficial, presentado por Perón a los dirigentes peronistas provinciales, demostraba que Argentina estaba siendo sometida a un “sutil plan exterior del largo alcance para despoblarla de hombres y mujeres”.

En 2013, más de 40 años después de lo escrito por Eduardo Galeano y Juan Domingo Perón, nos encontramos con varios líderes progresistas de gobiernos populares de nuestra Patria Grande que se oponen a la legalización del aborto tal como podemos leer en "Sudamérica: la izquierda revolucionaria contra el aborto".

Frente al debate sobre aborto legal sí o no, no podemos soslayar esta mirada geopolítica. Y tener en cuenta que, citando las palabras de Mons. Gustavo Carrara en su exposición en el Congreso, “como pueblo somos capaces de apuntar más alto y de sostener un profundo respeto por la dignidad de los más débiles. Aunque no parezca la salida más pragmática, los argentinos podemos resolver los problemas sin arrancarle la vida a un inocente antes de que pueda defenderse. Podríamos hacer la diferencia. No es inofensivo abrir la puerta del aborto. Una lógica de muerte sólo provocará más muerte y tristeza”. (LEER TEXTO COMPLETO)

Recomendamos seguir leyendo “ABORTO: aportes para el debate...”

viernes, 30 de marzo de 2018

ABORTO: aportes para el DEBATE...

Siempre estoy a favor del debate maduro y respetuoso, del intercambio de ideas en un marco democrático y plural. El problema es cuando la cancha está inclinada. Si el Poder Político, Económico y Mediático, local y mundial, juegan para un equipo... ¿es posible un verdadero, leal y fructífero debate?. 
Se dice que los que están a favor de la legalización del aborto hablan desde la política y la salud pública, mientras que los que argumentamos en contra lo hacemos desde la metafísica, la moral individual o las creencias religiosas personales. Eso es marcar la cancha y mentir. Todos los que están a favor de la legalización tienen posicionamiento metafísico (¿por qué defienden la vida de la mujer ya nacida?), moral (¿por qué está mal que mueran mujeres?) y responden a sus creencias (religiosas o antirreligiosas, que también las hay). Mientras que, defender el derecho a la vida de los seres humanos por nacer es, también, un tema de política y salud pública.
En este posteo les dejo varios artículos personales sobre el tema. Pasen, vean, lean críticamente, con actitud de apertura, y sigamos dialogando.

Aborto: ¿es posible el debate?

Frente a la Ley de Aborto, decimos...

El Nuevo Debate: Aborto, ¿Drama o Derecho?

Ley de Protección Integral de los Derechos de las Mujeres Embarazadas

¿Qué se está debatiendo con la legalización del aborto?

¿Qué hacer frente al drama del Aborto?

#Aborto: preguntas...


El aborto: preguntas para compartir en voz alta...

Aborto: análisis del proyecto de la Campaña

Aborto: compilado de enlaces

Aborto: compilado de textos

Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina y el Aborto

Nacionales y Populares por la Vida 

Aborto Legal: contando porotos... (estado de situación frente a la votación)


domingo, 25 de marzo de 2018

Aborto: ¿es posible el debate?

Argentina está en vísperas de un debate que, me animo a predecir, nos tendrá en vilo durante un par de meses (y eso, precisamente, parece buscar el gobierno al impulsarlo para, de esa manera, tapar la mala situación socio-económica, a la vez que obstaculiza la incipiente unidad del campo popular). Apenas finalizado el fin de semana largo, Semana Santa y Malvinas mediante, nos internaremos en dos meses de exposiciones de casi mil especialistas y militantes en la Casa de la Democracia. Pero, entre tanto preparativo, me asalta una pregunta: ¿es posible el debate?.
Debatir es un acto de comunicación que implica la exposición de ideas y argumentaciones diversas que entran en diálogo. Para que ese diálogo sea realmente un diálogo, todes debemos estar abiertos a repensar nuestros posicionamientos, nuestras posturas. El marco debiera ser un encuentro de apertura, donde yo legitime al otro en tanto otro, donde esté dispuesto a la escucha sincera. Eso no significa que sí o sí deba modificar lo que pienso, pero tampoco la tesis contraria: mantener mi postura a como de lugar por el sólo hecho de ingresar en una disputa donde quiero estar del lado ganador.
Estoy convencido que existe la posibilidad de reformular mi postura a partir del debate. Lo creo y lo he vivido. Pero se necesita una actitud fundante de apertura. Sin embargo, digamos todo, eso no implica renunciar a las creencias personales ni los posicionamientos ideológicos. Es más, es propio de la dimensión agonal de la política poder debatir desde una postura y poder dar razones de ella, y debemos promover y celebrar que se den estas situaciones.
El Dr. Lino Barañao, Ministro de Ciencia y Tecnología durante gobiernos tan distintos en estos últimos años, concluye su artículo a favor de la despenalización del aborto diciendo lo siguiente: “soy consciente de que estos argumentos no cambiarán la opinión de quienes ya tienen una posición tomada. Esto se debe al fenómeno de cognición cultural descripto por Dan Kahan, del Departamento de Leyes de la Universidad de Yale. Según este autor, en temas controversiales, los individuos suscriben o no a una aseveración de acuerdo con lo que consideren que los acerca o los aleja de la pertenencia al grupo con el cual comparten valores. En otras palabras, generalmente nos interesa más la pertenencia al grupo que el valor de verdad de aquello que pensamos. Por eso, es tan difícil llegar a consensos en temas tan complejos desde el punto de vista conceptual y tan ligados a las creencias religiosas o a la cosmovisión de cada grupo como es el tema del aborto”. Días después, en el mismo diario, le respondieron: “Finalmente quisiera reflexionar sobre el recurso a la muy interesante investigación de Dan Kahan (de Yale), sobre cognición cultural, que explica que un individuo no cambiará su opinión aun cuando se le presente evidencia en contra, por el hecho de preferir (inconscientemente) permanecer dentro de su grupo de pertenencia. Barañao utiliza esta investigación para sugerir que cualquier individuo religioso, aunque se le explique lo que él explicó en su artículo (sin demasiada definición), no cambiará su punto de vista simplemente porque quiere continuar perteneciendo a su grupo ideológico. Lo que Barañao no dice es que el mismo argumento puede ser utilizado para explicar por qué quienes aceptan el aborto no cambian su opinión aun cuando se les presente evidencia en contra exactamente por la misma razón de pertenencia (quizás el ministro caiga dentro de este grupo)”.
Personalmente, y en un artículo escrito hace siete años, compartía mi cambio de posicionamiento en varios temas menos el aborto. Es más, con mi grupo de pertenencia ideológico, político, tengo muchísimas coincidencias en casi todos los otros temas y no así en este puntual. Eso me permite, me habilita, y hasta me lo impongo, a escuchar con atención y apertura todos los argumentos. Me sucede compartir premisas y disentir en conclusiones tanto como disentir en premisas y acordar en conclusiones. Y todas las variables que se imaginen.
¿Es posible el debate?. ¿Estamos dispuestos a escuchar al otro, a encontrarnos, a dialogar, a ponernos en el lugar del otro?. ¿Estamos dispuestos, también, a escuchar a aquellas personas que no acceden a hacer oír su voz y ponernos en su lugar?. Reconocer el valor de la palabra de mi interlocutor no implica dejar de defender, argumentar y militar mis convicciones. Y recién ahí, con esa actitud fundante, podemos empezar a preguntarnos (y respondernos): ¿Qué es la vida? ¿Y la vida humana? ¿Cuándo comienza? ¿Toda vida humana vale? ¿Desde cuándo una vida humana tiene derechos? ¿Hay derechos que se pueden priorizar por sobre otros? ¿Qué hacemos frente a algo que sucede de hecho? ¿Hay intereses espurios detrás de algunas posturas, tanto a favor como en contra? ¿Qué es lo mejor para todes, especialmente para los más vulnerables? ¿Cuál es el criterio para tomar decisiones? ¿Qué hacer frente a la libertad y la conciencia? Y tantos otros temas que son definiciones políticas, discusiones filosóficas, atravesadas por saberes científicos, posicionamientos religiosos (sean creyentes institucionalizados o no, agnósticos o ateos), pertenencias ideológicas, y experiencias de vida.
Es fundamental dejar de lado definiciones simplistas. En primer lugar, no hay dos bandos. Hay muchas posiciones con diferentes puntos de vista. Hay mujeres y varones, de derecha y de izquierda, creyentes o no, a favor y en contra de legalizar el aborto. A lo sumo, y en última instancia, habrá quienes se inclinen más por una determinada modificación al marco normativo y otros que no. Pero no podemos perder de vista la complejidad de posturas. Y, principalmente, dejar de lado la violenta soberbia de no poner nunca en duda que hay una verdad y está de nuestro lado.
Escuché decir que “los derechos no se debaten” (a favor de la legalización) y que “la vida no se debate” (en contra de la legalización). En ambos casos estamos defendiendo el derecho a la vida, sólo que previamente hay que debatir qué es un derecho, qué es una vida, y qué vidas son sujetos de derechos. Ya sé que algunos sostienen que hay un derecho natural objetivo, y más aún dicen conocerlo, mientras hay otros que no están para nada de acuerdo. Entonces, ¿qué hacemos cuándo no hay acuerdo?. ¿Todo se decide por simple mayoría?. Si hablamos de leyes, sí. No hay otra. Es tiempo de persuadir, o ser convencido. Y cada voto vale. Haber votado a determinado representante y cada voto de aquel que ha sido elegido. Es la política, hermane. ¡Bienvenides al debate!.

viernes, 16 de marzo de 2018

"Con los pobres abrazamos la vida" - Curas Villeros


16 de marzo de 2018
1. El Poder Ejecutivo ha propuesto el debate acerca de la despenalización del aborto. Este tema no estaba en su plataforma electoral. El Ejecutivo anterior no solo no propició este debate, sino que incluyó a las mujeres embarazadas en la Asignación Universal por hijo. Eso es un gesto concreto de una política pública a favor de la vida.
2. Nuestra opción es por “la vida como viene”, sin grises. Especialmente la vida amenazada en cualquiera de sus formas.  Por eso hemos hablado a favor de los inmigrantes, de la lucha por la justicia, de que nadie a raíz de la desnutrición, tenga su futuro hipotecado,  que nadie muera por enfermedades que podrían curarse, como por ejemplo la tuberculosis. Por eso estamos en contra del gatillo fácil. Por eso hemos apoyado las manifestaciones de ‘Ni una menos’ contra los femicidios.  Y a esta opción, la confirmamos con acciones comunitarias concretas, que realizamos  en nuestros barrios para que  se viva bien, se viva con dignidad. 
3. Como curas y religiosas desde la villa y barrios populares,  nuestra experiencia de vecinos, fruto de una consagración, es la de haber aprendido de los villeros a amar y cuidar la vida. La cultura popular de estos barrios nos ha mostrado una manera real de optar por la vida. Muchas veces donde el Estado no llega, donde la sociedad mira para otro lado, la mujer sola o atravesada por la marginalidad encuentra en las redes de amor que se generan en nuestros barrios su ayuda y su esperanza, para ella y sus hijos.
4. En esta línea hay muchos ejemplos de mujeres que saben cuidar a los niños como si fueran sus propios hijos. Creemos que debería ser más sencillo  el camino para adoptar un niño. Somos testigos de que muchos matrimonios de la villa fueron marginados de la posibilidad de adopción porque no tenían por ejemplo  título de su vivienda.
5. Algunos planteos de otros sectores sociales -creemos que este es uno de ellos- toman a los pobres como justificativo para sus argumentos. Se habla de la tasa de mortalidad por aborto de las mujeres de los barrios más pobres. Lo primero que hay que hacer en nuestros barrios es luchar contra la pobreza con firme determinación y en esto el Estado tiene las mejores herramientas. Con casi un 30% de pobres –detrás de los cuales hay rostros e historias- hay discusiones que debieran priorizarse.
6. Muchas veces miramos a los países poderosos y “desarrollados” de nuestro mundo. En muchos de ellos está legislado el aborto. Y en muchos casos se descarta así a los niños que van a nacer con Síndrome de Down.  ¡Cuánto nos enseñan estos niños a los que tenemos atrofiada la capacidad de amar! La lógica de los poderosos, de los fuertes, que deciden sobre los que menos posibilidades tienen, es la lógica dominante. Y esto también, de alguna manera, se traslada al tema de la niña o niño por nacer.
7. A lo largo de cincuenta años este equipo de sacerdotes de las villas, que se fue ramificando en otros lugares como la provincia de Buenos Aires, ha sido testigo de muchas propuestas de muerte. Han muerto catequistas, religiosos y sacerdotes por la Dictadura. Por el tráfico de armas y de drogas continúan las muertes de adolescentes y jóvenes. No necesitamos agregar más muertes. Nuestros barrios necesitan propuestas de vida digna. Y una sociedad que proteja al más débil.
Que la Virgen de Luján, Madre del Pueblo, nos enseñe a cuidar de nuestra Patria, comenzando por los más frágiles.


P. José María Di Paola: villa La Carcova, 13 de Julio y Villa Curita. Diócesis de San Martín.
Mons. Gustavo Carrara. Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Vicario para la pastoral en Villas de CABA
P. Juan Isasmendi, P. Eduardo Casabal, P. Ignacio Bagattini: Villa 1-11-14. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Lorenzo de Vedia, P. Carlos Olivero, P. Gastón Colombres, Villa 21-24 y Zavaleta. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Guillermo Torre, P. José Luis Lozzia, P. Marco Espínola: Villa 31. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Domingo Rehin: Villa Lanzone, Villa Costa Esperanza. Diócesis de San Martín.
Mons.  Jorge García Cuerva, Obispo auxiliar de la  Diócesis Lomas de Zamora.
P. Basilicio Britez: Villa Palito. Diócesis de San Justo.
P. Nicolás Angellotti: Puerta de Hierro, San Petesburgo y 17 de Marzo. Diócesis de San Justo.
P. Sebastián Sury, P. Damián Reynoso: Villa 15. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Rodrigo Valdez: Villa Playon de Chacarita. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Martín Carroza y P. Sebastián Risso. Villa Cildañez. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Pedro Baya Casal, P. Adrián Bennardis: Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Joaquin Giangreco: Villa Trujuy. Diócesis Merlo-Moreno.
P. Nibaldo Leal: Villa Hidalgo. Diócesis de San Martin.
Carlos Morena, Mario Romanín, Alejandro León, Juan Carlos Romanín: Salesianos. Don Bosco. Cecilia Lee, misionera franciscana, Bea GmiItrowicz, misionera franciscana. Villa Itatí.
P. Antonio Mario Ghisaura: Villa Tranquila. Diócesis Avellaneda- Lanús.
P. Alejandro Seijo: Villa Rodrigo Bueno. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Andres Tocalini: Villa los Piletones. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Dante Delia: Barrio la Loma de Roca. Diócesis de San Isidro..
P. Franco Punturo: Villa 20. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Omar Mazza: Villa Inta. Arquidiócesis de Buenos Aires.+



"Toda vida es sagrada, hagamos avanzar la cultura de la vida como respuesta a la lógica del descarte y a la caída demográfica. El crecimiento demográfico es plenamente compatible con el desarrollo integral y solidario".

"Respetuosos de la vida" - Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina



"Optamos por la vida" - Asamblea Diocesana de Añatuya







"Aborto (compilado)" - Javier E. Giangreco