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miércoles, 24 de abril de 2019

Régimen Penal Juvenil

Exposición de Mons. Gustavo Carrara, Obispo de los Pobres, en la Cámara de Diputados de la Nación el día 23/04/2019...

Un régimen penal juvenil verdaderamente humano y abierto a la esperanza

1. Buenas tardes, les agradezco la posibilidad de estar aquí, y el trabajo que se toman para escuchar con atención cada una de las intervenciones. Cuando hablamos y nos posicionamos acerca de un tema importante, en este caso sobre la posibilidad de un régimen penal juvenil, lo hacemos fuertemente influenciados por nuestras convicciones y por nuestras experiencias concretas de vida. No hay miradas neutras de la realidad, por eso quisiera intentar aportar una mirada humanista y cristiana, y a su vez apoyarme en la experiencia de vivir y trabajar pastoralmente hace 12 años en las villas de Buenos Aires. 
2. Cuando visitamos a un adolescente en un instituto de menores, como adultos debemos reconocer, que en un punto, hemos llegado tarde. Que esto no debería haber ocurrido. Y haciendo memoria de nuestra niñez y adolescencia, nos preguntamos, ¿por qué ellos y yo no? En estos lugares nos encontramos mayoritariamente con adolescentes que desde el inicio de su vida han padecido la pobreza multidimensional. Qué duro es cuando el primer encuentro mano a mano del Estado con estos menores se da a través de la justicia penal. Por eso el tratamiento de esta ley no tiene que hacer olvidar el problema de fondo. ¿El problema son los menores pobres en conflicto con la ley o el problema profundo y de raíz es la decisión y voluntad de sostener a lo largo del tiempo una política de Estado de inclusión e integración social? 
3. Ahora bien, es verdad, Argentina no tiene un régimen de responsabilidad penal juvenil como lo dispone la Convención de los Derechos del Niño. Sería deseable que se abandonara el sistema tutelar y se implementara un régimen penal juvenil, con todas las garantías del proceso penal, pero sin bajar la edad mínima de responsabilidad penal juvenil, es decir, manteniéndola en 16 años, lo que sería más acorde a los estándares internacionales de derechos humanos y, en particular, con dicha Convención. En este marco aparecen caminos concretos que deben incluirse en dicho régimen penal juvenil: la justicia restaurativa, la mediación, la remisión de casos, las medidas no privativas de libertad. Es evidente que la implementación de este sistema depende de la habilitación de la infraestructura y los recursos humanos y materiales necesarios para el desarrollo de un sistema orientado a la resocialización y a la educación. Hay que trabajar por un régimen penal juvenil verdaderamente humano y abierto a la esperanza. 
4. Los menores que son llevados al delito por organizaciones criminales son sus víctimas. El Estado debe alejarlos de esa opción en lugar de reafirmarlos en el rol de delincuente. Cuando vemos adolescentes que tienen armas en sus manos, lo primero que deberíamos preguntarnos es ¿por qué no les hemos acercado antes una propuesta positiva? ¿Por qué los hemos dejado en orfandad, expuestos a situaciones que los dañan a ellos en primer lugar? La pregunta no es tanto ¿qué le pasa a los adolescentes?, sino ¿qué nos pasa a los adultos? Por otro lado ciertamente los adolescentes no son responsables del tráfico de armas que se da en nuestra sociedad, muchas veces ligado al narcotráfico. Este contexto es particularmente dramático en villas y barrios precarios, cuya población está compuesta por casi la mitad de niños, niñas y adolescentes. 
5. En estos lugares hay que tener particularmente presente el concepto amplio de inseguridad, eso que atenta contra la vida digna de los vecinos y vecinas. Por eso el camino comienza insertando a todos los chicos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos —agua, electricidad, cloacas—, por nombrar sólo algunas medidas. Ahí empieza todo proceso de integración socio-urbana. 
6. Es necesario tener cuidado del populismo penal. No se trata aquí de la confianza en alguna función social tradicionalmente atribuida a la pena pública, sino más bien en la creencia de que mediante tal pena se pueden obtener los beneficios que requerirían la implementación de otro tipo de política social, económica y de inclusión social. Por otro lado hay que evitar esa tendencia que algunas veces existe de construir deliberadamente enemigos: figuras estereotipadas, que concentran en sí mismas todas las características que la sociedad percibe o interpreta como peligrosas. Los mecanismos de formación de estas imágenes son los mismos que, en su momento, permitieron la expansión de las ideas racistas.1 Y todo esto se vuelve más delicado aún si estamos hablando de menores. 
7. La respuesta a los inimputables es el cumplimiento de la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (Ley Nº 26.061). “Los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños que aún no han completado su desarrollo hacia la madurez, y por tal motivo no pueden ser imputables. Ellos, en cambio, deben ser los destinatarios de todos los privilegios que el Estado puede ofrecer, tanto en lo que se refiere a políticas de inclusión como a prácticas orientadas a hacer crecer en ellos el respeto por la vida y por los derechos de los demás.” 2 La deuda social es la gran deuda de los argentinos, no se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es principalmente un problema ético que nos afecta en nuestra dignidad más esencial. Detrás de las estadísticas —nunca hay que olvidarlo— hay rostros e historias. La deuda social genera graves daños sobre la vida concreta de personas, las hiere profundamente en su dignidad. Y casi la mitad de los niños, niñas y adolescentes de nuestra patria son pobres. 
8. Por último me permito recordar que este honorable congreso votó por unanimidad la ley de integración socio-urbana. Esta Ley tuvo un trabajo de relevamiento previo de 4.228 barrios populares. Lo traigo a la memoria porque la mitad de los habitantes de estos barrios son niños, niñas y adolescentes. Hay que seguir llevando adelante este proceso de integración socio-urbana de las villas y barrios precarios de nuestro país. Es probable que esto no resuelva totalmente el drama de la pobreza en nuestra Patria, pero ciertamente será mirarlo de frente y poner manos a la obra de modo bien concreto. 

+Gustavo Oscar Carrara Obispo Auxiliar de Buenos Aires Vicario para la Pastoral de Villas de CABA Asesor de la Comisión Arquidiocesana de Niñez y Adolescencia en Riesgo del Arzobispado de Buenos Aires 

1 Cfr. Papa Francisco. Discurso a una delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal. 23/10/2014 
2 Papa Francisco. Ibídem.

Y les dejo un artículo que escribí hace más de 10 años, vinculado a la temática:

sábado, 14 de abril de 2018

Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina y El Aborto

Desde su publicación en 1971, Las Venas Abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, se transformó en un clásico de la izquierda latinoamericana.
En la obra, el autor analiza la historia del continente: la explotación económica y la dominación política a la que ha sido sometido, desde la colonización europea hasta los años setenta, época de su publicación. Esto, en el contexto de la Guerra Fría (1945-1991), y cuando se ponía en marcha la era de las dictaduras militares en América Latina.
El libro de Galeano era tan identificado con las ideologías revolucionarias y de izquierda que fue proscrito de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay mientras estos países permanecieron bajo el yugo dictatorial. Galeano estuvo preso en su país tras el golpe de 1973 y después, obligado a exiliarse: primero en Argentina y después en España”. (El País)

A continuación compartiremos unos extractos de la introducción del libro que nos pueden ayudar a seguir pensando la realidad compleja y dolorosa del aborto desde la izquierda latinoamericana, revolucionaria, nacional y popular.

La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder...
La fuerza del conjunto del sistema imperialista descansa en la necesaria desigualdad de las partes que lo forman, y esa desigualdad asume magnitudes cada vez más dramáticas. Los países opresores se hacen cada vez más ricos en términos absolutos, pero mucho más en términos relativos, por el dinamismo de la disparidad creciente...
Ciento veinte millones de niños se agitan en el centro de esta tormenta. La población de América latina crece como ninguna otra; en medio siglo se triplicó con creces. Cada minuto muere un niño de enfermedad o hambre, pero en el año 2000 habrá seiscientos cincuenta millones de latinoamericanos, y la mitad tendrá menos de quince años de edad: una bomba de tiempo.
Entre los doscientos ochenta millones de latinoamericanos que hay, a fines de 1970, cincuenta millones de desocupados o sub ocupados y cerca de cien millones de analfabetos; la mitad de los latinoamericanos vive apiñados en viviendas insalubres. Los tres mayores mercados de América Latina ⎯Argentina, Brasil y México⎯ no alcanzan a igualar, sumados, la capacidad de consumo de Francia o de Alemania occidental, aunque la población reunida de nuestros tres grandes excede largamente a la de cualquier país europeo. América Latina produce hoy día, en relación con la población, menos alimentos que antes de la última guerra mundial, y sus exportaciones per capita han disminuido tres veces, a precios constantes, desde la víspera de la crisis de 1929. El sistema es muy racional desde el punto de vista de sus dueños extranjeros y de nuestra burguesía de comisionistas, que ha vendido el alma al Diablo a un precio que hubiera avergonzado a Fausto. Pero el sistema es tan irracional para todos los demás que cuanto más se desarrolla más agudiza sus desequilibrios y sus tensiones, sus contradicciones ardientes. Hasta la industrialización, dependiente y tardía, que cómodamente coexiste con el latifundio y las estructuras de la desigualdad, contribuye a sembrar la desocupación en vez de ayudar a resolverla.
Se extiende la pobreza y se concentra la riqueza en esta región que cuenta con inmensas legiones de
brazos caídos que se multiplican sin descanso. Nuevas fábricas se instalan en los polos privilegiados
de desarrollo -Sao Paulo, Buenos Aires, la ciudad de México- pero menos mano de obra se necesita cada vez. El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo, donde el latifundio reina con sus gigantescos eriales, y sin trabajo en la ciudad, donde reinan las máquinas: el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños; porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol en estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan.
A principios de noviembre de 1968, Richard Nixon comprobó en voz alta que la Alianza para el Progreso había cumplido siete años de vida y, sin embargo, se habían agravado la desnutrición y la escasez de alimentos en América Latina. Pocos meses antes, en abril, George W. Ball escribía en Life: «Por lo menos durante las próximas décadas, el descontento de las naciones más pobres no significará una amenaza de destrucción del mundo. Por vergonzoso que sea, el mundo ha vivido, durante generaciones, dos tercios pobre y un tercio rico. Por injusto que sea, es limitado el poder de los países pobres». Ball había encabezado la delegación de los Estados Unidos a la Primera Conferencia de Comercio y Desarrollo en Ginebra, y había votado contra nueve de los doce principios generales aprobados por la conferencia con el fin de aliviar las desventajas de los países subdesarrollados en el comercio internacional.
Son secretas las matanzas de la miseria en América Latina; cada año estallan, silenciosamente, sin estrépito alguno, tres bombas de Hiroshima sobre estos pueblos que tienen la costumbre de sufrir con los dientes apretados.
Esta violencia sistemática, no aparente pero real, va en aumento: sus crímenes no se difunden en la crónica roja, sino en las estadísticas de la FAO. Ball dice que la impunidad es todavía posible, porque los pobres no pueden desencadenar la guerra mundial, pero el Imperio se preocupa: incapaz de multiplicar los panes, hace lo posible por suprimir a los comensales.
«Combata la pobreza, ¡mate a un mendigo!», garabateó un maestro del humor negro sobre un muro de la ciudad de La Paz. ¿Qué se proponen los herederos de Malthus sino matar a todos los próximos mendigos antes de que nazcan? Robert McNamara, el presidente del Banco Mundial que había sido presidente de la Ford y Secretario de Defensa, afirma que la explosión demográfica constituye el mayor obstáculo para el progreso de América Latina y anuncia que el Banco Mundial otorgará prioridad, en sus préstamos, a los países que apliquen planes para el control de la natalidad. McNamara comprueba con lástima que los cerebros de los pobres piensan un veinticinco por ciento menos, y los tecnócratas del Banco Mundial (que ya nacieron) hacen zumbar las computadoras y generan complicadísimos trabalenguas sobre las ventajas de no nacer: «Si un país en desarrollo que tiene una renta media per capita de 150 a 200 dólares anuales logra reducir su fertilidad en un 50 por ciento en un período de 25 años, al cabo de 30 años su renta per capita será superior por lo menos en un 40 por ciento al nivel que hubiera alcanzado de lo contrario, y dos veces más elevada al cabo de 60 años», asegura uno de los documentos del organismo. Se ha hecho célebre la frase de Lyndon Johnson: «Cinco dólares invertidos contra el crecimiento de la población son más eficaces que cien dólares invertidos en el crecimiento económico». Dwight Eisenhower pronosticó que si los habitantes de la tierra seguían multiplicándose al mismo ritmo no sólo se agudizaría el peligro de la revolución, sino que además se produciría «una degradación del nivel de vida de todos los pueblos, el nuestro inclusive ».
Los Estados Unidos no sufren, fronteras adentro, el problema de la explosión de la natalidad, pero se preocupan como nadie por difundir e imponer, en los cuatro puntos cardinales, la planificación familiar. No sólo el gobierno; también Rockefeller y la Fundación Ford padecen pesadillas con millones de niños que avanzan, como langostas, desde los horizontes del Tercer Mundo. Platón y Aristóteles se habían ocupado del tema antes que Malthus y McNamara; sin embargo, en nuestros tiempos, toda esta ofensiva universal cumple una función bien definida: se propone justificar la muy desigual distribución de la renta entre los países y entre las clases sociales, convencer a los pobres de que la pobreza es el resultado de los hijos que no se evitan y poner un dique al avance de la furia de las masas en movimiento y rebelión.
Los dispositivos intrauterinos compiten con las bombas y la metralla, en el sudeste asiático, en el esfuerzo por detener el crecimiento de la población de Vietnam. En América Latina resulta más higiénico y eficaz matar a los guerrilleros en los úteros que en las sierras o en las calles. Diversas misiones norteamericanas han esterilizado a millares de mujeres en la Amazonía, pese a que ésta es la zona habitable más desierta del planeta. En la mayor parte de los países latinoamericanos, la gente no sobra: falta. Brasil tiene 38 veces menos habitantes por kilómetro cuadrado que Bélgica; Paraguay, 49 veces menos que Inglaterra; Perú, 32 veces menos que Japón. Haití y El Salvador, hormigueros humanos de América Latina, tienen una densidad de población menor que la de Italia. Los pretextos invocados ofenden la inteligencia; las intenciones reales encienden la indignación. Al fin y al cabo, no menos de la mitad de los territorios de Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay y Venezuela está habitada por nadie. Ninguna población latinoamericana crece menos que la del Uruguay, país de viejos, y sin embargo ninguna otra nación ha sido tan castigada, en los años recientes, por una crisis que parece arrastrarla al último círculo de los infiernos. Uruguay está vacío y sus praderas fértiles podrían dar de comer a una población infinitamente mayor que la que hoy padece, sobre su suelo, tantas penurias. Hace más de un siglo, un canciller de Guatemala había sentenciado proféticamente: «Sería curioso que del seno mismo de los Estados Unidos, de donde nos viene el mal, naciese también el remedio». Muerta y enterrada la Alianza para el Progreso, el Imperio propone ahora, con más pánico que generosidad, resolver los problemas de América Latina eliminando de antemano a los latinoamericanos.
En Washington tienen ya motivos para sospechar que los pueblos pobres no prefieren ser pobres. Pero no se puede querer el fin sin querer los medios: quienes niegan la liberación de América Latina, niegan también nuestro único renacimiento posible, y de paso absuelven a las estructuras en vigencia.
Los jóvenes se multiplican, se levantan, escuchan: ¿qué les ofrece la voz del sistema? El sistema habla un lenguaje surrealista: propone evitar los nacimientos en estas tierras vacías; opina que faltan capitales en países donde los capitales sobran pero se desperdician; denomina ayuda a la ortopedia deformante de los empréstitos y al drenaje de riquezas que las inversiones extranjeras provocan; convoca a los latifundistas a realizar la reforma agraria y a la oligarquía a poner en práctica la justicia social. La lucha de clases no existe -se decreta- más que por culpa de los agentes foráneos que la encienden, pero en cambio existen las clases sociales, y a la opresión de unas por otras se la denomina el estilo occidental de vida. Las expediciones criminales de los marines tienen por objeto restablecer el orden y la paz social, y las dictaduras adictas a Washington fundan en las cárceles el estado de derecho y prohíben las huelgas y aniquilan los sindicatos para proteger la libertad de trabajo...
Por eso en este libro, que quiere ofrecer una historia del saqueo y a la vez contar cómo funcionan los mecanismos actuales del despojo, aparecen los conquistadores en las carabelas y, cerca, los tecnócratas en los jets, Hernán Cortés y los infantes de marina, los corregidores del reino y las misiones del Fondo Monetario Internacional, los dividendos de los traficantes de esclavos y las ganancias de la General Motors. También los héroes derrotados y las revoluciones de nuestros días, las infamias y las esperanzas muertas y resurrectas: los sacrificios fecundos. Cuando Alexander von Humboldt investigó las costumbres de los antiguos habitantes indígenas de la meseta de Bogotá, supo que los indios llamaban quihica a las víctimas de las ceremonias rituales. Quihica significaba puerta: la muerte de cada elegido abría un nuevo ciclo de ciento ochenta y cinco lunas”.

Hasta aquí, Galeano. Para la misma época, en Argentina, Juan Domingo Perón lanza el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional (1974-1977). En él se advertía sobre el peligro de la caída demográfica de la población argentina. Un informe oficial, presentado por Perón a los dirigentes peronistas provinciales, demostraba que Argentina estaba siendo sometida a un “sutil plan exterior del largo alcance para despoblarla de hombres y mujeres”.

En 2013, más de 40 años después de lo escrito por Eduardo Galeano y Juan Domingo Perón, nos encontramos con varios líderes progresistas de gobiernos populares de nuestra Patria Grande que se oponen a la legalización del aborto tal como podemos leer en "Sudamérica: la izquierda revolucionaria contra el aborto".

Frente al debate sobre aborto legal sí o no, no podemos soslayar esta mirada geopolítica. Y tener en cuenta que, citando las palabras de Mons. Gustavo Carrara en su exposición en el Congreso, “como pueblo somos capaces de apuntar más alto y de sostener un profundo respeto por la dignidad de los más débiles. Aunque no parezca la salida más pragmática, los argentinos podemos resolver los problemas sin arrancarle la vida a un inocente antes de que pueda defenderse. Podríamos hacer la diferencia. No es inofensivo abrir la puerta del aborto. Una lógica de muerte sólo provocará más muerte y tristeza”. (LEER TEXTO COMPLETO)

Recomendamos seguir leyendo “ABORTO: aportes para el debate...”

domingo, 11 de febrero de 2018

Gustavo Carrara, un obispo del Pueblo

Hace un par de días me encuentro en el diario La Nación con una nota titulada “El hijo político del Papa, que nadie conoce”. El artículo habla sobre Gustavo Carrara. Me alegro y me pongo a leerla. Al terminar, con una rara sensación que no termino de identificar, me pregunto: ¿por qué esta nota ahora?, ¿por qué este título?.
La palabra “político” no parece ser inocente. Más que indicar su no relación biológica, deja un mojón semántico difícil de esquivar en estos tiempos. Y más al describirlo como “el sacerdote que a fin de año fue convertido por Francisco en el primer obispo villero, una designación de fuerte impacto político”. Si bien Francisco suele repetir aquella cita que dice que la política es una de las formas más altas de la caridad, bien sabemos que no resuena de esa manera en los lectores de la tribuna de doctrina ni en sus otros replicadores mediáticos. Y menos en este contexto donde durante este año se agudizó la campaña de desprestigio hacia el Papa etiquetándolo como “figura política” (en el sentido más peyorativo del término). Basta leer muchos de los comentarios a la nota para entender...
Laura Di Marco, la periodista autora del artículo, agrega que nadie lo conoce. Si bien es cierto su bajo perfil, recordemos que la misma periodista había publicado un artículo hace casi ocho años que comenzaba hablando sobre Carrara. Y mientras allí titulaba “Curas villeros: predicadores de la Teología del Pueblo”, reivindicando tanto esa línea teológica como a Bergoglio, ahora escribe lo siguiente: “La Teología del Pueblo, remixada por Bergoglio, es una versión light de la Teología de la Liberación”. ¿Qué cambió?. No está de más recordar que este artículo es también una editorial de Di Marco en Radio Mitre. Allí también pudimos escuchar los ataques al Papa Francisco que realizaron Jorge Fernández Díaz y Alfredo Leuco el mes pasado.
También es cierto que hay algunas precisiones. “Obispo en la villa 1-11-14, teólogo y crítico del capitalismo, Gustavo Carrara refleja el pensamiento de Francisco”, comienza diciendo, aunque se queda corta. Nombrar en la misma nota a Ricciardelli, Mugica, Gera y Tello es un buen encuadre. Quizás anda faltando un Don Bosco y un Jean Vanier para completar.
Cuando dice que es un “obispo heterodoxo” o “estrella rockera”, teniendo en cuenta los destinatarios a los que escribe, lo hace, tal vez, para despertar enojos (aunque a muchos nos seduzca esa idea). “Carrara es fruto de la mutación ideológica de Francisco y comparte muchas lecturas con él. Ese giro es curioso”, señala más adelante. ¿De qué mutación o giro habla?. La palabrita “ideológica” también es intencional.
El párrafo donde habla del perfil combativo de Lugones, el frente opositor, la CGT, los movimientos sociales, Grabois, sigue en la misma línea malintencionada, y sin dejar pasar que viene de etiquetarlo como filoperonista (algo que para mí es un elogio pero no para la gran mayoría de los lectores de La Nación). Ni que hablar cuando insinúa que Carrara y Francisco, que a esta altura de la nota son lo mismo, podrían asociar a Macri y Piñera con el antipueblo. Personalmente creo que es así, y me hago cargo de mi interpretación. Pero la periodista le habla a otros... Y si faltaba una palabra, la incorpora hacia el final cuando nombra a Rodolfo Kusch, “olvidado y luego rescatado por el kirchnerismo”. Refuerza con Milagro Sala y mete por la ventana los casos de pedofilia. ¡Bingo!.
En el fondo sabe, sin embargo, que la grieta política es, tal vez, el principal obstáculo para la visita de Francisco a la Argentina”. ¿Sabe eso?. ¿O eso es lo que la periodista deseaba que Carrara diga y no dijo?. “¿Qué pasaría si una parte de la sociedad abucheara al Papa, en su propia tierra?”, cierra el párrafo más como arenga que como pregunta.

Personalmente tengo la gracia de conocer a Gustavo. Fue mi profesor, empleador, párroco y ahora obispo... Siempre cercano, siempre atento, siempre escuchando, acompañando, siempre con la palabra justa, siempre rezando, siempre... Intento consultarlo seguido, pero trato de moderar mis intentos para no quitarle tiempo que ocupa mucho mejor seguramente.
Mi tío y mi hermano, referentes de fe popular para mí, me hablaron siempre maravillas de Gustavo. Y cuanto más traté con él, más lo corroboré. Siendo mi profesor de Teología Fundamental me inspiró a inscribir sobre la compasión. La primera vez que fui a verlo a la villa me regaló el libro “Y el Pueblo, ¿dónde está?” del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (edición agotada, muy valiosa para mí en múltiples sentidos, y de frecuente consulta). Años después me convocó a ser el rector fundacional de la primera Escuela Secundaria que abrían los curas villeros. Un honor inmerecido para el que seguramente no estuve a la altura. En esa época me regaló otro libro: “La Alegría del Evangelio” del Papa Francisco. Y como para ir cerrando este párrafo personal, recuerdo que al día siguiente de su ordenación episcopal le escribí por whatsapp: “Me hace feliz ser parte de una iglesia que te tiene como obispo. Rezo fuerte. Abrazo!”. Y eso siento realmente.
Claramente inspirado en la Teología del Pueblo pero que no queda en la teoría sino que se hace vida sencilla, fe popular, compartiendo el día a día cuerpo a cuerpo con aquellos a quien la sociedad considera sobrantes. Recibiendo la vida como la vida viene, y compartiendo con los pobres la alegría del Evangelio (tal como reza su lema episcopal).
Así como el Papa Francisco plantea las tres “T” –“tierra”, “techo” y “trabajo”–, Carrara y los curas villeros plantean las tres “C”, que están profundamente ligadas con esas tres “T”, y son “capilla”, “colegio” y “club”, como un ámbito de prevención. Prevención significa, en estos términos, oportunidades, inclusión y saborear, contagiar, sentido de la vida.
Quizás el flamante obispo villero sea el intérprete más autorizado del pensamiento del Papa Francisco. Impulsor de la difusión de sus ideas a quien, según dice, hay que leerlo sin glosa. Por eso llevó a Patria Grande la idea de editar libros con sus palabras a los Movimientos Populares o en sus visitas a América Latina. Pluma activa detrás de los documentos del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, ahora tiene la posibilidad de dejar de ser “el hijo político del Papa, que nadie conoce” para profundizar y viralizar esta revolución de la fe, la esperanza y el amor que lidera el Papa Francisco. Que así sea.




Gustavo Carrara y el Padre Lorenzo Massa - Clarín

El proyecto social de un cura villero designado obispo por Francisco y San Lorenzo - La Nación

Gustavo Carrara, Club Madre del Pueblo y San Lorenzo -Hecho en CASLA (video)

Gustavo Carrara, Club Madre del Pueblo y San Lorenzo en TyC Sports (video)


De cura obrero a Obispo de Buenos Aires - Diario El Mundo (2013)

Argentina: ¿llega el obispo villero? - Vatican Insider (2013)

Pastores con olor a oveja - Página 12

Monseñor Gustavo Carrara recibió su ordenación episcopal - AICA

Gustavo Carrara ya es obispo - Vida Nueva

Ordenaron al primer obispo villero de la Argentina - InfoBAE








lunes, 5 de febrero de 2018

Joaquín Giangreco, un cura del Pueblo

Es raro escribir sobre mi hermano, pero también es lindo. Hace poco tuve la gracia de viajar con él al monte santiagueño donde estuvo varios años como cura. Allí pude ver de cerca lo que conocía de oídas, pero más aún pude vivenciar la fe popular agradecida por todo lo que hizo y es.
En el mismo viaje nos fuimos hasta el chaco salteño a visitar a nuestro tío, que también es un cura del Pueblo. Dicen que uno es heredero de la fe de sus abuelos, de sus padres y, en nuestro caso, también de nuestro tío. Jorge Luis Díaz, Firulete, marcó mi vida de fe. Y la de Joaquín también, quien lo siguió en el camino de ser cura villero primero e irse para las zonas más pobres del norte después. Con un estilo algo diferente a mi hermano, mi tío tal vez tiene algo de Mugica, de Ricciardelli, pero sin dejar de ser él mismo.
Joaquín, por su parte, desde antes de terminar el secundario tenía clara su vocación. Y más aún: su vocación dentro de la vocación (según citaba de un libro de la Madre Teresa que supe regalarle). No solo quería ser cura, sino serlo entre los pobres. Con el tiempo fue sumándole a su ser-cura-villero algo de Don Bosco, con aportes del Cura Brochero para su viaje al monte santiagueño. ¿Teólogos? Lucio Gera, Rafael Tello y la Teología del Pueblo, sin duda. Y más allá de sus diferencias también de estilo, tuvo el privilegio de haber ejercido su ministerio en Madre del Pueblo, en la villa 1-11-14 del Bajo Flores, con (el flamante obispo) Gustavo Carrara como párroco. Todo ésto acompañado por Jorge Bergoglio primero y el Papa Francisco después.
Indudablemente que a la Iglesia, y al mundo, le haría muy bien tener muchos más curas como los que nombré en los párrafos precedentes... Pastores con olor a oveja. Que viven en el Pueblo, que confían en el Pueblo. Que valoran su sabiduría, su fe. Que luchan por la paz y la justicia. Que eligen vivir en esa comunidad haciéndola familia grande.
Pero el motivo de este escrito es dar a conocer más sobre la vida de Joaquín Giangreco, un cura del Pueblo. Por lo tanto, los dejo con los enlaces para que vayan viendo videos o leyendo artículos sobre todo lo que hizo a lo largo de estos años.






Parroquia Virgen del Carmen - Campo Gallo (video)

Joaquín Giangreco, atrincherado y resistiendo el desalojo a una familia (video)

Joaquín Giangreco, el amigo de Francisco

 

Acceder a la Justicia en el Monte Santiagueño - Joaquín Giangreco y el CAJ (InfoJus)

Joaquín Giangreco, el cura argentino que entrevistará en vivo al Papa Francisco (InfoBAE)

Joaquín Giangreco en TN (notas y videos)



El Papa da una entrevista a una pequeña radio comunitaria (Clarín)

Revuelo en un paraje rural santiagueño (Página 12)

Campo Gallo revolucionado, a la espera del Papa Francisco (La Nación)

El Pueblo tiene una Madre (L´Osservatore Romano)

Entrevista en vivo al Padre Joaquín Giangreco (TN)



Histórica entrevista radial del Papa con Campo Gallo (Diario Panorama)


El Papa Francisco vuelve a llamar a Campo Gallo (Valores Religiosos)

El Papa Francisco le donó una camioneta a la Parroquia de Campo Gallo (AICA)

Llamame Jorge... (blog en inglés)

Papa Francesco e Radio Campo Gallo (blog en italiano)

Revelan que Francisco los animó a organizar el Festival del Monte Nativo

Entrevista al Cura del Monte Santiagueño (La Alameda)


Joaquín Giangreco en la Capilla Padre Lorenzo Massa del Club San Lorenzo

Joaquín Giangreco y Jorge Bergoglio en San Lorenzo



Curas Villeros: Personalidades Destacadas de la Ciudad de Bs As (Ley 3339)

Argentina: ¿llega el Obispo Villero? (Vatican Insider, La Stampa)


El Padre Joaquín Giangreco deja Campo Gallo y vuelve a Buenos Aires (Nuevo Diario)


¿Querés conocer más y/o colaborar? Fundación Ayuda Que Llega