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jueves, 8 de noviembre de 2018

La Vida no es un partido entre Verdes y Celestes

Efectos del odio celeste: murió en Chaco por ser niña, mujer y pobre”, titula La Izquierda Diario. “Tenía una desnutrición crónica, estaba anémica y con neumonía. Cuando llegó al hospital su embarazo era de 32 semanas. No hubo tiempo para salvarlos, ni a ella ni al recién nacido”, informa en el segundo párrafo de la nota. Antes hacía notar que era una niña. Si seguimos leyendo nos enteramos que pertenecía a la comunidad QOM. “Esta niña, no tuvo acceso a educación sexual, porque seguramente tampoco fue al colegio”, continúa diciendo.
Clarín, por su parte, relata lo siguiente: “La niña wichí de 13 años y desnutrida, a la que le hicieron una cesárea de urgencia, murió en la tarde de este miércoles en la terapia intensiva del Hospital Perrando, en Chaco. El martes había muerto su bebé, que al nacer pesó poco más de 1 kilo. Sufrió un falla multiorgánica porque su cuadro era de extrema gravedad: anemia, desnutrición crónica, neumonía. Desde la provincia de Chaco reconocieron que todos los derechos de esta niña fueron vulnerados. Y que el Estado estuvo ausente”. La nota confirma lo que Izquierda Diario suponía: la chica nunca fue al colegio. Informa que el embarazo se detectó a las 28 semanas. Y agrega que la madre de la niña había fallecido dos años antes por una infección respiratoria.
Entre ambas noticias podemos reconstruir lo siguiente: Una niña perteneciente a uno de los pueblos originarios de nuestro país, históricamente excluídos, viviendo en la pobreza extrema, con desnutrición grave, sin acceso al sistema de salud (cuya madre ya había fallecido por eso mismo), sin acceso al sistema escolar y violada, cursaba un embarazo de 28 semanas. 
Ante toda esta información, pregunto: ¿Qué tiene que ver la Educación Sexual Integral y el Aborto?.
Y aclaro rápidamente: quiero Educación Sexual Integral para todes. Sin dudas. ¿Pero en qué le cambiaba la vida a esta piba que ni siquiera iba al colegio?.
Por otra parte, me opongo al aborto legal. ¿Pero en qué le cambiaba la vida a esta piba el aborto legal? En nada. Porque no existe el aborto en la semana 28. Sólo se puede hacer un parto prematuro que, finalmente, fue lo que se hizo. Además no solucionaba su pobreza, su desnutrición, su neumonía, la violación... Y aunque hubiesen detectado el embarazo antes, algo difícil por su exclusión social, ¿quién le garantizaba el acceso al sistema de salud que ella nunca tuvo para otros temas, ni siquiera su madre?.
El gran problema es la desigualdad social, y se soluciona con justicia social. No hay otra.
Ahora bien, siendo que ya demostramos que nada tienen que ver la ESI y el Aborto con estas muertes (que son dos, mal que le pese al que titula en Izquierda Diario). ¿Por qué se fogonean estos temas desde los medios? Porque responden a intereses foráneos del Poder Mundial. Lo venimos diciendo hace mucho tiempo. Y hay personas muy buenas, con intenciones muy buenas, con quienes comparto mucha militancia, que son funcionales sin darse cuenta. O al menos eso pienso yo... ¿Por qué no tiene tanta presencia en los medios el tema de la desnutrición? Hagamos el ejercicio de comparar cuántas muertes de mujeres gestantes hay (que mayormente ni siquiera se vinculan con aborto) con la cantidad de muertes vinculadas a la pobreza extrema, el hambre y la desnutrición. ¿Qué pasa que hay tanta disparidad en la cobertura mediática? ¿Blindaje al gobierno solamente? ¿Intereses espurios? Pensemos juntos...
Y dejo dos notas sobre Educación Sexual Integral y Aborto, respectivamente. Porque hay que hablar de todo, aunque sean otros los que nos quieran manejar la agenda.




jueves, 8 de diciembre de 2016

La Ley de Emergencia Social, una oportunidad de inclusión (por los Curas Villeros)



En el año 1974 la Argentina tenía 4% de pobreza hoy tiene un 32%. Esta emergencia social que vivimos no es la consecuencia de un desastre natural. Hay que trabajar entonces sobre las condiciones que la produjeron. Mientras tanto vemos necesario apoyar la ley de emergencia social. Esta puede ser una buena medida, entre otras,  para que mucha gente llegue a fin de mes. Y para tomar dimensión de que no se pueden perder más puestos de trabajo.
El proceso que ha llevado a proponer la ley creemos que es muy valioso porque ha logrado visibilizar al pueblo pobre trabajador. Los trabajadores y trabajadoras que luchan diariamente por sobrevivir y lo hacen en el marco de la economía popular.
En este contexto merece mucho respeto ese padre o esa madre de familia, que cuando ‘no alcanza para todos’, deja de cenar para que sus hijos puedan comer. Es  desde este tipo de periferias existenciales que tenemos que mirar la realidad de nuestra Patria. Y así poner en el centro de la acción social y política a las personas más desfavorecidas.
Es necesario que los dirigentes –de todo tipo- escuchen el corazón del pueblo. Lo que hace que un pueblo sea un pueblo son sus aspiraciones comunes, el proyecto común que lo pone en marcha. El corazón del pueblo late en los pobres y pequeños, porque en sus anhelos más profundos siempre apuntan a lo esencial
Un lugar de escucha por ejemplo es la devoción a San Cayetano. ¿Qué valores se juegan en ese pedido de Paz, Pan y Trabajo?  Detrás del pedido por el pan hay un pedido de justicia.  No es posible que alguien pase hambre en la Argentina, una tierra bendita de pan. Sin embargo son muchos los que no pueden amasar su pan con el trabajo. Sólo consiguen migajas que caen por descuido de mesas opulentas (ver Lc. 16, 21). Muchas veces esto se confunde con caridad, cuando el pan  que se pide para todos es en realidad un clamor de justicia. Detrás del pedido de trabajo hay un pedido, un reclamo, por el respeto de la dignidad de cada persona. La persona que no trabaja siente que está de sobra, que no vale. La persona que no trabaja está profundamente herida en su dignidad. Dignidad que intuye no le puede ser robada porque le viene de Dios su Padre misericordioso, su único Patrón. Dios no quiere que nadie falte a la mesa,  una mesa que Él mismo se pone a servir (ver Lc 12, 37). La paz social es fruto de vivir bien y esto no se da sin justicia y sin respeto por la dignidad de cada persona.
Por eso consideramos que es fundamental la solidaridad del movimiento obrero con esta multitud de trabajadores de la economía popular. Solidaridad es pensar y actuar en términos de búsqueda de una vida digna para todos los habitantes de nuestro país. Y para aquellos que más posibilidades hemos tenido en la vida, la vara es más alta y la exigencia de ponernos la patria al hombro siempre es mayor.
Nuestra sociedad nunca podrá ser feliz si tenemos un 32% de pobreza y un 6% de indigencia. Ahora bien, detrás de las estadísticas hay rostros concretos e historias muy dolorosas. Duelen hoy y dolieron siempre, no simplemente cuando los números los registran y los hacen visibles.  Por otro lado tampoco es un criterio absoluto la capacidad que tengan los más pobres de llenar una plaza para hacerse ver. A modo de ejemplo basta pensar en los miles de chicos y chicas que consumen paco, que difícilmente puedan organizarse para reclamar por sus derechos.
Frente a esta situación se requiere, entre otras cosas, austeridad. Pero no se le puede pedir austeridad a los que luchan por sobrevivir. Se requiere austeridad de los dirigentes –políticos, empresariales, sindicales, judiciales, eclesiásticos, de los medios de comunicación social, etc.-, la austeridad es un buen antídoto contra la corrupción.
Esta mirada nos ayuda a no perder el eje de una economía al servicio de las personas y los pueblos, en vez de concebirla como un mero mecanismo de acumulación –la copa en vez de derramarse, se agranda-. Hay que considerar la economía como un instrumento imprescindible para que la política pueda generar oportunidades concretas. Es así que en los barrios más vulnerables es necesaria una presencia inteligente del Estado que lleve trabajo, en esos lugares donde la narco-criminalidad sí está dispuesta a dar ‘trabajo’.
La cultura del encuentro que anhelamos no propone recetas acabadas, ya que para los problemas complejos que nos llevaron a esta situación de emergencia social no alcanzan las respuestas lineales. Sí estamos convencidos de que en esta cultura del encuentro los pobres no solo dan que pensar, sino que piensan; no solo despiertan sentimientos, sino que sienten; no solo padecen injusticias y están heridos en su dignidad, sino que creativamente luchan para vivir bien. Y en lo concreto y cotidiano nos enseñan tantísimas veces lo que significa el amor fraterno que se revela frente a la injusticia social.
Que la Virgen de Luján nos enseñe a cuidar de nuestra Patria, como ella lo hace, empezando por los más pobres y pequeños.

P. José María Di Paola, villa La Carcova, 13 de Julio y Villa Curita. Diócesis de San Martín
P. Gustavo Carrara, P. Nicolás Angellotti, P. Eduardo Casabal, villa 1-11-14. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Lorenzo de Vedia, P. Carlos Olivero, P. Gastón Colombres, villa 21-24 y Zavaleta. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Guillermo Torre, de la Villa 31. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Domingo Rehin, villa Lanzone, Villa Costa Esperanza. Diócesis de San Martín
P. Juan Manuel Ortiz de Rosas, San Fernando.  Diócesis de San Isidro.
P. Basilicio Britez, Villa Palito, Puerta de Hierro, San Petesburgo y 17 de Marzo. Diócesis de San Justo
P. Sebastián Sury, P. Damián Reynoso, Villa 15. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Pedro Baya Casal, P. Adrián Bennardis, Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Juan Isasmendi, Villa Trujuy. Diócesis Merlo-Moreno.
P. Nibaldo Leal, V. Ballester. Diócesis de San Martin.
Carlos Morena, Ángel Tissot, Mario Romanín, Alejandro León, Juan Carlos Romanín. Salesianos. Villa Itatí. Don Bosco.
P. Hernán Cruz Martín. Barrio Don Orione - Claypole. Obra Don Orione.
P. Dante Delia. Villa Borges. Diócesis de San isidro.
P. Antonio Mario Ghisaura. Villa Tranquila. Diócesis Avellaneda- Lanús.
P. Eduardo Gonzalez. Vicario general. Diócesis de San Martin.
P. Luciano Iramain, B° Los Polvorines. Diócesis de San Miguel.


sábado, 18 de diciembre de 2010

Toma de Tierras, Xenofobia, Pobreza y Pensamiento Crítico

Estaba dispuesto a escribir sobre los conflictos suscitados en los últimos días, y me encontré con este texto. Decidí compartirlo en mi blog porque adhiero a sus palabras, y sumarlo como aporte a dos escritos personales que datan de 2007:
¿Qué pasa con las Villas? I
¿Qué pasa con las Villas? II

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Yo pago mis impuestos

Supongamos que tengo un departamento en Capital. Para comprarlo, entre otras cosas, tomé un préstamo bancario. Y pago mi impuesto inmobiliario (ABL) que no llega a... pongamos cien pesos por mes. Al mismo tiempo pago Edesur/nor, Metrogas, Aguas Argentinas, lo que quiere decir que tengo agua, cloacas, luz y gas. Por mi esquina pasan varias líneas de colectivos. A pocas cuadras está el subte y si pido un taxi o llamo a la ambulancia, vienen hasta la puerta de mi casa, porque la calle es asfaltada, está iluminada y el barrio es uno de esos comunes de la ciudad, tan seguro o inseguro como cualquier otro.

Para mí, a poco que lo analice, es obvio que si tengo un departamento y pago mis impuestos es porque tuve acceso a una cantidad de derechos que sólo son ejercidos cuando uno ha podido –por razones de su origen de clase, las más de las veces– quedar dentro del sistema y gozar de sus beneficios. Es así que tengo esta casa porque pude obtener un crédito y pude obtener un crédito porque tengo un trabajo en blanco, con sueldo suficiente (los créditos implican una cuota que no puede exceder el 30% de los ingresos) y suficientes años de antigüedad, por mencionar sólo dos de los requisitos más importantes a la hora de pedir un préstamo.

Esto solo ya me ubica entre un porcentaje reducido de población y, por lo tanto, en un lugar de privilegio que me obliga a reemplazar el tan mentado “yo tuve que sacrificarme para pagar una hipoteca” por el “yo pude (tuve la suerte o el privilegio) de poder tener un préstamo hipotecario y comprar una casa”. Digo privilegio y lo digo con premeditación y alevosía, apoyándome especialmente en lo que la palabra trae (privilegio es ley privada, o sea, no general sino relativa a un individuo específico, o a un grupo, y supone el permiso para realizar una actividad garantizada por otra persona o gobierno). Los préstamos suelen ser escasos, difíciles de conseguir, inaccesibles, caros, y se ofrecen esporádicamente. No son para todos, sino para pocos, por eso “privados” y también por cuanto son muchos los que quedan “privados” de esa posibilidad.

La situación no es diferente si alquilo. Alquilar supone también una serie de requisitos: entre ellos el de presentar una garantía propietaria en Capital, que no es sencilla de obtener, a veces, ni siquiera para una contundente clase media de inobjetable porteñidad.

Si toda esa gente que hoy acampa en el Parque Indoamericano pudiera obtener créditos blandos con requisitos posibles de cumplimentar, probablemente en vez de pagar cuatrocientos pesos por una habitación miserable en una villa, accedería a una vivienda propia en condiciones dignas. Aunque tuviera que abonar el impuesto en cuestión. Cabe aclarar que el acampe en el Parque no es similar a una semana de vacaciones en Villa La Angostura y que los incidentes que dejaron heridos y muertos no se parecen a un rappel o un canopy entre los árboles del bosque.

Así que pagar impuestos implica que estoy en pleno ejercicio de mis derechos, no al revés. No estoy en inferioridad de condiciones y esto contando sólo con el impuesto inmobiliario, el específico de la temática de la vivienda, porque si es por los otros impuestos, el IVA por ejemplo, que tributa sobre los artículos de primera necesidad, lo paga todo el mundo, tenga los ingresos que tenga, tenga bienes o tenga males... Y afecta más, obviamente, al que menos tiene.

Pero lo que hay debajo, lo que subyace a esta posición de “yo pago mis impuestos y trabajo tantas horas y soy de acá y no quiero que vengan otros, que no trabajan, que no pagan impuestos, unos extraños (extranjeros en un sentido del término) a disfrutar de lo que apenas si puedo conseguir yo, que sí me lo merezco”... es que el acceso a la ciudad no es un derecho de los pobres. Los pobres (y en esto no importa mucho si son argentinos o extranjeros) que se queden en sus lugares... y si se mueren de hambre, problema de ellos.

Uno puede acordar con que la toma de un lugar no es el procedimiento “correcto”. En eso acuerdan hasta los que la llevan a cabo. Pero la toma no es el origen, es el final de un proceso; es efecto, no causa. El origen está en los gobiernos que no consideran política pública prioritaria la construcción de vivienda social, la radicación organizada, permanente y con inversión de villas y asentamientos, su transformación en barrios confortables, accesibles, que cuenten con todos los servicios y que además sean, en lo posible, arbolados, floridos, coloridos, bellos.

¿Y por qué tiene el Estado que hacerse cargo? Porque la construcción de vivienda en el Buenos Aires de hoy está regulada pura y exclusivamente por el mercado inmobiliario, al que sólo le importa vender mucho y al más alto precio, y no tiene entre sus objetivos resolver la temática de la vivienda como problemática de política social (es decir, garantizar el acceso a la vivienda a todo habitante de la ciudad). Considerando, además, que ese mercado construye viviendas, algunas muy lujosas, que se cuentan de a miles y que están vacías... mientras el problema habitacional de la ciudad crece y crece. Por eso, porque el mercado no va a resolver esta cuestión, es el Estado quien debe ocuparse y limitar incluso las apetencias de ese mercado y ponerlo en caja para que no tome para sí todas las tierras disponibles ni construya sólo para los que tienen dinero.

Por eso y porque la vivienda es, fundamentalmente, un derecho, no (o no sólo) una mercancía.

El pensamiento crítico supone el análisis de las diferentes variables que intervienen en una situación, relacionar unas con otras y evaluar esa complejidad pudiendo arribar a conclusiones o a emitir opiniones que tengan un mayor acercamiento a alguna verdad posible. La experiencia personal no puede ser el referente máximo del pensamiento, porque tiene corto alcance, se funda en el desconocimiento y suele estar plagado de creencias y prejuicios.

Volviendo a Soldati. Ya se ve que la toma no es el procedimiento pulcro, democrático y civilizado que es de esperar para resolver problemas. Sobre todo las tomas organizadas por los pobres, porque las “tomas” de empresarios, terratenientes, periodistas, militares, etc. (las tierras usurpadas a los Qom en Formosa; las tierras que incorporó Biolcatti a la ya extensa superficie de su propiedad, cerrando dos caminos públicos en Carlos Casares; los terrenos del Ferrocarril “vendidos” por monedas a prestigiosos vecinos del barrio Parque –Gianfranco Macri, Mariano Grondona, entre otros- que de ese modo adosaron a sus propiedades el 80 y el 100 % de sus superficies originales, etc.) no han concitado el hervidero de opiniones racistas, clasistas y xenófobas que brotan como frutos de verano por estos días frente a la ocupación del Indoamericano. Es que parece que cuando la que roba es gente con glamour, se soporta mejor.

Y por último, claramente, los derechos de los pobres no suelen ocupar, en general, el primer lugar en las agendas de los poderes públicos, ni tampoco ser acompañados por los pulcros ciudadanos cuyo argumento es que pagan impuestos. Y después de todo, la historia humana ha mostrado una y otra vez que los pobres solo se vuelven visibles y consiguen algo cuando irrumpen, incomodan y molestan a los poderes y a los pulcros.

Estela Calvo, 13 de diciembre de 2010.

Publicado en Río Bravo