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jueves, 26 de octubre de 2023

Tristeza, Alegría, Dolor y Esperanza

Es difícil escribir algo sobre política en estos días sin caer en el análisis de la coyuntura electoral de resultados, ganadores, perdedores, interpretaciones y análisis. Sin embargo, voy a intentarlo.

Hace exactamente 7 años escribía un artículo titulado “una nueva oportunidad”. Allí decía: “si queremos obtener resultados diferentes, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?” y criticaba con dureza a “la casta”. Esas mismas ideas son las que viene repitiendo Javier Milei en este último tiempo, pero también las hemos escuchado en otros países y desde otras ideologías. No es nada nuevo. (Alerta spoiler: si leen mi texto completo van a ver que lo digo desde un posicionamiento muy distinto y llego a conclusiones muy diferentes).

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Lo primero que quiero decir es que conviven en mí la tristeza y la alegría, el dolor y la esperanza.

Me duele que en nuestro querido país haya tanta pobreza.

Me entristece saber que podemos vivir mejor y no lo estamos haciendo.

Me duele escuchar y leer discursos de odio, de eliminar al que piensa diferente.

Me entristece ver a pibes votar ideas que no los representan.

Me duele que se instalen en agenda temas impensados y totalmente ajenos a nuestro Pueblo.

Me entristece leer a gente querida decir cosas horribles sobre los que decidimos votar a determinado candidato, o llevamos tiempo militando y trabajando por el bien común.

Me alegra que nuestro Pueblo haya decidido que la solución es con más comunidad y no con más individualismo, con más amor y no con más odio.

Me da esperanza que se haya propuesto un Gobierno de Unidad Nacional para el Desarrollo Argentino.

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El voto de los pibes a Milei, en realidad, me genera tristeza, alegría y esperanza a la vez. Tristeza porque todos aquellos con los que pude hablar al respecto son ex alumnos míos. Los quiero, y me golpea saber que eligen a un tipo que plantea barbaridades que atentan, inclusive, contra los valores que ellos mismos defienden y viven. Es que, como terminan diciendo ellos mismos, no son libertarios ni anarcocapitalistas… y eso me alegra. También me contagia alegría saber que su voto tiene que ver con un mensaje claro: nos indigna la corrupción, buscamos autenticidad, libertad y deseamos que las cosas mejoren. Y somos la gran mayoría que acordamos con esas cuatro cosas, más allá del candidato al que hayamos votado. (Ya habrá tiempo para ver que la corrupción no pertenece a un solo espacio ni solo a la política, que ser auténtico no significa decir cualquier cosa ni alcanza con serlo, que el concepto de libertad es mucho más que hacer lo que se me cante, y que el cambio muchas veces puede ser para peor, lamentablemente). Que se involucren y participen siempre es bueno, y eso me da esperanza también. Como dijeron Pedro Rosemblat y Tomás Rebord esta semana: si siguen por ese camino, van a terminar siendo peronistas (o se van a dar cuenta de que siempre lo fueron).

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Me preocupa muchísimo que en esta campaña electoral se hayan instalados ciertos temas que jamás pensé tener que debatir: venta de órganos, mercado legal de compra de bebés, libre portación de armas, pornografía para dar ESI, libre contaminación de ríos, privatización de ballenas, romper relaciones con el Vaticano, libertad para morirse de hambre, poder renunciar a la paternidad, entre tantas otras barbaridades. Como dijo Bertolt Brecht: “¿qué tiempos son estos que tenemos que defender lo obvio?” Negar la cantidad de desaparecidos o justificar la dictadura nos pareció de lo menos polémico, imaginen. Hasta cuestionar la educación pública, la salud pública o el transporte público no hicieron tanto ruido en este contexto. Que un candidato hable con su perro muerto, o lo haya clonado para tener “perrhijos”, o que diga que el Uno le dio la misión de ser presidente, o que se lo vea claramente desquiciado y desequilibrado (gritando insultos con un grado de violencia pocas veces visto en esos ámbitos), o que deje entrever que tiene un vínculo incestuoso con su hermana, casi fue quedando en anécdotas. Como candidato a presidente dice desconocer el precio del kilo de carne (“no hago las compras”, se justificó), del boleto del bondi o de la jubilación mínima. Que el blindaje mediático haya impedido a la gran mayoría conocer la trama oculta de corrupción y poder que lo llevó a instalarse en los medios y presentarse a elecciones no es novedoso, pero sí peligroso (ha pasado con otras fuerzas políticas también). Consejo: lean “El loco” de Juan Luis González.

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Me interesa que podamos pensar también más allá de la coyuntura, y por eso quiero dejar planteados algunos temas de filosofía política. Hay conceptos que irrumpieron con fuerza en estos meses y es necesario revisar: Individualismo, Casta, Libertad y Estado (los pongo todos en mayúscula, para no discriminar :p).

No voy a extenderme hablando de Aristóteles, Hobbes, Rousseau u otros pensadores, ni precisar conceptos de manera muy técnica o teórica. Si desean ampliar o profundizar, pueden escribirme o investigar por su cuenta.

Sí voy a decir que nuestro Pueblo no es liberal, ni libertario, ni capitalista, ni anarcocapitalista, ni estatista/estatalista, ni socialista, ni comunista. La gran mayoría valoramos la vida, la familia, el compartir en comunidad, y sabemos que para que haya verdadera libertad necesitamos justicia social y fraternidad. Creemos en valores como la solidaridad, la generosidad, la empatía. Pedimos un Estado presente e inteligente. Amamos a nuestro país. Rechazamos la violencia, y estamos convencidos de que el amor vence al odio. Queremos vivir en paz con el otro, y no contra el otro. Nos sabemos una patria de hermanas y hermanos.

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Me gusta ser sincero, auténtico y coherente. Por eso voy a explicitar desde dónde hablo, porque me parece un gesto de respeto y lealtad hacia vos, lector.

Mi formación política es en la Doctrina Social de la Iglesia y sus principios: Dignidad de la Persona Humana, Bien Común, Destino Universal de los Bienes, Subsidiariedad, Participación y Solidaridad. De ahí, llegué a la Doctrina Justicialista (que se inspira en la DSI, según dijo el mismo Perón varias veces; o como diría Evita: “es la fe popular hecha un partido”). En última instancia, es la dimensión social del Evangelio de Jesús (que no puede separarse de su predicación, de su praxis, de sus palabras, gestos y hechos).

Ni yanquis ni marxistas. Ni capitalismo ni comunismo. Ni individualismo ni colectivismo.

Tercera posición. Humanismo Cristiano. Comunidad Organizada. Peronismo.

Una Nación Socialmente Justa, Económicamente Libre y Políticamente Soberana.

Un Movimiento Nacional y Popular, que milita la Unidad de la Patria Grande, para llegar a todos los Pueblos del Mundo.

San Martín, Rosas, Perón y Evita.

Y hoy me veo fielmente representado por el Magisterio Social del Papa Francisco como profeta de la dignidad humana, en su crítica a la tiranía del paradigma tecnocrático, que frente a la cultura del descarte propone la fraternidad y la amistad social, respondiendo al clamor de la tierra y de los pobres, tendiendo puentes, trabajando por la unidad desde una cultura del encuentro, y promoviendo un desarrollo humano integral con tierra, techo y trabajo para todas y todos.

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Para finalizar, quiero dejar un mensaje a las pibas y pibes que están enojados con los políticos y quieren un cambio. Primero, celebrar esa sana rebeldía que no se resigna a que las cosas estén mal. Pero, a la vez, pedirles que no se dejen arrastrar a la antipolítica, porque eso quieren los malos políticos (la única casta política, que no es la única casta). Ellos no quieren que los “buenos” -permítanme este término- nos metamos, para quedarse siempre los mismos. No alcanza con ir a votar cada tanto, hay que participar. No es fácil, pero vale la pena. Hay de todo en todos lados, pero les aseguro que se puede ser joven, honesto, buscar el bien común, militar y hacer política. ¡No se dejen robar la esperanza! ¡No tengan miedo! No podemos construir un futuro diferente, con gente indiferente. ¡Ánimo!

Ya lo dijo, y muy bien, el compañero Leopoldo Marechal: "¿Cómo salir de la noche doliente?... En su noche toda mañana estriba: de todo laberinto se sale por arriba".

sábado, 18 de abril de 2020

Nadie se salva solo




Nadie se salva solo
por Javier E. Giangreco (y otros)

“No te salves
No te quedes inmóvil
al borde del camino”
Mario Benedetti

Millones de personas encerradas durante semanas sin conocer a nadie que se haya contagiado de COVID-19. ¿No es muy raro? Miles de personas salen de sus casas pero casi en su totalidad cubren su rostro con barbijos o tapabocas caseros, toman distancia de más de un metro en las filas, y tampoco conocen a nadie infectado. ¿Cómo es posible? Las calles desiertas o semidesiertas. ¿Por qué? Porque le tenemos miedo al coronovarius o también llamado “enemigo invisible”. ¿Pero es realmente invisible?
Es técnicamente cierto afirmar que no vemos el virus a simple vista. Pero también podemos decir que no vemos a nadie enfermo. ¿Acaso viste, y hago hincapié en el verbo, a alguien infectado? ¿Conocés a alguien? Lo más cercano, al menos entre la gran mayoría de los argentinos, fue alguien que conoce a alguien que conoce a alguien. Ahora... ¿realmente estamos viviendo este aislamiento obligatorio por miedo a algo invisible? ¿O será que sí lo vemos? Lo vimos en China. Lo vemos en Italia, España, Francia, Reino Unido, EEUU... Es el poder de los medios en tiempos del capitalismo global tecnocrático. (Y eso que no me quiero paranoiquear volviendo a ver “Mentiras que matan” o seguir leyendo sobre interesantes teorías conspirativas).
Se impone comenzar este tercer párrafo aclarando rápidamente que no soy un detractor de las medidas preventivas y urgentes de aislamiento obligatorio. Escuchar al Presidente Alberto Fernández decir que elige cuidar las vidas de las personas por encima de los fríos números de la economía es un bálsamo en tiempos de Trump, Boris Johnson y Bolsonaro. Pero, ¿cuál es límite? ¿En qué momento una medida de excepción deja de ser beneficiosa y se vuelve perjudicial? Habiendo achatado la curva de la pandemia, claramente, y con un sistema de salud no colapsado a esta altura... ¿hasta cuándo mantener a los ciudadanos en confinamiento obligatorio?
Somos seres bio-psico-socio-espirituales. Y una mirada integral de la salud no puede limitar nuestra experiencia vital a lo meramente biológico. Vivir es mucho más que mantener nuestras llamadas funciones vitales. En un primer momento, las medidas de cuidado pusieron en acción a la comunidad organizada. “Nadie se salva solo” dijo el Papa Francisco (y también Alberto Fernández, entre otros). Pero si estas (bio)políticas se extienden en el tiempo pueden convertirse (¿habrá sido la intención en algún momento, en algún lugar?) en formas de manipulación social, disciplinamiento, control y atentando contra el corazón de toda comunidad como bien lo expresa la idea de “aislamiento social”.
Quizás sea momento de volver, al menos un poco, a Aristóteles quien afirmaba que todos los seres humanos deseamos la felicidad y la felicidad se encuentra en la virtud. La virtud ética es un hábito de elección que conduce a optar por el equilibrio entre dos extremos viciosos, y lo llama justo medio. Ni desinterés total por la vida del otro ni confinamiento obligatorio ad eternum. ¿Será eso la llamada transición de la cuarentena administrada?
Esta pandemia, como todo acontecimiento, nos permite un análisis de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas. Y tenemos para todos los gustos. Hay miradas pesimistas, optimistas, resignadas, derrotadas y esperanzadas. Yo juego en el equipo de los esperanzados. No dejo de ver las posibles consecuencias negativas, los peligros, pero arriesgo a apostar por una salida superadora. “¿Cómo salir de la noche doliente?... En su noche toda mañana estriba: de todo laberinto se sale por arriba”, escribía el compañero Marechal (y todos adivinamos allí, también, una crítica literario-ideológica al Borges detractor de los incorregibles).
Lo peor que puede pasarnos como comunidad es, una vez superada la crisis por el COVID-19, haber sido disciplinados en el distanciamiento social y que haya salido fortalecido el sistema que promueve el individualismo, la competencia, y con una desigualdad que ensanche cada vez más la brecha. Que la inmovilización que hoy nos mantiene encerrados en casa se traslade a una inmovilización que nos deje encerrados en nosotros mismos amenaza la existencia del ya maltrecho tejido social. Es un peligro real que el discurso que nos quiere hacer creer que somos héroes por no hacer nada nos lleve a resignarnos a la impotencia y aceptar dóciles el sufrimiento. “El hombre es lobo del hombre” decía Hobbes, y hoy parece reeditarse en aquellos que escrachan a sus vecinos por salir a la calle o quienes quieren expulsar de sus edificios a los profesionales de la salud (luego de, paradójicamente, aplaudirlos cinco minutos en el balcón).
Los Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación vuelven a explicitar toda su ambigüedad. Hasta hace poco eran acusadas de alejarnos y hoy son la única posibilidad de acercamiento. ¿Qué pasará después? Nos hablan de ciberpatrullaje, geolocalización, control online, y ya no sabemos cómo calificarlo desde lo político y lo moral. Ya estamos acostumbrándonos a que nos lean y escuchen a través de nuestros dispositivos electrónicos, lamentablemente.
Se vuelven a poner en valor usanzas del tiempo de antes. Familias desempolvando juegos de mesa y hasta rompecabezas. Se extraña el almacén de barrio que sí era un comercio de cercanía. Se rompe con el cotidiano concepto del tiempo y del espacio. Ya no hay apuro ni que optimizar las horas. Algunos trabajos demandan más desde casa que yendo al lugar de siempre. No hay que correr para utilizar el baño, ni levantarse tan temprano. También es cierto que quizás nos estemos acostando demasiado tarde. ¿Temprano? ¿Tarde? ¿Para qué? ¿Según quién? ¿Criterios de salud o productivos? Lugares de nuestros hogares que estaban deshabitados son rehabilitados. Se ordena de otra manera. Se cambia para mejor o, simplemente, para hacer algo. Nos permitimos aburrirnos. Nos regalamos momentos de ocio. Algunos, los que podemos. Otros no.
Y muchísimas personas empiezan a experimentar lo que tantas otras viven a diario y desde hace bastante. No hay trabajo. La plata no alcanza. Limitaciones en el acceso a bienes y servicios. Y los invisibles se hacen visibles. Y muchos empiezan a ver que hay millones que viven en condiciones indignas, en situaciones de hacinamiento, fuera del sistema formal, sin acceso de calidad a la salud, con desventajas culturales y educativas, peleando el mango día a día. Y algunos se solidarizan mientras otros se indignan porque el Estado les ayuda. Las crisis ponen sobre la mesa lo que a veces se patea debajo de la alfombra.
“Si algo hemos podido aprender en todo este tiempo, es que nadie se salva solo. Las fronteras caen, los muros se derrumban y todo los discursos integristas se disuelven ante una presencia casi imperceptible que manifiesta la fragilidad de la que estamos hechos. La Pascua nos convoca e invita a hacer memoria”, dice Francisco en su escrito “Un plan para Resucitar”. Es la fraternidad universal que recibe la vida como la vida viene. Y es tan interesante y valioso lo que plantea que dejo, casi como para ir cerrando con una luz de esperanza, otro fragmento:

“En este tiempo nos hemos dado cuenta de la importancia de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. Cada acción individual no es una acción aislada, para bien o para mal, tiene consecuencias para los demás, porque todo está conectado en nuestra Casa común; y si las autoridades sanitarias ordenan el confinamiento en los hogares, es el pueblo quien lo hace posible, consciente de su corresponsabilidad para frenar la pandemia... Lección que romperá todo el fatalismo en el que nos habíamos inmerso y permitirá volver a sentirnos artífices y protagonistas de una historia común y, así, responder mancomunadamente a tantos males que aquejan a millones de hermanos alrededor del mundo. No podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos. Es el Señor quien nos volverá a preguntar “¿dónde está tu hermano?” (Gn, 4, 9) y, en nuestra capacidad de respuesta, ojalá se revele el alma de nuestros pueblos, ese reservorio de esperanza, fe y caridad en la que fuimos engendrados y que, por tanto tiempo, hemos anestesiado o silenciado.
Si actuamos como un solo pueblo, incluso ante las otras epidemias que nos acechan, podemos lograr un impacto real. ¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia? La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar… Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad. No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es “una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos”.”.

Se trata de vivir día a día las cuatro “c” que el mismo Francisco propuso en su carta a los Movimientos Sociales: curar, cuidar y compartir en comunidad. Para que cuando vuelvan los encuentros, los abrazos, el mirarse a los ojos, el apretón de manos, los besos, los asados y los mates sea posible realmente la vida en comunidad que es la vida que vale la pena ser vivida.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Evita sobre la Iglesia, la Religión y la Fe


20. LAS JERARQUÍAS CLERICALES
Entre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías clericales cuya inmensa mayoría padece de una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos. Declaro con absoluta sinceridad que me duelen como un desengaño estas palabras de mi dura verdad. Yo no he visto sino por excepción entre los altos dignatarios del clero generosidad y amor... como se merecía de ellos la doctrina de Cristo que inspiró la doctrina de Perón. En ellos simplemente he visto mezquinos y egoístas intereses y una sórdida ambición de privilegio. Yo los acuso desde mi indignidad, no para el mal sino para el bien. No les reprocho haberlo combatido sordamente a Perón desde sus conciliábulos con la oligarquía. No les reprocho haber sido ingratos con Perón, que les dio de su corazón cristiano lo mejor de su buena voluntad y de su fe.
Les reprocho haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía. Les reprocho haber traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las turbas. Les reprocho olvidarse del pueblo y haber hecho todo lo posible por ocultar el nombre y la figura de Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan. Yo soy y me siento cristiana. Soy católica, pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio. Esto no lo entenderé jamás. Como no lo entiende el pueblo. El clero de los nuevos tiempos, si quiere salvar al mundo de la destrucción espiritual, tiene que convertirse al cristianismo. Empezar por descender al pueblo. Como Cristo, vivir con el pueblo, sufrir con el pueblo, sentir con el pueblo. Porque no viven ni sufren ni sienten ni piensan con el pueblo, estos años de Perón están pesando sobre sus corazones sin despertar una sola resonancia. Tienen el corazón cerrado y frío. ¡Ah, si supieran qué lindo es el pueblo, se lanzarían a conquistarlo para Cristo que hoy, como hace dos mil años, tiene misericordia de las turbas!

21. LA RELIGIÓN
Cristo les pidió que evangelizasen a los pobres y ellos no debieron jamás abandonar al pueblo donde está la inmensa masa oprimida de los pobres. Los políticos clericales de todos los tiempos y en todos los países quieren ejercer el dominio y aún la explotación del pueblo por medio de la iglesia y la religión. Muchas veces, para desgracia de la fe, el clero ha servido a los políticos enemigos del pueblo predicando una estúpida resignación... que no sé todavía cómo puede conciliarse con la dignidad humana ni con la sed de Justicia cuya bienaventuranza se canta en el Evangelio. También el clero político pretende ejercer en todos los países el dominio y aún la explotación del pueblo por medio del gobierno, lo que también es peligroso para la felicidad del pueblo. Los dos caminos del clericalismo político y de la política clerical deben ser evitados por los pueblos del mundo si quieren ser alguna vez felices.
Yo no creo, como Lenín, que la religión sea el opio de los pueblos. La religión debe ser, en cambio, la liberación de los pueblos; porque cuando el hombre se enfrenta con Dios alcanza las alturas de su extraordinaria dignidad. Si no hubiese Dios, si no estuviésemos destinados a Dios, si no existiese religión, el hombre sería un poco de polvo derramado en el abismo de la eternidad. Pero Dios existe y por El somos dignos, y por El todos somos iguales, y ante El nadie tiene privilegios sobre nadie. ¡Todos somos iguales! Yo no comprendo entonces por qué, en nombre de la religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resignación frente a la injusticia. Ni por qué no puede en cambio reclamarse, en nombre de Dios y en nombre de la religión, esos supremos derechos de todos a la justicia y a la libertad. La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía. La religión está en el alma de los pueblos porque los pueblos viven cerca de Dios, en contacto con el aire puro de la inmensidad.
Nadie puede impedir que los pueblos tengan fe. Si la perdiesen, toda la humanidad estaría perdida para siempre. Yo me rebelo contra las "religiones" que hacen agachar la frente de los hombres y el alma de los pueblos. Eso no puede ser religión. La religión debe levantar la cabeza de los hombres. Yo admiro a la religión que puede hacerle decir a un humilde descamisado frente a un emperador: "¡Yo soy lo mismo que Usted, hijo de Dios!" La religión volverá a tener su prestigio entre los pueblos si sus predicadores la enseñan así: como fuerza de rebeldía y de igualdad, no como instrumento de opresión. Predicar la resignación es predicar la esclavitud. Es necesario, en cambio, predicar la libertad y la justicia. ¡Es el amor el único camino por el que la religión podrá llegar a ver el día de los pueblos!

Extraído de "Mi Mensaje"

miércoles, 28 de octubre de 2015

Cambiemos para la Victoria



Este domingo próximo pasado la voluntad popular se expresó en las urnas. Y, como siempre, hay un mensaje a interpretar que no podemos dejar de escuchar. Uno puede compartir o no el resultado, sentirse más o menos a gusto, pero lo que no puede hacer es ignorarlo. Y menos cuando estamos hablando, según mi humilde entender, de las elecciones más transparentes, limpias y democráticas de la historia argentina.

¿Qué votaron los que votaron?. En primer lugar no podemos desconocer que más de un tercio de los electores optaron por Daniel Scioli, siendo éste el candidato más votado. Pero poco más del 60% restante decidió no acompañar la única alternativa que, con algunos cambios, proponía continuidad de este Proyecto Nacional y Popular que viene gobernando el país durante los últimos 12 años.

Claramente hubo un voto por el cambio, palabrita mágica, talismán, que bien puede representar a casi dos tercios de los votantes. ¿Y qué quieren, en su mayoría, cambiar?. 

Algunos me dicen que se quiere acabar con la corrupción. Puede ser. De hecho (casi) todos estamos en contra de la corrupción. Queremos memoria, verdad y justicia también en este tema. Pero si realmente ese hubiese sido el motor del voto, no estaríamos en este escenario de segunda vuelta entre Scioli y Macri. El Pueblo no quiere corruptos, pero no parece ser el mensaje de las urnas.

Creo que el cambio que se pide pasa por otro lado. Hay un sector numeroso que se describe como cansado de este gobierno, saturado, agotado, y quieren que se vaya. No quieren más el clima de confrontación, de crispación, de división en el que vivimos. El kirchnerismo construyó sobre el conflicto, la lucha contra las Corporaciones, la batalla cultural, la pelea contra el Poder Real. Eso generó un discurso combativo, y también un escenario donde la cancha quedó marcada desde una construcción mediática de los relatos. La Grieta existe y, en distintos niveles, existió siempre. Pero aunque hay intolerancia de ambos lados, se instaló, en parte por responsabilidad del propio oficialismo, que el kirchnerismo es el soberbio, intolerante, destructivo, que odia, que va por todo, que no respeta nada…

Siguiendo en el plano de las percepciones, una mayoría asocia todo lo negativo del kirchnerismo con Aníbal Fernández. Pero, a su vez, bien sabemos que Scioli no representa lo mismo. Por eso Scioli quedó aparentemente encerrado: si se muestra no kirchnerista, pierde el voto del núcleo duro (¿25%?); pero si se muestra kirchnerista pierde (¿perdió?) el voto independiente (y hasta el de ese grupo numeroso que prefiere escuchar hablar de optimismo, fe y esperanza, pero no puede asociarlo con los K y terminó votando a Macri).

Si queremos que Scioli para la Victoria sea una realidad, cambiemos. Cambiemos para la Victoria. Estamos a tiempo. Volvamos a enamorar. Sabemos que el Amor vence al Odio. Estamos convencidos que la Patria es el Otro. Escuchemos. Dialoguemos. Respetemos al que piensa diferente, aunque podamos discutir las ideas. Construyamos en la diversidad, trabajando en lo que nos une. Vivamos la cultura del encuentro. Desmantelemos el discurso marketinero, vacío, light, que nos quiere hacer creer que la política se puede reducir a gestión sin ideología, que nos quiere hacer creer que hablando pausado, sin gritar, con una sonrisa, podemos lograr la #PobrezaCero que todos deseamos. Tenemos que asumir que algunos nos critican por nuestros logros, pero otros no nos votan por nuestros errores. Salgamos a militar desde la épica. Valoremos lo positivo, y mostremos alternativas a lo negativo. #Cuidemos lo que se hizo bien, y #Cambiemos lo que se está haciendo mal. #CambiemosParaLaVictoria.