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sábado, 19 de abril de 2025

Vale la pena: ¿ficción o realidad?

Toda novela es un artificio. Por más que el escritor se inspire en sucesos reales, desde el momento en que decide hacer literatura, esa historia ingresa en el género de la ficción. Es una construcción creativa y no una simple copia de la realidad.

Con esas ideas en la cabeza, decidí jugar un rato con la IA. Elegí fotos que tienen que ver con situaciones que aparecen en la novela, o se vinculan con la historia, y las convertí en caricaturas de diferentes estilos. Todas las imágenes del posteo de instagram están basadas en fotografías reales de fines de los `90, excepto las últimas dos (una no es foto, y la otra es de la semana pasada, como podrán deducir).

Ninguna de las caricaturas aparecerá en la novela. Solo me animé a este juego para reforzar el mensaje: aunque inspirada en hechos reales, toda la obra es ficción. Se pueden reconocer personajes, situaciones, anécdotas, recuerdos, pero no es un libro de crónicas o autobiográfico. Ni siquiera es una novela histórica. Es una historia de amor adolescente, ambientada a fines de los ´90, nacida al calor de un grupo juvenil católico.

Si quieren saber más, les dejo 4 enlaces:

20 imágenes sobre la novela: 
https://www.instagram.com/p/DIogi4SRN9f/

Formulario de PREVENTA: 
https://forms.gle/Hfr6k7sZiQqgeXjo7 
(¡hay descuentos!)


viernes, 1 de enero de 2021

Diario de alguien que ama


"El que se compromete a amar se arriesga a sufrir pero sufrir por amor vale la pena".

Esa frase es la síntesis perfecta de mi novela, la declaración del tema.

¿Mi novela? Sí. Terminé de reescribirla. Luego de tantos años de ponerle palabras, en múltiples sentidos, me pasé toda la segunda mitad del 2020 revisando, corrigiendo, reelaborando, mejorando, editando. Y acá está, empezando el 2021 en su versión (casi) final. ¿Qué le falta? Les cuento…

Le falta volver a ser leída por algunas y algunos de ustedes. ¿Quiénes? Los que tengan tiempo y ganas, los que puedan y quieran. ¿Cómo? Me escriben por privado y les hago llegar la versión digital. Sin compromiso. Con total libertad.

Mi idea es darme dos semanas de respiro y llegar a su versión final definitiva en la segunda quincena de enero. ¡Todas las devoluciones serán bienvenidas!

Sinopsis:

Vale la pena (diario de alguien que ama) es una historia de amor - adolescente y noventosa- repleta de complicaciones, humor, giros y mucho más.

Jerónimo es un tímido pibe de diecisiete años al que le pasa algo que lo cambia todo: se enamora. El problema parece ser que la chica en cuestión es, a la vez, la imposible, la incorrecta y la indicada. Mariela lo seduce sin querer al buscar hacerle gancho con su gran amiga: Daniela. Para colmo su enamorada es la hermana menor de un compañero de colegio, y tiene un competidor desleal que corre con ventaja. ¡Bienvenidos al infierno!

El relato comienza con su caminar errante, desesperanzado, sin rumbo, fruto del desamor: Ella lo rechazó. Se encuentra con tres pibes –tres seres angelicales al rescate- en una plaza y comienza a matear con ellos. Les cuenta su historia de amor, es decir, sus últimos nueve meses. Los tres compañeros de camino le hacen todo tipo de preguntas y comentarios, y lo ayudan a ponerle palabras a lo que le pasa gracias a su escucha atenta. El narrar le permite a Jero comprender y tomar una decisión: jugarse por el amor. El relato en pasado da lugar a la vivencia en presente. Es febrero del 98 y una serie de sucesos van a dar lugar al desenlace.

Una historia de amor adolescente, nacida al calor de un grupo juvenil católico, que nos invita a seguir creyendo que, a pesar de todo, amar siempre vale la pena.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Cambiemos para la Victoria



Este domingo próximo pasado la voluntad popular se expresó en las urnas. Y, como siempre, hay un mensaje a interpretar que no podemos dejar de escuchar. Uno puede compartir o no el resultado, sentirse más o menos a gusto, pero lo que no puede hacer es ignorarlo. Y menos cuando estamos hablando, según mi humilde entender, de las elecciones más transparentes, limpias y democráticas de la historia argentina.

¿Qué votaron los que votaron?. En primer lugar no podemos desconocer que más de un tercio de los electores optaron por Daniel Scioli, siendo éste el candidato más votado. Pero poco más del 60% restante decidió no acompañar la única alternativa que, con algunos cambios, proponía continuidad de este Proyecto Nacional y Popular que viene gobernando el país durante los últimos 12 años.

Claramente hubo un voto por el cambio, palabrita mágica, talismán, que bien puede representar a casi dos tercios de los votantes. ¿Y qué quieren, en su mayoría, cambiar?. 

Algunos me dicen que se quiere acabar con la corrupción. Puede ser. De hecho (casi) todos estamos en contra de la corrupción. Queremos memoria, verdad y justicia también en este tema. Pero si realmente ese hubiese sido el motor del voto, no estaríamos en este escenario de segunda vuelta entre Scioli y Macri. El Pueblo no quiere corruptos, pero no parece ser el mensaje de las urnas.

Creo que el cambio que se pide pasa por otro lado. Hay un sector numeroso que se describe como cansado de este gobierno, saturado, agotado, y quieren que se vaya. No quieren más el clima de confrontación, de crispación, de división en el que vivimos. El kirchnerismo construyó sobre el conflicto, la lucha contra las Corporaciones, la batalla cultural, la pelea contra el Poder Real. Eso generó un discurso combativo, y también un escenario donde la cancha quedó marcada desde una construcción mediática de los relatos. La Grieta existe y, en distintos niveles, existió siempre. Pero aunque hay intolerancia de ambos lados, se instaló, en parte por responsabilidad del propio oficialismo, que el kirchnerismo es el soberbio, intolerante, destructivo, que odia, que va por todo, que no respeta nada…

Siguiendo en el plano de las percepciones, una mayoría asocia todo lo negativo del kirchnerismo con Aníbal Fernández. Pero, a su vez, bien sabemos que Scioli no representa lo mismo. Por eso Scioli quedó aparentemente encerrado: si se muestra no kirchnerista, pierde el voto del núcleo duro (¿25%?); pero si se muestra kirchnerista pierde (¿perdió?) el voto independiente (y hasta el de ese grupo numeroso que prefiere escuchar hablar de optimismo, fe y esperanza, pero no puede asociarlo con los K y terminó votando a Macri).

Si queremos que Scioli para la Victoria sea una realidad, cambiemos. Cambiemos para la Victoria. Estamos a tiempo. Volvamos a enamorar. Sabemos que el Amor vence al Odio. Estamos convencidos que la Patria es el Otro. Escuchemos. Dialoguemos. Respetemos al que piensa diferente, aunque podamos discutir las ideas. Construyamos en la diversidad, trabajando en lo que nos une. Vivamos la cultura del encuentro. Desmantelemos el discurso marketinero, vacío, light, que nos quiere hacer creer que la política se puede reducir a gestión sin ideología, que nos quiere hacer creer que hablando pausado, sin gritar, con una sonrisa, podemos lograr la #PobrezaCero que todos deseamos. Tenemos que asumir que algunos nos critican por nuestros logros, pero otros no nos votan por nuestros errores. Salgamos a militar desde la épica. Valoremos lo positivo, y mostremos alternativas a lo negativo. #Cuidemos lo que se hizo bien, y #Cambiemos lo que se está haciendo mal. #CambiemosParaLaVictoria.



sábado, 19 de abril de 2014

Pascua: El Amor vence al Odio, y la Vida vence a la Muerte



Suelo recordar y citar un fragmento de la provocadora y absurdamente censurada película “La Última Tentación de Cristo”, basada en la novela homónima. Hay una escena donde se encuentran Jesús y Pablo. Este último estaba predicando sobre la resurrección. “La muerte ha sido vencida”, decía. Se acerca Jesús, lo escucha y lo trata de mentiroso. Le dice que nunca murió ni regresó de entre los muertos. Pablo le explica que la gente es infeliz, y que su única esperanza es Jesús resucitado. No importa quién sea Jesús, sino que “el Jesús resucitado salvará al mundo, y eso es lo que importa”, afirma. Durante el diálogo hay un intercambio sobre el tema de la verdad, que me recuerda la frase de Batman: “Porque a veces la verdad no es suficiente. A veces la gente se merece algo más. A veces la gente se merece una recompensa por tener fe”.
Hay otra película que trae un planteo similar: “El Cuerpo”. Detrás del argumento pochoclero, se plantea la posibilidad de encontrar el cuerpo de Jesús y, por lo tanto, demostrar que no resucitó. ¿Por qué traigo del recuerdo esta películas un día como hoy, Sábado Santo?.
San Pablo escribió que “si Cristo no resucitó nuestra predicación es vacía y vana nuestra fe” (1Cor 15,14). Y lo reiteró Francisco en el inicio de su pontificado: “¿Qué significa para nuestra vida la Resurrección? ¿Y por qué sin ella nuestra fe es en vano? Nuestra fe se basa en la Muerte y Resurrección de Cristo, al igual que una casa está construida sobre sus cimientos: si éstos ceden, toda casa se derrumba”.
La resurrección es una cuestión de Fe. Y Jesús Resucitado es la esperanza que no defrauda. “Dios resucitó a un crucificado, y desde entonces hay esperanza para los crucificados de la historia”, afirma Jon Sobrino. El Amor vence al Odio, y la Vida vence a la Muerte.
Esta acción creadora de Dios acogiendo a Jesús en su misterio insondable es un acontecimiento que desborda el entramado de esta vida donde nosotros nos movemos. Se sustrae a cualquier experiencia que podamos tener en este mundo. No lo podemos representar adecuadamente con nada. Por eso, ningún evangelista se ha atrevido a narrar la resurrección de Jesús”, explica Pagola. No es un hecho histórico. No es un hecho demostrable científicamente. Pero eso no quiere decir que no sea real. Es una cuestión de fe. Entonces, si la resurrección es el evento central de nuestra fe, ¿en qué creer?.

En este momento de mi vida ya no tengo muy claro en qué creo. Pero sí en quién. Sigo creyendo en un Dios que es Amor, que se hizo hombre, se abajó, y que por anunciar el Reino con palabras y obras lo terminaron matando. Creo en un Dios-Comunidad que sigue presente en la Historia, que acompaña, que sostiene, que es cercano, que sale al encuentro, y que respeta la libertad del hombre. Creo en un Dios que aborrece la injusticia y nos quiere felices. Y lo creo dentro de la Iglesia, que aspira a ser una Comunidad de Fe, Fraterna, que Celebra la Vida, que se Encuentra, que Anuncia el Reino con palabras y acciones, y que Denuncia todo lo que se opone a ese Sueño de Dios para todos nosotros, ese Banquete para todas y todos, inclusivo, de Vida en abundancia, donde nadie quede afuera.
Creo en ese Dios que “derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes, que colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1, 52-53). Creo en el Jesús que fue enviado a “llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19). El mismo que dijo “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!... Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!” (Lc 6, 20-24). “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos” (Mt 5, 6-10). 
Porque al final, como decía San Juan de la Cruz, seremos examinados en el amor. San Agustín lo expresaba de una manera muy linda: “amá y hacé lo que quieras… hagas lo que hagas, hacelo por amor”. Y escucharemos esa Voz que nos diga “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos habriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”. Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt 25, 34-40)

Como cierre de este escrito, y apelando a las “Crónicas del Ángel Gris” de Alejandro Dolina, hago explícita mi opción de poder jugar en el equipo de los Hombres Sensibles, y no en el de los Refutadores de Leyendas. Los Refutadores de Leyendas, una abominable secta racionalista de Villa del Parque, simbolizan a todos los positivistas, escépticos, que intentan demostrar que el mundo no es tan maravilloso, que los milagros no existen, y que definen al fútbol “como un juego en que veintidós sujetos corren tras de una pelota... ¡Líbrenos Dios de percibir el mundo con este simple cinismo!”. Pertenecen a esta secta todos aquellos que “no se limitan a demostrar que el mundo es razonable y científico, sino que también lo desean así. (Éste es seguramente su peor pecado)”. En la vereda opuesta nos encontramos los que deseamos creer sin ver, porque seremos felices (cf. Jn 20, 9b). Aquellos que amamos vivir, y deseamos vivir amando. Aquellos que estamos representados, o queremos estarlo, por esa muchachada que se hace llamar Los Hombres Sensibles de Flores.

Y por eso me la juego. Porque no es evidente. Porque no es claro y distinto. Porque quiero y deseo ser un hombre de fe. Porque quiero y deseo esperar contra toda esperanza. Porque puedo equivocarme, pero así y todo prefiero arriesgarme. Amén.

sábado, 31 de agosto de 2013

Jesús, la Iglesia, el Papa y el Reino (o aquello en lo que creo que creo)



En este momento de mi vida ya no tengo muy claro en qué creo. Pero sí en quién. Sigo creyendo en un Dios que es Amor, que se hizo hombre, se abajó, y que por anunciar el Reino con palabras y obras lo terminaron matando. Creo en un Dios que sigue presente en la Historia, que acompaña, que sostiene, que es cercano, que sale al encuentro, y que respeta la libertad del hombre. Creo en un Dios que aborrece la injusticia y nos quiere felices. Y no sé si mucho más. Todas esas capas de doctrinas, normas y preceptos que la Iglesia le fue tirando encima sólo me llevan a cuestionarme mi pertenencia a lo que debiera ser, para mí, una Comunidad de Fe, Fraterna, que Celebra la Vida, que se Encuentra, que Anuncia el Reino con palabras y acciones, y que Denuncia todo lo que se opone a ese Sueño de Dios para todos nosotros, ese Banquete para todas y todos, inclusivo, de Vida en abundancia, donde nadie quede afuera.
Estoy cansado de una Iglesia que no deja vivir en la libertad de los hijos de Dios, manipulando, operando sobre las conciencias, tratando a las personas como ovejas de un rebaño, haciendo hincapié en lo de ovejas, imponiendo y no proponiendo, demasiado alejada de las necesidades reales del Pueblo, machista, retrógrada y en exceso autorreferencial; que casi siempre, y en todos lados, termina siendo funcional a la derecha, que sólo se preocupa por temas de moral sexual (o que le dedica demasiado tiempo a esos temas y no a otros), que predica una cosa y hace otra, que sigue defendiendo la mentirita de algunos dogmas e interpretaciones bíblicas, y que le tiene mucho miedo a la desclericalización, al Pueblo.
Que los gestos de austeridad y cercanía de Francisco sean noticia, sean considerados revolucionarios, habla muy bien del Papa, pero muy mal de la Iglesia. Se necesitan cambios urgentes, cambios de fondo, estructurales. Se necesita una revolución, y no hay mejor modelo de revolucionario que el propio Jesús. Me entusiasma escuchar al Papa decir “hagan lío”, pero hay tantas interpretaciones diversas que no sé si los frutos serán los que yo espero. Y quizás no tengan que serlo, porque no descarto que el equivocado sea yo. Eso también lo tengo claro.
“Confieso” que me emociona ver al Papa hacer muchos gestos, decir cosas provocativas, y lo que más me conmueve es que otros vean que se puede hacer algo diferente. Me pasa algo similar a lo que siento por San Lorenzo: sé que el fútbol es un negocio, manejado por intereses espurios, pero no dejo de ver los partidos, festejar los goles, y mi humor no es el mismo si ganamos o perdemos. Y siempre me esperanzo en ganar el campeonato. En ambos casos…
Escribió Loisy, con maravillosa ironía, que Jesús vino a anunciar el Reino pero le salió la Iglesia. Frase tan provocativa como las que lanzaba Jesús en su época, y en línea con lo que pusieron en su boca los evangelistas al referirse a los fariseos. Hay que volver al sentido de la praxis de Jesús. La ley está hecha para el hombre y no al revés. La letra mata, pero el espíritu vivifica. Jesús fue un provocador, un revolucionario. Vino a anunciar el Reino, a vivirlo, hasta el final. Por eso causaba escándalo. Y si la Iglesia obstruye o demora la construcción del Reino, lo que falla es la Iglesia.
Creo en ese Dios que “derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes, que colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1, 52-53). Creo en el Jesús que fue enviado a “llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19). El mismo que dijo “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!... Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!” (Lc 6, 20-24). “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos” (Mt 5, 6-10). 
Porque al final, como decía San Juan de la Cruz, seremos examinados en el amor. San Agustín lo expresaba de una manera muy linda: “amá y hacé lo que quieras… hagas lo que hagas, hacelo por amor”. Y escucharemos esa Voz que nos diga “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos habriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”. Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt 25, 34-40)