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miércoles, 24 de abril de 2019

Régimen Penal Juvenil

Exposición de Mons. Gustavo Carrara, Obispo de los Pobres, en la Cámara de Diputados de la Nación el día 23/04/2019...

Un régimen penal juvenil verdaderamente humano y abierto a la esperanza

1. Buenas tardes, les agradezco la posibilidad de estar aquí, y el trabajo que se toman para escuchar con atención cada una de las intervenciones. Cuando hablamos y nos posicionamos acerca de un tema importante, en este caso sobre la posibilidad de un régimen penal juvenil, lo hacemos fuertemente influenciados por nuestras convicciones y por nuestras experiencias concretas de vida. No hay miradas neutras de la realidad, por eso quisiera intentar aportar una mirada humanista y cristiana, y a su vez apoyarme en la experiencia de vivir y trabajar pastoralmente hace 12 años en las villas de Buenos Aires. 
2. Cuando visitamos a un adolescente en un instituto de menores, como adultos debemos reconocer, que en un punto, hemos llegado tarde. Que esto no debería haber ocurrido. Y haciendo memoria de nuestra niñez y adolescencia, nos preguntamos, ¿por qué ellos y yo no? En estos lugares nos encontramos mayoritariamente con adolescentes que desde el inicio de su vida han padecido la pobreza multidimensional. Qué duro es cuando el primer encuentro mano a mano del Estado con estos menores se da a través de la justicia penal. Por eso el tratamiento de esta ley no tiene que hacer olvidar el problema de fondo. ¿El problema son los menores pobres en conflicto con la ley o el problema profundo y de raíz es la decisión y voluntad de sostener a lo largo del tiempo una política de Estado de inclusión e integración social? 
3. Ahora bien, es verdad, Argentina no tiene un régimen de responsabilidad penal juvenil como lo dispone la Convención de los Derechos del Niño. Sería deseable que se abandonara el sistema tutelar y se implementara un régimen penal juvenil, con todas las garantías del proceso penal, pero sin bajar la edad mínima de responsabilidad penal juvenil, es decir, manteniéndola en 16 años, lo que sería más acorde a los estándares internacionales de derechos humanos y, en particular, con dicha Convención. En este marco aparecen caminos concretos que deben incluirse en dicho régimen penal juvenil: la justicia restaurativa, la mediación, la remisión de casos, las medidas no privativas de libertad. Es evidente que la implementación de este sistema depende de la habilitación de la infraestructura y los recursos humanos y materiales necesarios para el desarrollo de un sistema orientado a la resocialización y a la educación. Hay que trabajar por un régimen penal juvenil verdaderamente humano y abierto a la esperanza. 
4. Los menores que son llevados al delito por organizaciones criminales son sus víctimas. El Estado debe alejarlos de esa opción en lugar de reafirmarlos en el rol de delincuente. Cuando vemos adolescentes que tienen armas en sus manos, lo primero que deberíamos preguntarnos es ¿por qué no les hemos acercado antes una propuesta positiva? ¿Por qué los hemos dejado en orfandad, expuestos a situaciones que los dañan a ellos en primer lugar? La pregunta no es tanto ¿qué le pasa a los adolescentes?, sino ¿qué nos pasa a los adultos? Por otro lado ciertamente los adolescentes no son responsables del tráfico de armas que se da en nuestra sociedad, muchas veces ligado al narcotráfico. Este contexto es particularmente dramático en villas y barrios precarios, cuya población está compuesta por casi la mitad de niños, niñas y adolescentes. 
5. En estos lugares hay que tener particularmente presente el concepto amplio de inseguridad, eso que atenta contra la vida digna de los vecinos y vecinas. Por eso el camino comienza insertando a todos los chicos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos —agua, electricidad, cloacas—, por nombrar sólo algunas medidas. Ahí empieza todo proceso de integración socio-urbana. 
6. Es necesario tener cuidado del populismo penal. No se trata aquí de la confianza en alguna función social tradicionalmente atribuida a la pena pública, sino más bien en la creencia de que mediante tal pena se pueden obtener los beneficios que requerirían la implementación de otro tipo de política social, económica y de inclusión social. Por otro lado hay que evitar esa tendencia que algunas veces existe de construir deliberadamente enemigos: figuras estereotipadas, que concentran en sí mismas todas las características que la sociedad percibe o interpreta como peligrosas. Los mecanismos de formación de estas imágenes son los mismos que, en su momento, permitieron la expansión de las ideas racistas.1 Y todo esto se vuelve más delicado aún si estamos hablando de menores. 
7. La respuesta a los inimputables es el cumplimiento de la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (Ley Nº 26.061). “Los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños que aún no han completado su desarrollo hacia la madurez, y por tal motivo no pueden ser imputables. Ellos, en cambio, deben ser los destinatarios de todos los privilegios que el Estado puede ofrecer, tanto en lo que se refiere a políticas de inclusión como a prácticas orientadas a hacer crecer en ellos el respeto por la vida y por los derechos de los demás.” 2 La deuda social es la gran deuda de los argentinos, no se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es principalmente un problema ético que nos afecta en nuestra dignidad más esencial. Detrás de las estadísticas —nunca hay que olvidarlo— hay rostros e historias. La deuda social genera graves daños sobre la vida concreta de personas, las hiere profundamente en su dignidad. Y casi la mitad de los niños, niñas y adolescentes de nuestra patria son pobres. 
8. Por último me permito recordar que este honorable congreso votó por unanimidad la ley de integración socio-urbana. Esta Ley tuvo un trabajo de relevamiento previo de 4.228 barrios populares. Lo traigo a la memoria porque la mitad de los habitantes de estos barrios son niños, niñas y adolescentes. Hay que seguir llevando adelante este proceso de integración socio-urbana de las villas y barrios precarios de nuestro país. Es probable que esto no resuelva totalmente el drama de la pobreza en nuestra Patria, pero ciertamente será mirarlo de frente y poner manos a la obra de modo bien concreto. 

+Gustavo Oscar Carrara Obispo Auxiliar de Buenos Aires Vicario para la Pastoral de Villas de CABA Asesor de la Comisión Arquidiocesana de Niñez y Adolescencia en Riesgo del Arzobispado de Buenos Aires 

1 Cfr. Papa Francisco. Discurso a una delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal. 23/10/2014 
2 Papa Francisco. Ibídem.

Y les dejo un artículo que escribí hace más de 10 años, vinculado a la temática:

miércoles, 20 de junio de 2012

Un punteo sobre el proyecto de Ley de Adicciones

Expte 4445-D-2012 (ver)


1) El tema de las adicciones en general, y del consumo de drogas en particular, no puede limitarse a despenalización sí o despenalización no.
2) Es un tema complejo que exige un abordaje interdisciplinario, trabajando en la prevención, la educación, el tratamiento, la asistencia, la rehabilitación social, en el marco de la igualdad de oportunidades, y sin dejar de lado la represión al narcotráfico.
3) El consumo de estupefacientes y las problemáticas asociadas constituyen un fenómeno social complejo, dinámico y multicausal. Entre las dimensiones que requieren ser pensadas y consideradas se encuentran condiciones sociales, económicas, geopolíticas, subjetivas, de salud y culturales, entre otras.
4)   En las condiciones actuales, despenalizar sin tener en cuenta esta mirada integral es abandonar a su suerte, que nunca es buena, a los más vulnerables (por edad, por situación familiar o por situación social).
5)  El presente proyecto se enmarca en la sanción reciente de diversas leyes, como son la Ley N° 26.206, de Educación Nacional, la Ley N° 26.586, que crea el Programa Nacional de Educación y Prevención sobre las Adicciones y el Consumo Indebido de Drogas, y la Ley N° 26.657, de Salud Mental.
6) Uno de los grandes cambios, que no es original desde luego, sería poder modificar el enfoque, el paradigma, y dejar de pensar al consumidor de estupefacientes como un delincuente para poder encarar el tema desde el lado de las políticas de salud, de educación, y las políticas sociales en general. (Hablamos de consumidor, ya que hay claras diferencias entre uso, abuso y dependencia, y es algo que no podemos desconocer).
7) Sin embargo, a la vez, no quisiéramos enviar un mensaje a la sociedad donde parezca que las drogas son inocuas y, mucho menos, estimular su consumo. Por esa razón, en vez de referirnos al tema como “despenalización del consumo personal de estupefacientes” preferimos hablar “descriminalización del consumidor de estupefacientes”. Nos enfocamos desde la persona y no desde la sustancia. No avalamos el consumo, sino que entendemos que la solución al problema de la adicción no viene desde el sistema penal sino desde el ámbito de la salud mental. El consumidor de estupefacientes no es un delincuente por el mero hecho de consumir.
8) Teniendo en cuenta todo lo dicho, creamos en este proyecto el Programa Nacional de Prevención y Asistencia Integral de las Adicciones, y el Programa Nacional de Inclusión Laboral para Jóvenes en Situación de Vulnerabilidad Social.
9) Modificamos expresamente el artículo 42 de la Ley N° 23.737, ya que estamos convencidos que es fundamental diseñar programas y estrategias cuyo objetivo sea la prevención de las adicciones, considerando los planes de estudio, la carrera de formación docente, espacios culturales, formativos, informativos, deportivos y recreativos, y toda otra iniciativa que permita y facilite el cumplimiento de este objetivo.
10) Queremos dejar sentado que la llamada “despenalización” (derogación de las penalidades estipuladas en la Ley N° 23.737) es el capítulo final del libro, y por eso lo realizamos en la parte final del articulado. Estamos convencidos que primero es necesario trabajar fuertemente en la educación, la prevención, la asistencia integral, y brindar igualdad de oportunidades, así como facilitar caminos de reinserción.
11)  Por último, le pedimos al “Comité Científico Asesor en Materia de Control del Tráfico Ilícito de Estupefacientes, Sustancias Psicotrópicas y Criminalidad Compleja” que eleve una iniciativa legislativa que contemple atenuar la escala penal para los pequeños actores en la cadena del tráfico que se encuentren en situación de vulnerabilidad, y otra que contemple la creación de tribunales propios para los casos de adicciones o, en su defecto, alternativas a los tribunales del fuero penal
12)  Este proyecto se basó en diversos proyectos ya presentados sobre la temática, desde distintos bloques políticos, más las aportes propios y creativos que colaboran a buscar una solución a este problema de la sociedad.

jueves, 23 de octubre de 2008

No estoy seguro (sobre la inseguridad)

Vuelve a aparecer, una vez más, el problema de la inseguridad, según se lo suele denominar mediáticamente. En realidad no es una reaparición ya que nunca se fue, pero sí podemos decir que en estas semanas parece irrumpir con más fuerza. Y en medio de esta discusión se reinstala la criminalización de la pobreza y el pedido de mano dura, que incluye bajar la edad de imputabilidad.
En medio de impactantes noticias sobre la inseguridad en la Provincia de Buenos Aires, el Gobernador impulsa bajar la edad de imputabilidad al mejor estilo Blumberg y reenviar la Gendarmería a la CAVA.. La semana pasada, en mi tristemente ahora célebre barrio de Versalles, un grupo de vecinos gritaba frente a la Comisaría 44 que había que asesinar a los menores que se habían cobrado la vida de un comerciante.
Nuestra sociedad fragmentada, con el tejido social destruido luego de la nefasta década neoliberal, no busca soluciones justas sino soluciones a cualquier precio. Uno puede entender, o al menos eso creo, el dolor de las familias destruidas por muertes que no debieran haber ocurrido, el sufrimiento de amigos, conocidos... También se comprende el miedo de quienes se visualizan como posibles futuras víctimas. Pero entender y comprender, no es justificar. Y lo digo en todos los sentidos, porque tampoco es cuestión de idealizar al que roba o asesina. Si bien uno desearía que el Estado llegue a tiempo, es mejor que llegue tarde a que se ausente.
En primer lugar, analicemos brevemente el tema de los menores. Bajar la edad de imputabilidad implica desconocer que estos delitos abarcan menos del 5% del total. Y si encima sabemos fehacientemente que la solución no funciona con el noventa y tanto por ciento restante, ¿por qué sí lo haría con los de menor edad?. Es más, bajar la edad llevaría a una estigmatización temprana, a una profecía autorrealizadora. Es matar la esperanza. Quizás sea el momento de buscar soluciones reales y, por ende, alternativas. Si seguimos haciendo lo que hicimos hasta ahora, obtendremos los mismos resultados. Es la oportunidad de pensar, y aplicar, una opción distinta. Y en este espíritu es que nos invito a profundizar en un Régimen Penal Juvenil enfocado desde la Justicia Restaurativa.
Pero también quisiera decir algo sobre la vinculación que se hace entre delincuencia y pobreza. Y en este punto recuerdo el lanzamiento de campaña de Macri, en el 2007, donde prometió crear “la agencia de prevención del delito, desde la cual se van a coordinar todos los programas de asistencia social, así como administrar los recursos del estado hacia la gente más vulnerable”.
En aquel momento dije hasta el cansancio, y hoy lo repito, que el objetivo de las políticas sociales no puede ser prevenir el delito. Hay que buscar una vida digna para todas las personas, y esto debe ser el centro. Y lo reitero porque me parece fundamental: uno pone el énfasis, cuando de políticas sociales se trata, en la promoción humana de las personas más vulnerables, porque son dignos, porque se merecen vivir mejor, y no para evitar que salgan a robar(nos) y matar(nos).
No podemos planificar las políticas sociales pensando en “los otros”, “para que vivan seguros”. La idea es generar las condiciones necesarias para que todos vivan dignamente, y no “ayudar a los pobres” en función de una clase acomodada. Porque cuando uno habla de políticas sociales dentro de una agencia de prevención del delito es como si esas personas sólo fuesen potenciales delincuentes y la política social se convierte en seguridad para el resto.
Igualmente aclaro, por las dudas, que no todos los delincuentes son pobres (menos, obviamente, los de guante blanco) ni todos los pobres son delincuentes (de hecho son minoría). Es que el problema de la inseguridad no es la pobreza (basta vivir en nuestro país profundo, en el norte devastado, alejado de las grandes ciudades) sino la desigualdad, que siempre es indignante. Y la desigualdad, producto de la injusta distribución de la riqueza, genera resentimiento y violencia.
Exijamos justicia para todos. Pero justicia es mucho más que aplicar el Código Penal. Justicia implica, en primer lugar, que se respete el derecho a la salud, a la vivienda, a la educación, en fin, a una vida digna, en igualdad real de oportunidades.

Prof. Javier Esteban Giangreco
Asesor en la H.C.D.N.

Les dejo unos enlaces, para seguir pensando…

El detalle y la forma – Damián Conforto
http://www.javiergiangreco.com.ar/PoliticaySociedad/detalleyforma.doc

Ese chico – Ignacio Copani
http://andresdb.cqchosting.com/Copani/discos/afectosespeciales/esechico.htm

Justicia Juvenil – Enfoque de Justicia Restaurativa
http://www.juvenilejusticepanel.org/es/juvenilejustice.html