lunes, 24 de julio de 2023

Por eso voto a Grabois...


“Por eso voto a Grabois”, vengo diciendo desde hace unas semanas, a diferentes interlocutores, en diversos foros, y por razones variadas.

Porque desde hace muchos años viene representando los intereses de los que peor están, los de abajo, los últimos de la fila, los más pobres, los excluidos, los sobrantes del sistema, los que el poder invisibiliza, los que no son escuchados o directamente son ignorados…

Porque es alguien que dice lo que piensa, sin caretearla, de frente…

Porque es coherente entre lo que piensa, dice y hace…

Porque es honesto, con principios, valores y convicciones…

Porque es un tipo valiente, con coraje para enfrentar a los más poderosos…

Porque promete que trabajar, descansar y ser feliz no es fantasía…

Porque promete que el salario sí nos va a alcanzar…

Porque es una persona que cumple su palabra, como demostró tantísimas veces…

Porque puede hacer realidad el sueño de tierra, techo, trabajo, pan, salud y educación para todas y todos…

Porque no se arrodilla ante el FMI y va por la nacionalización de nuestros recursos…

Porque propone volver a ser Patria y dejar de ser colonia…

Porque logró volver a enamorar a la militancia que, con audacia y creatividad (ya que “plata y miedo nunca tuvimos”), salió a hacer campaña…

Porque hace un planteo antropológico, ético y político donde el centro es el ser humano y no el dinero…

Porque recibió el apoyo de los movimientos sociales, sectores sindicales, organizaciones estudiantiles, barriales, comunitarias, ambientalistas, y numerosos referentes científicos, educativos, artísticos, sociales y políticos…

Porque estuvo en Jujuy bancando la protesta social para ponerle freno al autoritarismo de Gerardo Morales y su política de represión…

Porque, a pesar de sus diferencias doctrinarias, programáticas, de orientación general y de trayectoria con su rival en las PASO,  se mantuvo dentro de la coalición electoral Unión por la Patria, con unidad en el resto de la boleta, dejando en claro que el enemigo a vencer es la derecha deshumanizante de Bullrich, Larreta y Milei…

Porque tiene de compañera como precandidata a vicepresidenta a Paula Abal Medina…

Porque es fiel a la historia del movimiento nacional, popular y latinoamericano…

Porque quiere retomar el sendero de San Martín, Belgrano, Bolívar, Artigas, Rosas, Perón, Evita, Néstor y Cristina…

Porque enarbola las banderas de la independencia económica, la soberanía política, la justicia social y los derechos humanos…

Porque es hora de que los hijos de la generación diezmada, los hijos políticos del 2001, tomen el bastón del mariscal…

Porque no pertenece a la casta política, ni a las elites ilustradas, ni al poder económico, ni al círculo rojo, sino que es un líder social y comunitario, con gran formación intelectual, y un valioso recorrido en los movimientos populares, que hace política para transformar la realidad, buscando el bien común, la Felicidad del Pueblo…

Porque es quien mejor representa mi posicionamiento político: humanista, cristiano, revolucionario, peronista, nacional, popular y latinoamericanista…

Porque vive día a día las cuatro “c” que el Papa Francisco propuso en su carta a los Movimientos Sociales: cuidar, curar y compartir en comunidad, en la comunidad organizada…

Porque da pelea contra los enemigos del Pueblo que quieren sacarnos lo poco que nos queda…

Porque la resignación es la tumba de los ideales, y nosotros no nos resignamos a que haya un 60% de pobreza infantil…

Porque no nos conformamos con el menos malo, y decidimos aprender de los errores del pasado para no repetirlos…

Porque queremos que cada voto sea un grito de rebelión contra la resignación y la injusticia…

Porque una Argentina Humana es posible…

Porque el que dice que es imposible, no nos conoce…

Por eso votamos a Grabois.


#Grabois2023 #Juan23 #GraboisPresidente

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sábado, 24 de diciembre de 2022

Brindis al Cielo

Las ausencias que se recuerdan se hacen presentes. Y hay ocasiones, situaciones, que hacen que esas ausencias sean más intensas. Por ejemplo, “las fiestas”. El encontrarse en familia, los buenos deseos, los ritos, los preparativos, las decisiones compartidas... todo eso lleva a que se haga patente el llamado “síndrome de la silla vacía”. 

Siempre decía tal o cual cosa. ¿Qué hubiese comentado? A él, a ella, le gustaba equis comida. Si nos viese ahora… ¡y claro que nos ve! Nuestros seres queridos que ya no están físicamente presentes, nos siguen acompañando desde otro lugar, cada día y para siempre. Lo sé. Así lo vivo. 😊
Las navidades compartidas. Aquella donde pasó esto que nadie olvida. Una anécdota graciosa. Otra un poco triste. Una pizca de nostalgia. El recuerdo agridulce de la última con…, el dolor de la primera sin... ¿Cuántas más serán antes de reencontrarnos a matear en el Cielo? 🧉
Cuando los que amamos parten de este mundo, dejan de vivir con nosotros para vivir en nosotros. Pero eso no implica dejar de extrañarlos. Porque extrañar no es sentirse vacío sino estar lleno de alguien que se hace presente a pesar de la ausencia. 🥰

 

Por eso esta noche, al momento del brindis, es lindo y sano recordar, volver a pasar por el corazón ❤️, hacer memoria agradecida, pensar en ellos, los que ya no están, y también sentir su presencia, mirar el cielo, ubicar una estrella 🌟, levantar la copa adornada con alguna bebida espirituosa, dejar que nos brillen los ojos, sonreír, y brindar por la vida. ¡Chin chin! 🥂

 

lunes, 14 de noviembre de 2022

Mis escritos en Orsai

¿Cómo? ¿Acaso un texto puede quedar en posición adelantada? Bancá. No leas todo en modo mundial. Mirá la mayúscula. Es Orsai, no orsai. Igualmente sí: un texto puede quedar en posición adelantada, pero no vengo a hablarte de eso.


Me postulé al Concurso de Orsai, la editorial –y más- de Hernán Casciari (y otros). Presenté una crónica, una nouvelle y dos cuentos. Y hago este posteo no tanto para contarte sino para organizar la información y poder enviarla de manera simple a todo aquel que aparece con la famosa –y hermosa- pregunta: ¿cómo hago para votarte? 

Primero, una aclaración: me interesa mucho más que me leas, a que me votes. Por lo tanto, si no tenés ganas de registrarte, o te quedas sin fichas, me podés escribir a javiergiangreco@gmail.com pidiendo el texto que quieras leer completo. Mi respuesta será un pdf con el escrito en cuestión. 

Ahora bien, si te gusta lo que leés, o si no te gusta, pero me querés votar por amistad (o lástima), te dejo algunas instrucciones sencillas. 

Lo primero es registrarse (aquí). Luego, validar tus datos (chequeá bien esta parte: vas a "tu orsai", abajo a la derecha; editás perfil, ponés celular, foto/avatar, etc.). Recién ahí recibirás tus 5 fichas de bienvenida (actualización: desde el 15/11 sólo dan 1), que te serán de utilidad al momento de votar las obras. Si no te llegan, escribís un correo a comunidad@orsai.org explicando la situación (y/o intentas volver a validar aquí). Para saber más sobre el tema fichas, podés leer acá

¿Cómo se vota? Simple. Una vez que tengas las fichas, vas al escrito que quieras leer. La primera parte es libre y, después, para continuar, necesitas poner fichas. Son 2 para destrabar el texto completo. De ahí en más, las que quieras hasta totalizar 10. (Recordá que solo te regalan 5 de bienvenida). 

Por último, y no menos importante, te dejo los enlaces a mis 4 obras postuladas para que puedas leerlas y, si es tu deseo, votarlas. Desde ya, muchas gracias. 


Mi primer mundial sin Ella (Crónica)

https://orsai.org/comunidad/concursos/cronica/postulaciones/80

Vale la pena. Diario de alguien que ama (Nouvelle)

https://orsai.org/comunidad/concursos/nouvelle/postulaciones/20

El filósofo que quería ser existencialista (Cuento)

https://orsai.org/comunidad/concursos/cuento/postulaciones/1270

Catálogo de artistas (Cuento)

https://orsai.org/comunidad/concursos/cuento/postulaciones/1275

 

Posteo en @jgiangreco.escritor (instagram)


Toda la info sobre el concurso: https://orsai.org/comunidad/concursos

jueves, 25 de febrero de 2021

Mi oración cuaresmal

Mi oración cuaresmal consta de tres momentos fuertes durante el día: uno a la mañana, otro a la tarde y el último a la noche. Y sobre eso va esta compartida…

Lo primero que hago al levantarme es poner un listado de canciones en YouTube que armé yo. Se llama “oración”. Mientras escucho, rezo y canto, me preparo el mate. Es un lujo que me permiten las vacaciones de verano. Veremos cómo me acomodo en unos días…

Con el mate, me arrimo a la mesa donde tengo la notebook prendida -el mismo lugar donde están sonando las canciones- en el salón de casa. Los chicos duermen todavía. Y ahí mismo comienzo la Lectio Divina. Leo las lecturas del día y me quedo rumiándolas. Tengo una app en el celu (LiCo, de Liturgia Cotidiana), pero también hay páginas de internet a la vez que me llega por mail. Se puede elegir. Le dedico un tiempo interesante a gustar y sentir, saborear, la Palabra de Dios. ¡Y les juro que me cambia el día! Siempre hay, al menos, una frase que me queda picando… y se aparecen rostros, recuerdos, proyectos, ideas, sensaciones.

Con todo eso en el corazón me sale escribir algo casi siempre. A veces reflexiones, otras literatura o, de mínima, compartir en las redes alguito.

Por la tarde, participo de la celebración de la Santa Misa. La pandemia, la virtualidad, me regalan esta oportunidad cada día, y siempre elijo la que preside mi hermano.

Por último, a la noche, realizo la llamada “pausa ignaciana”. ¿Qué es? Un examen del día muy sencillo, breve, pero que también me viene cambiando la vida. Hay un esquema básico aunque yo suelo usar una app que se llama “Redescubrir el examen”. Ese pequeño examen al finalizar el día me cambia la perspectiva. Dicen que “si gastás tu noche llorando la puesta del sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”. En este examen jesuita tiene mucho lugar la gratitud. A veces vemos todo oscuro, mal, y saber qué cada día tenemos bendiciones para agradecer ensancha la mirada. Obvio que también hay un momento de pedir perdón pero, más que nada, proyectar el día siguiente. Ir paso a paso. Cambiando de a poco, mejorando.

Y vos, ¿cómo venís rezando?

Fotos en Instagram

Sufrir pasa...

viernes, 1 de enero de 2021

Diario de alguien que ama


"El que se compromete a amar se arriesga a sufrir pero sufrir por amor vale la pena".

Esa frase es la síntesis perfecta de mi novela, la declaración del tema.

¿Mi novela? Sí. Terminé de reescribirla. Luego de tantos años de ponerle palabras, en múltiples sentidos, me pasé toda la segunda mitad del 2020 revisando, corrigiendo, reelaborando, mejorando, editando. Y acá está, empezando el 2021 en su versión (casi) final. ¿Qué le falta? Les cuento…

Le falta volver a ser leída por algunas y algunos de ustedes. ¿Quiénes? Los que tengan tiempo y ganas, los que puedan y quieran. ¿Cómo? Me escriben por privado y les hago llegar la versión digital. Sin compromiso. Con total libertad.

Mi idea es darme dos semanas de respiro y llegar a su versión final definitiva en la segunda quincena de enero. ¡Todas las devoluciones serán bienvenidas!

Sinopsis:

Vale la pena (diario de alguien que ama) es una historia de amor - adolescente y noventosa- repleta de complicaciones, humor, giros y mucho más.

Jerónimo es un tímido pibe de diecisiete años al que le pasa algo que lo cambia todo: se enamora. El problema parece ser que la chica en cuestión es, a la vez, la imposible, la incorrecta y la indicada. Mariela lo seduce sin querer al buscar hacerle gancho con su gran amiga: Daniela. Para colmo su enamorada es la hermana menor de un compañero de colegio, y tiene un competidor desleal que corre con ventaja. ¡Bienvenidos al infierno!

El relato comienza con su caminar errante, desesperanzado, sin rumbo, fruto del desamor: Ella lo rechazó. Se encuentra con tres pibes –tres seres angelicales al rescate- en una plaza y comienza a matear con ellos. Les cuenta su historia de amor, es decir, sus últimos nueve meses. Los tres compañeros de camino le hacen todo tipo de preguntas y comentarios, y lo ayudan a ponerle palabras a lo que le pasa gracias a su escucha atenta. El narrar le permite a Jero comprender y tomar una decisión: jugarse por el amor. El relato en pasado da lugar a la vivencia en presente. Es febrero del 98 y una serie de sucesos van a dar lugar al desenlace.

Una historia de amor adolescente, nacida al calor de un grupo juvenil católico, que nos invita a seguir creyendo que, a pesar de todo, amar siempre vale la pena.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Vale la pena

No, no es una novela nueva; solo le cambié el título. Sí, otra vez. Pero no es solamente eso… Ingresé en otro proceso de reescritura. Les comparto.

Esta obra nació como novela hace, más menos, 15 años. Pero es hija y deudora de textos previos de géneros diversos (epistolar, diario personal y hasta musical).

A lo largo de estos años fue teniendo distintos títulos (este es el sexto), diferentes enfoques, objetivos, registros, estilos literarios, proyectos... que, a su manera, quedaron sedimentados en capas que eran todavía identificables.

En septiembre de 2018 me propuse retomar la escritura de esta obra luego de una pausa, un descanso, ¿un abandono?, de varios años. La muerte del amor de mi vida lo cambió todo y la escritura me ayudó a transitar, reorientar, el duelo.

Tiempo después me decidí y me puse plazos que fui cumpliendo.

El 14/8 di por finalizada la primera versión borrador.

El 15/8 la envié a 7 lectores cero para tener una primera devolución.

El 30/8 arribé a un texto superador, y durante la primera semana de septiembre lo estuve compartiendo con otra gente cercana.

El 8/9, finalmente, se lo envié a una profesional para que realice un informe de lectura que me llegó este 23/9.

El 24/9 me decidí a tomar el texto como un borrador y comenzar a trabajar nuevamente en la novela, pero desde otro lugar.

Este recorrido, este camino, fue muy enriquecedor y me fue transformando en múltiples sentidos. Me refiero a los tantos años de escritura, especialmente los últimos dos, pero también a ir recibiendo una retroalimentación con las y los lectores. Al principio me enojaban algunos comentarios –al fin y al cabo estaban opinando sobre mi vida- pero fui aprendiendo –más rápido de lo que hubiera pensado- a ser receptivo y proponerme como objetivo mejorar la novela.

Es una hermosa experiencia saberte leído por otras y otros que se emocionan con tus palabras, que ríen y lloran, que se sienten identificados, interpelados, que empatizan con los personajes, que se enojan, disfrutan… y que, a pedido mío, tienen la libertad de hacerte devoluciones, planteos, preguntas, sugerencias. Me ayudó –y mucho-a mejorar el texto.

Pero las 14 o 15 personas que leyeron la novela son cercanas, conocen la historia y saben que es una obra autobiográfica. En cambio, el informe de una desconocida generó un antes y un después. En gran medida por sus aportes desde lo profesional, pero también por su lectura desde otra distancia.

Y acá estamos hoy, intentando hacer literatura. El informe me ayudó a objetivar muchas cosas que yo mismo me planteaba, pero en las que me costaba tomar una –dolorosa- decisión. Se explicitaron también algunas consideraciones ya realizadas por lectores cero. Y algunos análisis puntuales me terminaron por definir para hacer un cambio más de fondo.

La historia sigue siendo la misma; es el corazón de la novela. Pero ahora me senté a repensar la estructura narrativa y todo lo que eso implica. Escribir de cero el comienzo. Reescribir el final. Quizás reorganizar alguna fecha. Y “podar la hojarasca”, en palabras de un amigo (eliminar ensayos, poemas, canciones, descripciones que dispersan, etc.). Solo eso llevó a que las más de 45 mil palabras se conviertan, de un plumazo, en 27 mil. Y las 242 páginas bajaron a 149.

Pero no alcanza. También me propuse trabajar más en los personajes. Depurar los que son innecesarios en la historia, aunque hayan sido importantes para el autor (para mí, ja). Profundizar en las fichas, principalmente con su personalidad, su carácter, trabajando algunas incoherencias (¿reales o producto de la deformación de la memoria?). Cambiar casi todos los nombres para alejarlos más de la “history” y llevarlos con libertad a la “story”. No hacer un relato científico, exacto, sino escribir una narrativa mítica.

Es un lindo desafío que saboreo poder encarar. Y seguramente tiene que ver con un proceso personal (bio-psico-socio-espiritual) por el que ando rumbeando.

¿Vale la pena? Sí. Vale la pena.

P.D.: Al que quiera leer la última versión del “Diario de Alguien que Espera”, con toda su fidelidad a lo autobiográfico, me lo puede pedir (comentando acá o por privado). Lo tengo en pdf para leer en digital...

domingo, 21 de junio de 2020

Día del Padre

- Sí, pá -le dije.
Es que me ganó por cansancio. Hace tiempo que me lo viene pidiendo y mi respuesta era siempre la misma: no. Ese “no” que decimos los hijos para construir nuestra identidad diferenciándonos de nuestros viejos. Ese “no” automático que, con el tiempo, va mutando en “no sé”, “tal vez”, “sí”... o también muchas veces sigue quedando en el “no”, pero tamizado por la experiencia y el mismo paso del tiempo.
Lo cierto es que ahora tampoco tenía ganas y, posiblemente, esté mucho más complicado que años anteriores. Pero, evidentemente, algo había cambiado... Ese simple “sí, pá” lo tranquilizó. O al menos eso intuí. Días después me volvió a pedir lo mismo. “Ya te dije que sí”, respondí sin ofuscarme. Y se sorprendió... Nos miramos a los ojos y una sonrisa cómplice se dibujó en nuestros rostros.
Llegué a casa con ganas de cumplir mi promesa. Prendí la notebook, puse YouTube y busqué el tema “Mi viejo” de Piero. “Es un buen tipo mi viejo...”. Y me quedé escuchando. Mientras, me puse a buscar los escritos que año a año Don Jorge regala a sus clientes en La Veronese para el Día del Padre. Encontré una veintena, pero son muchos más. El más antiguo que pude leer es del 2000, aunque sé que hay de años anteriores sin digitalizar.
Hay textos donde escribe como padre y otros como hijo. En algunos da consejos, en otros relata experiencias o comparte frases. De todo un poco. Y me puse a (re)leerlos. En diferentes momentos, distintos pasajes, les juro, lloré. Recuerdo que cada año los leí religiosamente. Pero al releer el texto ya no es el mismo... principalmente porque nosotros no somos los mismos. Sigo pensando diferente en muchas cosas que ya le critiqué oportunamente, como no podía ser de otro modo. Pero empaticé diferente.
Yo lo miro desde lejos, pero somos tan distintos”. Ocurre que nosotros vemos el paisaje desde el atardecer y los hijos ven el mismo paisaje pero en el amanecer. Esa metáfora, de hecho, la dijo mi viejo en mi curso, hacia finales de mi secundaria, una vez que vinieron algunos padres a hablarnos sobre el viaje de egresados. Me quedó grabada... y la volví a encontrar en sus escritos.
Viejo, mi querido viejo. Ahora ya caminas lento, como perdonando el viento”. Y recordé la anécdota que mi viejo me contó tantas veces (y hago el gesto para que suenen los violines). Cuenta el relato que Piero, ni bien terminó de componer la canción, fue corriendo a ver a su padre. Llegó con la guitarra al hombro, le pidió que se siente y escuche. Y la cantó. Al terminar la canción, padre e hijo, con lágrimas en los ojos, estuvieron unos minutos en silencio hasta que su viejo se levantó de su asiento y con todo el cariño del mundo le soltó aquello de: "Ma, quién camina lerdo, la p... que te parió" (yo hubiera escrito el insulto completo pero sé que a mi viejo no le habría gustado; y dejé “lerdo” del original porque también me imagino su corrección en caso contrario). Y ahora también mi viejo camina lento, pensaba mientras seguía escuchando la canción, pero jamás se lo diré (otra vez).
Yo soy tu sangre, mi viejo. Soy tu silencio y tu tiempo”. Qué fuerte esta frase. El tema de la sangre, la familia. Me remite a lo italiano que corre por mis venas (obviamente que con ese lindo mestizaje con lo español y lo criollo). Pero está la tanada que te sube, el gritar, discutir, gesticular de manera ostentosa, disfrutar un buen plato de pastas, ser muy pasional, la presión alta... todo eso. Y más también. Dicen algunos que somos inmortales, entre otras razones, porque seguimos viviendo en las personas que amamos, nos amaron, y en ese grupo selecto están nuestros hijos, nuestra descendencia.
Él tiene los ojos buenos. Y una figura pesada. La edad se le vino encima... Yo tengo los años nuevos. Mi padre los años viejos. El dolor lo lleva dentro. Y tiene historia sin tiempo”. La edad se le vino encima. Es el inexorable paso del tiempo. Dolor. Historia. Y desde ese lugar también me enseña. Porque aprendemos de nuestros padres por sus aciertos pero también de sus errores. Lo mismo pasa y pasará con nuestros hijos... Y hay cosas que se enseñan sin palabras... es más, a pesar de los gestos. Explicamos lo que sabemos, pero enseñamos lo que somos.
Hace 15 años que soy padre y 40 que soy hijo (¿o 41?... prefiero no hacer cuentas). Y la vida es ese camino donde vamos siguiendo huellas y, a la vez, dejando huellas. Ojalá sea siempre rumbeando para la felicidad que es lo que más quiere uno para sí mismo pero, sin dudas, principalmente para sus hijas e hijos. Y siempre estamos a tiempo. A pesar de los muchos aliados necesarios y deseados en este peregrinar. Con mucho amor, humor, alegría y sin miedo. Vivimos a una decisión de poder cambiarlo todo. Intentemos elegir bien. Personalmente, desde que fui padre me hice mucho mejor hijo. Porque descubrí que ser padre no es dar la vida en un minuto, sino en cada minuto de toda una vida. Ser padre es algo común que nos hace la vida especial.
¿Qué me había pedido mi viejo? ¿No lo dije? Bueno, que escriba algo para compartir en el Día del Padre...

Javier E. Giangreco

¿Querés leer todos los textos anteriores que yo leí, releí, y que tanto me emocionaron, a pesar de mis constantes críticas y diferencias? Pasá por...


* Las frases en cursiva sin comillas son citas de mi viejo pero que me fui apropiando con el tiempo.