jueves, 25 de febrero de 2021

Mi oración cuaresmal

Mi oración cuaresmal consta de tres momentos fuertes durante el día: uno a la mañana, otro a la tarde y el último a la noche. Y sobre eso va esta compartida…

Lo primero que hago al levantarme es poner un listado de canciones en YouTube que armé yo. Se llama “oración”. Mientras escucho, rezo y canto, me preparo el mate. Es un lujo que me permiten las vacaciones de verano. Veremos cómo me acomodo en unos días…

Con el mate, me arrimo a la mesa donde tengo la notebook prendida -el mismo lugar donde están sonando las canciones- en el salón de casa. Los chicos duermen todavía. Y ahí mismo comienzo la Lectio Divina. Leo las lecturas del día y me quedo rumiándolas. Tengo una app en el celu (LiCo, de Liturgia Cotidiana), pero también hay páginas de internet a la vez que me llega por mail. Se puede elegir. Le dedico un tiempo interesante a gustar y sentir, saborear, la Palabra de Dios. ¡Y les juro que me cambia el día! Siempre hay, al menos, una frase que me queda picando… y se aparecen rostros, recuerdos, proyectos, ideas, sensaciones.

Con todo eso en el corazón me sale escribir algo casi siempre. A veces reflexiones, otras literatura o, de mínima, compartir en las redes alguito.

Por la tarde, participo de la celebración de la Santa Misa. La pandemia, la virtualidad, me regalan esta oportunidad cada día, y siempre elijo la que preside mi hermano.

Por último, a la noche, realizo la llamada “pausa ignaciana”. ¿Qué es? Un examen del día muy sencillo, breve, pero que también me viene cambiando la vida. Hay un esquema básico aunque yo suelo usar una app que se llama “Redescubrir el examen”. Ese pequeño examen al finalizar el día me cambia la perspectiva. Dicen que “si gastás tu noche llorando la puesta del sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”. En este examen jesuita tiene mucho lugar la gratitud. A veces vemos todo oscuro, mal, y saber qué cada día tenemos bendiciones para agradecer ensancha la mirada. Obvio que también hay un momento de pedir perdón pero, más que nada, proyectar el día siguiente. Ir paso a paso. Cambiando de a poco, mejorando.

Y vos, ¿cómo venís rezando?

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Sufrir pasa...

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